lunes, 14 de febrero de 2022

Viajes. La Antártida en primera persona

¿Quiénes somos?

Roberto García-Roa es doctor en biología, investigador y fotógrafo de naturaleza. Yo, Héctor Rodríguez, soy licenciado en Ciencias Ambientales y en la actualidad editor en National Geographic España. Somos personas de ciencia, pero en este viaje somos tan solo dos polizones que, dada la ocasión, se encomiendan a la Virgen del Pilar, el Dios Neptuno o Poseidón. También a las Oceánidas, las Nereidas y a quien haga falta, pues, bien se sabe que, cuando el que nace de secano se adentra en el mar, se vuelve un poco más creyente. Con esta deuda saldada nos dedicaremos a lo terrenal, que es lo nuestro, es decir, a contaros a través de la palabra y la fotografía los pormenores de nuestro viaje.

¿Dónde vamos?

Desde Punta Arenas, en Chile, partiremos rumbo al continente más remoto, desconocido y hostil de nuestro planeta: la Antártida. No tenemos ruta fija. Está supeditada a las condiciones meteorológicas del momento, pero sabemos que iremos informando desde algún lugar del mar de Weddell, situado por debajo de los 73º de latitud sur, al este de la península Antártica.

¿Por qué la Antártida?

La Antártida contiene más del 90% del volumen total de hielo y el 70% del agua dulce del planeta. No es de extrañar que su conservación sea clave para el próspero funcionamiento de los ecosistemas a lo largo y ancho del globo terráqueo. Desafortunadamente, el cambio climático y la explotación insostenible de sus aguas están poniendo en jaque a este gran continente.

A finales de marzo de 2022, representantes de algunas de las naciones más influyentes del mundo se reunirán en Nueva York para llevar a cabo la cuarta negociación de un acuerdo que, mediado por las Naciones Unidas, ponga en el punto de mira la explotación sostenible de la biodiversidad marina en el ámbito internacional. El objetivo de esta expedición es el de seguir desvelando secretos sobre la asombrosa diversidad que esconden las profundidades antárticas, su extrema fragilidad ante cambios de naturaleza humana, la necesidad de crear la mayor Área Marina Protegida del mundo y, como fin último, un Tratado Global de los Océanos que proteja hasta un 30% de los ecosistemas marinos de nuestro planeta.

¿Cuándo partimos?

Levamos anclas y nos ponemos a merced de las corrientes, el viento y el buen hacer de la tripulación el próximo 19 de febrero Nuestras andanzas (o mejor dicho, nuestras navegantes) durarán hasta la primera semana de marzo aproximadamente. ¡Que Afrodita, nacida de la espuma de las olas, vele por nosotros!

¿Cómo viajamos?

Un barco con bandera holandesa, concretamente un buque rompehielos de casi 50 metros de eslora, será nuestro hogar durante las próximas semanas. Se trata de una de las tres grandes naves en activo que operan para la organización Greenpeace y que, irónicamente, antes de pertenecer a esta estuvo dedicada a la caza de focas. Los que han navegado en él lo apodan “la lavadora”, razón por la que en nuestro equipaje no puede faltar una caja de pastillas para el mareo (y quizá una botella de ron).

¿Qué haremos?

Documentaremos la labor de investigación desarrollada en un rompehielos que navega a través de uno de los rincones más recónditos de la tierra. Seremos testigos de su día a día, y durante unas semanas formaremos parte de la tripulación y sus vidas para contaros en primera persona cómo es este mundo tan desconocido. En definitiva, queremos llevaros con nosotros y tratar de acercaros a la Antártida y los mares que la rodean.

Ver todos los reportajes del Microsite Multimedia "La Antártida, un continente en peligro".

Si no eres suscriptor puedes ver nuestras ofertas en este enlace y formar parte de manera activa de National Geographic.



via https://ift.tt/mb0PFjo https://ift.tt/2K951o7

Pachinko. Museos de Gijón, ruta cultural por 10 fantásticas salas de exposiciones en la ciudad de Jovellanos

El hecho de que todas las salas de exposiciones que pertenecen a la Red Municipal de Museos de Gijón/Xixón sean gratuitas para todo el mundo es toda una declaración de intenciones.

