lunes, 8 de octubre de 2018

Periodismo viajero. CORFÚ (GRECIA), EL TESORO DE ULISES

Corfú. Viejo fuerte

La noche cae sobre la tierra y la envuelve en un espeso manto de terciopelo salpicado de estrellas. Avanzamos por la oscuridad trepando por pequeñas montañas cuyas cimas se pierden en un cielo vestido de negro. El único sonido que se impone al silencio es el canto en sordina que se oye en la cabina. “Disculpáme, amor, si me he equivocado”, dice la letra de la canción: es un motivo recurrente insistente en la cultura griega, casi un lamento por las emociones olvidadas con el tiempo y que de nuevo se presentan de improviso a la memoria con acentos penetrantes.

Un viaje representa casi siempre este juego rítmico entre la felicidad y el deseo: el anhelo de vivir cien vidas diversas en cien lugares distintos. Y ha sido este deseo el que me ha llevado a Corfú, la tierra a la que tanto había oído hablar a Iannis, ex-director de la oficina de turismo de Grecia en España, nacido en un pequeño pueblo de Grecia, a la que él define como un “continente”, por su unicidad y su originalidad. Quizá tenga razón.

Lago Korission

Hay lugares que tienen el poder de enamorar a todos los viajeros. La isla griega de Corfú es uno de ellos. Alguien, por ejemplo, que quedó absolutamente fascinado por esta tranquila isla fue el escritor británico Lawrence Durrell. Su ingreso en la diplomacia británica le permitió viajar por toda Europa. Grecia, y en particular Corfú, le supuso una auténtica revelación. Tanto, que decidió quedarse a vivir allí. En “La Isla de Próspero” cuenta el relato en primera persona de los días que pasó en la isla, de sus primeras impresiones. He aquí un “aperitivo”, donde el escritor refleja su llegada a Corfú procedente de Italia:

“En algún lugar entre Calabria y Corfú el azul empieza de verdad. A lo largo del trayecto por Italia avanzas por un paisaje muy domesticado; todos los valles están trazados según la pauta del arquitecto, magníficamente iluminados, a escala humana. Pero cuando dejas las tierras llanas y desoladas de Calabria y te adentras en el mar, adviertes un cambio en el corazón de las cosas, adviertes que el horizonte empieza a desteñir en el borde del mundo, adviertes que las islas surgen de la oscuridad para recibirte.

(…) Entras en Grecia como se entraría en un cristal oscuro, la forma de las cosas se hace irregular, se refracta. Otros países tal vez te permiten descubrir sus costumbres, sus tradiciones, su paisaje; Grecia te ofrece algo más duro: el descubrimiento de ti mismo”.

Corfú, aguas puras y cristalinas… No es extraño que hoy sea refugio de turistas

No fue Lawrence el único en describir con su pluma poética los encantos de esta isla luminosa y la magia del Mediterráneo. Su hermano Gerald hizo lo propio en su novela “Mi familia y otros animales”; y el norteamericano Henry Miller nos dejó una de sus obras más logradas con el canto a Corfú, “El coloso de Maroussi”. Algo debe tener, pues, esta isla que tanto ha seducido a ilustres personajes del mundo de la literatura.

Hacia Playa Rovinia

 

NACIDA DEL SOL

Siempre he pensado que las islas han fascinado a los hombres. Y siempre me he preguntado la verdadera razón.  Uno viaja y desembarca en el puerto de una isla para conocerla, pero también y sobre todo para reconocerse, para ser uno mismo, para encontrar de nuevo la parte perdida, la inocencia y la libertad. He aquí porque las islas no son solamente lugares de veraneo, microcosmos folclóricos y divertidos, sino territorios en los que es posible, más que en otras partes, reconquistar una vida que en la que el tiempo se mide en lo cotidiano y en lo eterno.

Quienes hemos frecuentado las islas del Mediterráneo sabemos que las islas griegas son las más sobrias, las más apasionantes también, porque conservan un rostro que sólo a ellas pertenece y no tratan en absoluto de imitar a las tierras que las rodean, más bien al contrario. Nacidas del fuego, estas islas han tenido el privilegio de dar nacimiento a Apolo, el dios del Sol. Y éste les ha ofrecido esta luz única que solamente poseen los lugares inspirados.

Y esa luz única, mágica y brillante, es lo primero que llama la atención cuando se arrima a las costas de la hermosa Corfú.