Gijón siempre ha hecho de la cultura su bandera y es una ciudad con un gran ambiente cultural, ya sea a través de su célebre Festival Internacional de Cine, la Semana Negra, el programa del Teatro Jovellanos, FETEN o el Gijón Sound Festival, por citar sólo unos ejemplos.

Por motivos como éste, la ciudad asturiana es nuestra favorita del norte de España. Hemos estado allí muchas veces y siempre regresamos encantados. Por si estás planeando una escapada, hoy te recomendamos una ruta por los 10 museos de Gijón imprescindibles.

Ruta por los mejores museos de Gijón

Ruta por los mejores museos de Gijon

En Gijón tienes salas de exposiciones y espacios culturales para todos los gustos y colores. Restos arqueológicos donde descubrir el origen de la ciudad, museos ideales para conocer su historia industrial y sus repercusiones sociales, colecciones etnográficas y, por supuesto, pinacotecas y galerías donde disfrutar del arte asturiano.

Vamos a descubrirte nuestro museos favoritos de Xixón:

Muséu del Pueblu d’Asturies

Qué visitar en Gijón, Muséu del Pueblu d’Asturies

Justo enfrente del Estadio de El Molinón se encuentra el Muséu del Pueblu d’Asturies. Se trata de un maravilloso museo etnográfico al aire libre que entre otras cosas exhibe preciosos horreos y paneras, casonas hidalgas, refugios de pastores o una colección de fotografías realmente fascinante.

Otro de sus platos fuertes es el Muséu de la Gaita donde podrás contemplar una de las mayores colecciones de gaitas de Europa con piezas venidas de muchos rincones del mundo.

Fundación Museo Evaristo Valle

Fundación Museo Evaristo Valle de Gijon

Tras visitar el Muséu del Pueblu d’Asturies, es recomendable andar unos 20 minutos hacia el barrio de Somió donde está el magnífico Museo Evaristo Valle. Esta sala de exposiciones está dedicada a la obra del célebre pintor gijonés nacido a finales del siglo XIX.

El museo está formado por dos bellísimos edificios, uno de ellos construido para museo en 1971 y el otro ubicado en un antiguo palacete de finales de siglo XIX. Ambos pertenecieron a María Rodríguez del Valle, sobrina del pintor, que además cedió las obras de Evaristo Valle a los fondos del museo.

La primera parte de museo suele albergar una exposición temporal, mientras que la permanente exhibe más de 200 pinturas y obras de este artista gijonés que tan bien supo retratar el paisanaje de la ciudad. También se pueden observar obras de su periodo de París y algunos recuerdos de su infancia en Puerto Rico.

Palacete del Museo Evaristo Valle de Gijon

Además de la estupenda colección que alberga y de las numerosas actividades culturales sobre arte y poesía que se organizan en la Fundación Museo Evaristo Valle, este precioso conjunto arquitectónico emplazado en Somió destaca por unos maravillosos jardines.

Mezcla de jardinería francesa e inglesa, tienen una extensión de 16.000 metros cuadrados y acogen más de 120 especies diferentes de árboles y arbustos en su mayoría centenarios, muchos de ellos únicos en los jardines públicos españoles. Se pueden hacer visitas guiadas de dos horas de duración.

La entrada al museo cuesta 5 € y la estupenda visita guiada 10 €.

Museo Casa Natal de Jovellanos

El retablo del mar en el Museo Casa Natal de Jovellanos

Desde Somió regresamos al centro de la ciudad, en concreto a Cimavilla para visitar el Museo Casa Natal de Jovellanos. Se trata de en uno de los edificios más emblemáticos de Xixón, ya que es la casa-palacio de finales del siglo XVI en la que nació y vivió el ilustrado Gaspar Melchor de Jovellanos.

Actualmente, la exposición permanente es un apasionante recorrido por fantásticas obras de arte de creadores asturianos de los siglos XIX y XX, además de una representación de las principales escuelas artísticas europeas de los siglos XVII y XVIII.