 

LA MORADA DE ULISES

De las siete islas Jónicas –Paxos, Antipaxos, Leúcade, Ítaca, Cefalonia, Zante y Corfú- es ésta última la mayor y la más afortunada por el clima temperado, la vegetación privilegiada y la variedad de playas. Son islas dulces y tibias.

Vinculada a Italia y a Grecia continental por el incesante vaivén de navíos transbordadores, tomada por millares y millares de turistas, Corfú podría ser simplemente un barco de crucero sobrecargado, inmovilizado a lo largo del desconocido Epiro. Pese a esta invasión, la gran isla acogedora tiene su encanto. El muelle, el convento blanco y los islotes de Kanoni componen el más adorable decorado y la terraza de la increíble villa Belle Epoque, donde vivió Isabel de Austria, la Sissi del cine, preside un panorama admirable.

Kanoni

Palacio de Isabel de Austria, la Sissi del cine

La isla apenas ha retenido vestigios de la antigüedad. No hay templos, ni palacios, ni foros, ni anfiteatros… Sin embargo, posee el acicate de su afortunada ubicación geográfica porque, situada entre el mar Jónico y el Adriático, su condición de puente entre dos mares la convirtió en un apetitoso bocado para todo aquel que considerara el mar Mediterráneo oriental su zona de influencia. Y esta realidad determinó para siempre su más íntima naturaleza.

Fortaleza Antigua. Situada en un peñasco a la entrada de Corfú-ciudad, fue cosntruída por los venecianos en 1550 y ampliada en el el siglo XIX por los ingleses.

La historia de la isla es especialmente cosmopolita, carácter que se conserva con cierta decadente altivez. Colonia griega, y luego romana, las Jónicas, y en concreto Corfú, fueron napolitanas desde mediados del siglo XIII, pasando a la República Serenísima en 1386. Después de la caída de Venecia, en 1797, las islas quedan bajo dominio de Francia, pero enseguida se apoderan de ellas los turcos, en 1799. En 1802, por la Paz de Amiens, pasan a ser protectorado ruso, mas en 1807 vuelven a ser francesas. En 1815, con las derrotas napoleónicas, Corfú está bajo protectorado inglés, en una época de esplendor de la isla. Gran Bretaña permitió la anexión a la corona helénica de Jorge I en 1864. Volvían a los brazos de Grecia.

Lo cierto es que Corfú se ha convertido con el tiempo en un destino apetecible por los turistas de media Europa. La llegada masiva del turismo se inició en los años 70 y se ha mantenido en ascenso hasta la actualidad. Argumentos, desde luego, no le faltan.

Desde luego turistas no faltan en la isla. Sus playas son insuperables.

Posiblemente lo que la hace tan atractiva a los ojos del viajero es que los hace sentir como en casa. Cierto es que la propia capital de la isla, Corfú, muestra una fea apariencia por el lado del puerto: esta fachada quedó arruinada por los bombardeos italianos de 1951 y fue mal reconstruida. Sin embargo, el resto de la ciudad da pruebas de una dignidad desacostumbrada y enternecedora. De lo que no cabe la menor duda es que la ciudad es una fascinante mezcla de estilos, épocas y culturas: las callejas del Campiello recuerdan las de Génova; las casas con soportales poseen la inconfundible estética de lo francés; las casas estrechas con loggias, son testimonio del largo dominio veneciano; y en la Spianada cuando se juega al crícket, el tiempo parece detenerse en los días de la reina Victoria. Lo dicho, aquí todos se encuentran como en su casa.

Un pedazo de París. El parque de la Spianáda está flanqueda por el Listón, un conjunto de casas con soportales inspiradas en la rue Rivoli de Paris

 

DEL NORTE A SUR

Pero olvidémonos de la capital e iniciemos una ruta que nos permita descubrir la belleza de la isla, sus mayores encantos.

Alargada y estrecha, verde y montañosa, Corfú es una isla muy fácil de recorrer, y de pasar de una costa a la otra en poco tiempo.

En la costa norte se concentran hoy los principales complejos hoteleros a lo largo de amplios arenales, más visitados que los del sur.