Y tratándose de la antigua casa de uno de los personajes más importantes de la historia de Gijón, el Museo Casa Natal de Jovellanos alberga dos salas dedicadas a la figura de este genio gijonés en las que también puedes observar parte de su mobiliario y objetos personales, además de algunas piezas de su colección artística.

Obra de Navascues en el Museo Casa Natal de Jovellanos

Además de pinturas de los artistas asturianos más destacados, nos gustó especialmente la sala dedicada a las vanguardistas esculturas de José María Navascués y la impresionante talla de Sebastián Miranda El retablo del mar, ubicado en el último piso.

Por cierto, si luego te apetece seguir explorando Cimavilla, no te pierdas este vídeo de nuestro compañero Paco Nadal.

Museo de las Termas Romanas de Campo Valdés

Museo de las Termas Romanas de Campo Valdes en Gijon

Las termas romanas más importantes del norte de España y el yacimiento de más visitado de Asturias se encuentran en pleno corazón de Gijón, junto a la iglesia de San Pedro al comienzo de la playa de San Lorenzo. Actualmente las puedes visitar en el Museo de las Termas Romanas de Campo Valdés.

Además de por su extraordinario valor histórico, estas auténticas termas romanas destacan por sus dimensiones y porque puedes ver los entresijos de uno de los edificios más importantes para la vida social en época de los romanos.

El recorrido del museo simula el paso que debían seguir los habitantes del Xixón de la época romana para disfrutar de los baños y las conversaciones con sus semejantes. Desde el apodyterium o vestíbulo de entrada, al frigidarium o zona fría, pasando por el su tepidarium o zona templada y su caldarium o zona caliente.

Al estar ya al descubierto, también es muy interesante ver de cerca los paneles y columnas del hipocaustum, que no es otra cosa que el ingenioso sistema de calefacción para el confort de los usuarios de las termas.

Museo Nicanor Piñole

Museo Nicanor Piñole de Gijon

Este céntrico museo, emplazado en la Plaza de Europa 28, está dedicado a la figura del prolífico artista gijonés Nicanor Piñole. Muchos críticos consideran su obra como post-impresionista, pero al tener tantos años de carrera artística (vivió 100 años), su evolución es más que notable.

Piñole esta considerado como uno de los principales responsables de la renovación de la pintura asturiana en el primer tercio del siglo XX. Además, era un dibujante muy notable y un retratista consumado.

En el Museo Nicanor Piñole podrás encontrar una ingente colección de óleos, bocetos, apuntes y dibujos del artistas, así como algunos de sus objetos personales donados a la ciudad por su viuda Enriqueta Ceñal.

Retratos, paisajes, naturalezas muertas y escenas cotidianas te permitirán hacer un viaje en el tiempo a lo largo de todo el siglo XX. Nos parecieron especialmente crudos los retratos de la madre del pintor o de algunos personajes del Gijón de post-guerra que plasman perfectamente el paisanaje asturiano.

Museo del Ferrocarril de Asturias

Museo del Ferrocarril de Asturias en Gijon
Imagen cedida por El Rincón de Sele.

El Museo del Ferrocarril de Asturias es uno de los más interesantes de Gijón para visitar en familia. También de acceso gratuito, este lugar un viaje en el tiempo a través de locomotoras y trenes de pasajeros, de mercancías y hasta los famosos tranvías pintados de amarillo.

Uno de los eventos que más suele gustar a los niños son las denominadas «Jornadas del vapor» en las que se ponen en marcha locomotoras históricas de vapor y diésel. Lo más interesante es que te puedes subir a estos antiguos trenes por el propio museo así que vas aprendiendo sobre el pasado industrial de Gijón mientras te diviertes.

Visita a la Laboral Ciudad de la Cultura

Universidad Laboral de Gijón

Uno de los lugares de interés de Gijón que más llama la atención es el descomunal complejo de la Laboral Ciudad de la Cultura. De hecho, se trata del edificio civil más grande de España cuya enorme plaza central tiene las mismas dimensiones de la plaza de San Marcos de Venecia.