Costa Norte. El Canal del Amor. La acción del mar sobre la arena arenisca ha creado caprichosas formaciones en la costa de Sidari

Saliendo de la capital hacia el norte, una carretera nos llevará a Kassiopi. Es ésta una antigua ciudad romana que basó su popularidad en la existencia del templo de Zeus Casio, luego fortaleza bizantina tomada por los normandos, más tarde veneciana y turca. Hoy es un coqueto pueblo de pescadores, muy interesante turísticamente hablando. En la misma playa se encuentra la villa sumergida del emperador Tiberio, cuyos restos aún pueden distinguirse bajo la superficie del agua. Muy cerca está el monte Pantokrator (906 metros de altitud), el mejor mirador panorámico de la exuberancia natural insular y de un hechizante más Jónico.

De Kassiopi a Paleokastritsa, otra localidad costera muy importante, el paisaje hipnotiza de inmediato. La carretera serpentea a través de viejos olivares –centenarios y enormes-, y la grandeza de esta tierra tan agreste, desnuda y simple, se manifiesta en que cada cosa posee tal encantadora individualidad que jamás se hace monótona. Los molinos de viento, las solitarias ermitas, las casas cúbicas vestidas de blanco e incluso los rebaños de ovejas, los viñedos y las mismas y eternas rocas parecen siempre distintas unas de las otras. La montaña que domina Paleokastritsa alberga en la cima el monasterio homónimo, del siglo XIII, con una rica colección de iconos. Muy cerca, en lo alto de una colina, se levanta el imponente castillo bizantino de Angelokastro. La panorámica del mundo que te rodea corta la respiración.

Paleocastritsa, Localidad muy popular al oeste de la isla

De vuelta, el camino de retorno hacia la capital también depara algunas gratas sorpresas. Ahí están las localidades balnearias de Messongi, Miramare , Benitses, y Gastoruri todos ellas con amplios complejos hoteleros. Precisamente en ésta última está el palacio Achilleion, convertido hoy en casino. El palacio fue construido en 1890 por la emperatriz Isabel de Austria con la idea de huir de la presión de la corte vienesa. Isabel, más conocida por el nombre de Sissí, fue la primera viajera moderna que apreció esos paisajes verdes y rosáceos que emergen de un Mediterráneo que parece haber sido domado por la razón occidental. Para ella Corfú representaba el maridaje perfecto entre la mitología clásica y la cultura cosmopolita. Bajo su luz tierna, y también tan muda a la hora del crepúsculo, le gustaba pasear y discutir horas y horas con su profesor griego de arte y filosofía. Sissi murió asesinada en 1898 a manos de una anarquista italiano, a las puerta del hotel Beau Rivage de Ginebra.

Jardines del Palacio Achilleion. Por aquí paseaba Isabel de Austria, la emperatriz Sissi

Llega el momento de la despedida. Desde el puerto de Lefkímmi, al sur de la isla, nos disponemos a tomar el ferry que ha de llevarnos a El Pireo, en Atenas. Ha llegado, pues, el momento del adiós. Mientras nos alejamos tengo la sensación de que hemos conocido un lugar privilegiado, de haber vivido un sueño. Un sueño que se ha hecho realidad gracias a mi amigo Iannis, que tanto insistió en que descubriera Corfú.

A ti, Iannis, mil gracias…

Texto: Oriol Pugés; Fotos: Mikel Sallés


Recuadro 1

EL SELLO DE BIZANCIO

En la historia de Corfú, una historia llena de guerras, invasiones y conquistas. Bizancio ejerció una considerable influencia. Como muestra de ello es la gran cantidad de iglesias que se encuentran diseminadas por toda la geografía corfiota, más de 500. No todas, desde luego, deben visitarse pero sí hay algunos ejemplos que bien merecen nuestra atención:

Iglesia dedicada a los santos Jasón y Sosipater. Se enuentra en la misma capital. Jasón y Sosipater fueron discípulos de san Pablo. A ellos se les debe la penetración del cristianismo en la isla en el año 70 d.C.

En Pontikonisi, una pequeña isla situada frente a la localidad de Kanoni, hay una pequeña iglesia del siglo XII dedicada al Pantocrátor.

Y en la costa este, en la pequeña aldea de Vanos, está la iglesia de San Nicolás, cuyo interior alberga bellos frescos del siglo XIII.

 

CÓMO LLEGAR. Primero hay que llegar a Atenas. Una vez en Atenas se puede realizar la conexión a Corfú, en avión o en ferry.