Por su tamaño también destaca su torre de 120 metros de altura que es la más alta de Asturias y a la que se puede subir en un ascensor.

La construcción del edificio data de la década de los 40, planificado como una universidad, con el paso del tiempo sufrió una gran evolución que lo transformó de orfanato al centro cultural que es en la actualidad. La visita guiada a la Laboral de Gijón se puede contratar en su web oficial.

Tiene un programa de actividades culturales realmente espectacular, y aunque no es un museo propiamente dicho merecía estar en esta lista.

Museo de la Ciudadela de Celestino Solar

Museo de la Ciudadela de Celestino Solar de Gijon
Imagen cedida por El Rincón de Sele.

Dedicado al estudio de la vivienda obrera, el Museo de la Ciudadela de Celestino Solar es una buen lugar para conocer el pasado industrial de Gijón. En este peculiar museo podemos ver un ejemplo de ciudadela, que eran grupos de casas de obreros que se erigían en el interior de patios cerrados de viviendas.

Las dimensiones de estos pisos de alquiler no superaban los 30 metros cuadrados y eran ocupadas por familias muy humildes que compartían entre ellas algunos servicios básicos como los baños.

La vida era muy dura en estas ciudadelas, ya que no disponían de servicios que ahora son esenciales como agua corriente o luz eléctrica. Se estima que en Gijón hubo más de 100 ciudadelas, aunque esta es la única que se conserva y se puede visitar.

Tienes más información sobre este el Museo de la Ciudadela de Celestino Solar en este completo artículo de El Rincón de Sele.

Museo Villa romana de Veranes

Museo Villa romana de Veranes de Gijon

Hay dos cosas que nos llaman poderosamente la atención del Museo Villa romana de Veranes. Por una parte, un yacimiento realmente asombroso y, por otra, el precioso entorno natural de un verde intenso que lo rodea. El concejo de Gijón es una caja de sorpresas y nunca te imaginarías encontrarte con algo así en una ciudad.

En la primera parte de la visita, puedes observar en varias salas de exposición los restos arqueológicos procedentes de las excavaciones de la villa que datan desde el periodo romano hasta el final de la Edad Media.

Posteriormente puedes acceder al yacimiento a través de un camino enlosado que hace las veces de pasarela para que no pises los restos. Las dimensiones de la villa son asombrosas, ya que se trataba de una gran casa señorial de algún hombre pudiente de la época.

El yacimiento donde se basaba esta gran casa señorial está organizada en cuatro terrazas excavadas donde se puede observar claramente una entrada principal y un enorme patio norte por el que se accedía a las salas principales de representación. En una de estas todavía se observan partes de un bello mosaico.

Existen visitas guiadas para grupos al Museo Villa romana de Veranes, y también se organizan otras actividades culturales como representaciones teatrales, conferencias y actividades para los más pequeños de la casa.

Parque Arqueológico-Natural de la Campa Torres

Parque Arqueolagico-Natural de la Campa Torres en Gijon
Imagen cedido por Turismo de Gijón.

Y el periplo por el Gijón de la época romana termina en el Parque Arqueológico-Natural de la Campa Torres, emplazado a unos siete kilómetros del centro de la ciudad en la zona del cabo Torres.

Se trata de los restos de un antiguo castro que entre los siglos VI-V a.C fue el recinto fortificado marítimo de mayores dimensiones de toda la costa de los astures.

​El parque es muy interesante porque aporta al visitante información sobre la protohistoria asturiana y explica los orígenes de la ciudad de Gijón. Permite conocer el paso de la época prerromana, con los astures, a la romana.

¿Te han gustado nuestra ruta por los mejores Museos de Gijón? ¿Nos recomiendas alguno más que se nos haya escapado? Te esperamos en los comentarios.

Tienes más info en la web oficial de Turismo de Gijón o en nuestro artículo sobre qué ver en Gijón. Aunque también te recomendamos ver este vídeo de nuestros compañeros de Guías Viajar o hacer un viaje por la historia de Gijón visitando sus museos con nuestra compañera La Viajera Empedernida.

 

La entrada Museos de Gijón, ruta cultural por 10 fantásticas salas de exposiciones en la ciudad de Jovellanos apareció primero en El Pachinko.

via Pau García Solbes https://ift.tt/VackHnK

viernes, 4 de febrero de 2022

Viajes. Nanopartículas magnéticas contra el cáncer

Las nanopartículas metálicas magnéticas son una solución prometedora para crear tratamientos contra el cáncer, pues pueden introducirse en las células para desempeñar diversas funciones. Desde la liberación de fármacos de manera localizada hasta la eliminación de células tumorales mediante la emisión de calor (una técnica denominada hipermetría) o incluso la realización de diagnóstico en resonancias magnéticas. Sin embargo, para conseguir su aprobación clínica contra el cáncer es necesario conocer cómo se comportan en el interior de las células, qué rutas intracelulares activan, y cómo se degradan, lo que permitiría determinar sus efectos terapéuticos y su posible toxicidad.

Ahora, un estudio liderado por investigadores del CSIC y publicado en la revista científica Biomaterials, ha mostrado que la cobertura de estas nanopartículas es clave para conocer cómo se desplazan y cómo se degradan en el interior de nuestro organismo. Cuando se usan en aplicaciones médicas, estas partículas suelen recubrirse de diferentes tipos de moléculas y polímeros para hacerlas más biocompatibles, estables, biodegradables y para evitar que formen agregados que podrían generar trombos. Y precisamente a este respecto, la nueva investigación muestra que esta cobertura es decisiva para mejorar la eficacia de las nanopartículas.

La complejidad celular

“Según el tipo de recubrimiento utilizado, cuando las nanopartículas entran en contacto con el entorno biológico se producen diferentes interacciones con las proteínas del medio, afectando su tamaño final, la vía de captación celular, así como el tránsito que siguen hasta su degradación en la maquinaria celular que se encarga de este proceso”, asegura el investigador Domingo F. Barber, del Centro Nacional de Biotecnología (CNB-CSIC) y autor del estudio.

“En las células tumorales -señala Yadileiny Portilla, investigadora del CNB-CSIC y primera autora del trabajo junto con Vladimir Mulens-, las nanopartículas se acumulan en endolisosomas (un cuerpo del citoplasma celular que resulta fundamental en la eliminación de patógenos o microorganismos), donde se degradan más lentamente". En los macrófagos (células del sistema inmunitario) del entorno tumoral, la degradación ocurre más o menos rápidamente dependiendo del recubrimiento. Estos hallazgos son de vital importancia pues, en función de su futura aplicación, nos permitirán potenciar el efecto deseado dependiendo de la diana terapeútica”.

El uso de las nanopartículas de óxido de hierro está ampliamente extendido en varios campos de la biomedicina. No solo pueden facilitar la liberación dirigida de fármacos y biomoléculas. Además, de ello, su capacidad para producir calor se utiliza en el tratamiento de cáncer por hipertermia intracelular, y son capaces de generar contraste en diagnóstico en imágenes de resonancia magnética. En definitiva, unas partículas multidisciplinares que permitirán desarrollar dianas terapéuticas contra el cáncer.

  • ¿Te gusta la historia? ¿Eres un amante de la fotografía? ¿Quieres estar al día de los últimos avances científicos? ¿Te encanta viajar? ¡Apúntate gratis a nuestras newsletter National Geographic!


via Sergi Alcalde https://ift.tt/BPUx1A7

viernes, 28 de enero de 2022

Viajes. Los mecanismos de reparación del ADN, una esperanza contra el cáncer

Todas las células de nuestro cuerpo sufren cada día más de 10.000 roturas en su cadena ADN. Unas lesiones que serían catastróficas si nuestro organismo no hiciera nada para repararlas. Pero ¿cómo lo consiguen? ¿Qué mecanismos se ponen en marcha en este proceso? Y lo que es más importante, ¿qué proteínas intervienen? Un equipo científico liderado por el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) y el Hospital General de Massachussets, ha identificado y visualizado por primera vez nueve nuevas proteínas implicadas en esa reparación celular a partir de una técnica pionera.