QUÉ SE DEBE SABER

Clima. Corfú disfruta de uno de los mejores climas del país. Las temperaturas de la isla siempre son levemente inferiores a las del resto de Grecia, lo que hace que los tórridos veranos sean más llevaderos y agradables, moderados por los vientos constantes que soplan todo el año. La primavera y el otoño son las estaciones más apreciadas.

Formalidades de entrada. Sólo es preciso tener el DNI o el pasaporte en vigor.

Idioma. La lengua oficial es el griego aunque el inglés, y en menor medida el italiano, francés y alemán, se encuentran ampliamente arraigados en las zonas turísticas.

QUÉ SE DEBE VER

CORFÚ

Spianada. Cuenta con un terreno despejado para jugar al cricket y el lado oeste está flanqueado por un conjunto de casas con soportales llamado el “Liston”, inspiradas en la calle Rívoli de París.

Paleó Froúrio (Antigua ciudadela). La ciudadela marca el emplazamiento primitivo de Corfú. En la época medieval ya existían fortificaciones sobre estos montes, que protegían la ciudad alrededor de la catedral de San Pedro y San Pablo. En su interior destaca la iglesia de San Jorge y los cuarteles venecianos.

Otros lugares de interés: el antiguo Palacio Real (con el Museo de Arte Asiático), el Museo Bizantino en la ciudad vieja (con una colección de iconos bizantinos de los siglos XVI al XIX), la iglesia de San Antonio, la iglesia de San Spiridón (patrón de Corfú), la plaza del Ayuntamiento con su catedral católica y el Museo Arqueológico.

VISITAS A LOS ALREDEDORES

Achilleion. Mansión levantada en 1890 por Sissí de Austria. Fue residencia veraniega del emperador Guillermo II de Alemania, transformado más tarde en hospital, hoy es un casino.

Pélekas. Mirador con excelentes panorámicas del centro de la isla y la playa de Glifada.

Benítses. Es el típico pueblo de pescadores, contiene ruinas romanas y un acueducto levantado por los ingleses.

Bahía de Paleokastritsa. Tiene varias calas rocosas, un puerto y una playa de arena fina. Se puede visitar el monasterio fundado el s. XIII con iconos de gran valor, el pueblo de Lákones, las ruinas del castillo de Angelókastro y la capilla de San Miguel.

Sídari. Pequeña localidad que, hacia el cabo Drastis, domina una atractiva costa rocosa con pequeñas playas, islotes y grutas marinas. Cerca está la playa de la bahía de Aghios Georgios.

Kassiópi. Puerto de pescadores al que se accede por una espectacular carretera de montaña que también llega a Kouloúra, donde vivió el escritor inglés Lawrence Durrell.

LAS MEJORES PLAYAS. Las playas más importantes son: Aghios Georgios, Mirtiótissa, Glifada, Aghios Górdis, Kávos, Aghios Spiridónas y Róda.

DÓNDE DORMIR. En Corfú no existen problemas de alojamiento. Numerosos hoteles están diseminados por todos los rincones de la isla.

DÓNDE Y QUÉ COMER . La cocina porfiota tiene en el aceite de oliva uno de sus grandes pilares, pero sus platos también se han nutrido de la influencia de sus invasores.

Las especialidades de la isla son la langosta y los pescados, el sofritó (buey o ternera cocinados con una salsa de ajo, vinagre y pimienta negra), el graviéra (especie de queso Gruyére), la miel, la dzinzerbíar o cerveza al jengibre, el kumquat o cítrico pequeño con aguardiente, y el vino blanco “Paloumbi”.

Sugerimos:

Aegli (odós Kapodistriou). En una posición privilegiada, bajo las arcadas de la Esplanada (en Corfú), ofrece excelentes especialidades, como el pulpo youvetsi y el cordero kleftiko.

Taverna Tripa. En Kinopiastes, a 8 kms. al sur de Corfú, esta pequeña taberna de sólo 30 cubiertos es un lugar de culto. En el menú encontrará la especialidad local, elaborada a base de pasta y carne, la pastitsada.

Spyros & Vassilis. En Ayios Ioannis. Está a 10 kilómetros de la capital. Ofrece platos típicos de la cocina francesa en una bella terraza

Gorgona. En Gouvia. Popular taberna donde sirven buen pescado.

 

 



via Oriol Pugés https://ift.tt/2PlTFxt

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