Bárbara Martínez, perteneciente al grupo de Metabolismo y Señalización Celular del CNIO, es una de las investigadoras que participó en este estudio, publicado recientemente en la revista especializada Cell Reports. Junto con Raul Mostoslavsky y su equipo del Massachussets General Hospital (Boston, EE.UU.), lograron visualizar esta maquinaria de reparación del ADN a un detalle nunca visto antes gracias a un sistema pionero que usa la inteligencia artificial aplicada a la microscopía de fluorescencia de alto rendimiento, lo que permite analizar y procesar cantidades masivas de datos en el menor tiempo.

"Conociendo cómo se producen las lesiones en el ADN y cómo se reparan, tendremos más información sobre cómo se desarrolla el cáncer y cómo podemos combatirlo".

Los científicos descubrieron que, en cuanto se produce un daño concreto en el material genético, como puede ser la rotura de la doble cadena del ADN, la célula activa unos mecanismos de respuesta que funcionan como una llamada de emergencia. "Rápidamente, unas proteínas se unen a esta lesión molecular para enviar señales de alarma que luego serán reconocidas por otras proteínas especializadas en reparar el daño", señala Martínez.

Inteligencia Artificial contra el cáncer

Los investigadores consiguieron analizar este proceso con ayuda de una nueva metodología basada en el machine learning, una disciplina del campo de la inteligencia artificial (IA) que permite a los ordenadores aprender por sí mismos y analizar datos masivos. La técnica ideada por el CNIO permitió analizar el proceso de reparación celular con un extraordinario grado de detalle y precisión, pues, hasta la fecha, un factor limitante para el seguimiento en el tiempo de la reparación del ADN era la imposibilidad de analizar la cantidad de datos generados de las imágenes tomadas por el microscopio.

Bárbara Martínez y Raul Mostoslavsky, profesor de la Escuela de Medicina de Harvard y coautor del estudio, explican a National Geographic España el funcionamiento de este mecanismo. Primero, aclaran, realizaron miles de fotografías de las células durante un proceso de reparación del ADN con un microscopio de fluorescencia de alto rendimiento, un dispositivo automatizado que va tomando fotografías de una gran cantidad de células en distintas muestras y condiciones. Luego introdujeron esa información en un ordenador, que, a través del proceso de machine learning, trataba de identificar los patrones en estas imágenes.

"Es como si el ordenador hubiese generado un mapa o una hoja de ruta de cómo se produce la reparación del ADN en una célula", aclaran los investigadores, quienes argumentan que ese esquema les sirve para determinar qué proteínas (y, por tanto, qué medicamentos) pueden afectar a la reparación del ADN, uno de los objetivos primordiales de los tratamientos oncológicos.

Según los investigadores, "es como si el ordenador hubiese generado un mapa o una hoja de ruta de cómo se produce la reparación del ADN en una célula".

Así, en una primera fase, introdujeron 300 proteínas diferentes y evaluaron en un solo experimento si estas interfieren en la reparación del ADN a lo largo del tiempo. Identificaron hasta nueve que participan en este proceso de reparación.

Pero, además, decidieron ir un paso más allá y monitorizaron visualmente las proteínas después de generar el daño genético, para lo que usaron por primera vez a gran escala una la microirradiación de ADN, una técnica que daña el ADN celular con ayuda de un láser.

“Observamos que muchas proteínas se pegaban al ADN dañado y otras hacían justo lo contrario: se alejaban de las lesiones. Que se unan o se despeguen del ADN dañado para dar paso a otras proteínas es un fenómeno relevante, pues se trata de una característica común de las proteínas reparadoras del ADN.

Una proteína crucial

Entre las nuevas proteínas, los investigadores identificaron una llamada PHF20, que se despega de las lesiones segundos después de que se formen para facilitar la unión de otra llamada 53BPI, una proteína muy importante en la reparación de las roturas. Al parecer, descubrieron que sin la proteína PHF20, las células eran incapaces de reparar el ADN y eran más sensibles a la irradiación que las células normales.

Objetivo: proteger las células sanas

Y¿cómo traducir este hallazgo en métodos más eficaces para luchar contra el cáncer? Resulta que el objetivo primordial de los tratamientos oncológicos no es otro que el de atacar a las células tumorales induciendo lesiones en su ADN, lo que acaba con la muerte de la célula. “Conociendo cómo se producen las lesiones en el ADN y cómo se reparan, tendremos más información sobre cómo se desarrolla el cáncer y cómo combatirlo, con lo que nos ayudará a desarrollar mejores terapias contra el cáncer protegiendo nuestras células sanas”, apunta Martínez.

"Nuestra técnica nos permitió encontrar factores de reparación del ADN totalmente nuevos, algo que puede tener una aplicación directa en la medicina contra el cáncer -argumenta Mostoslavsky-. Por ejemplo, hace unos años se descubrió que el medicamento Olaparib era efectivo para pacientes con cáncer de mama que tienen mutaciones en un factor de reparación de ADN. Desafortunadamente, muchos pacientes no responden a Olaparib, así que encontrar factores nuevos que puedan ser el blanco de medicamentos podría ayudarnos a incrementar nuestro arsenal de tratamientos contra el cáncer".

Según los científicos, "encontrar factores nuevos que puedan ser el blanco de medicamentos podría ayudarnos a incrementar nuestro arsenal de tratamientos contra el cáncer".

La principal ventaja de esta técnica pionera es, de este modo, su gran versatilidad, lo que podría dar lugar a tratamientos mucho más precisos. Podríamos evaluar, por ejemplo, cientos de datos en un tiempo récord, lo que nos permitiría hilar mucho más fino a la hora de elegir uno u otro medicamento. Sería como tener unas gafas especiales que nos permitan ver exactamente dónde estamos apuntando. Y eso, cuando hablamos de tratamientos contra el cáncer, es una gran ventaja.

En este vídeo, se observa cómo una de las proteínas descubiertas en este trabajo, RNF166, se dirige a las roturas de ADN, que aparece en color verde brillante.

  • ¿Te gusta la historia? ¿Eres un amante de la fotografía? ¿Quieres estar al día de los últimos avances científicos? ¿Te encanta viajar? ¡Apúntate gratis a nuestras newsletter National Geographic!


via https://ift.tt/JKJLOL https://ift.tt/3HaDrlH

miércoles, 26 de enero de 2022

Pachinko. Itinerario por Vietnam de 15 días: ruta ideal para tu primer viaje

Organizar un itinerario por Vietnam de 15 días no es tarea sencilla. Este destino del Sudeste Asiático tiene tanto que ofrecer al viajero que resulta complicado condensar todos sus atractivos en dos semanas.

Pero no te preocupes que estamos aquí para ayudarte. Si lo tienes decidido y el dragón vietnamita es el destino de tus próximas vacaciones, échale un vistazo a esta ruta de dos semanas por Vietnam que hemos trazado tras nuestra experiencia en este país asiático.

Ruta por Vietnam de 15 días

Los imprescindibles de Vietnam
La Pagoda de Tran Quoc en Hanoi.

Estamos de enhorabuena, ya que Vietnam permitirá la entrada de viajeros vacunados y recuperados sin cuarentena dentro de poco y en breve tiene pensado restablecer la exención de visado para turistas extranjeros, entre ellos los españoles.

Antes de continuar con la ruta, puedes echarle un vistazo a nuestros lugares imprescindibles que ver en Vietnam en un primer viaje. También te recomendamos reservar aquí una tarjeta eSIM de Holafly para poder utilizar internet y organizar tu viaje por el país vietnamita con total tranquilidad.

Hanoi y Tam Coc (3 días)

Teatro de Marionetas de Agua en Hanoi, Vietnam
Teatro de Marionetas de Agua en Hanoi, Vietnam

La capital de Vietnam será tu primera toma de contacto con este país del Sudeste Asiático. Famosa por sus edificios gubernamentales y las agitadas callejuelas del Old Quarter, Hanoi es el destino perfecto para aclimatarse a los ríos de motos, al carácter de los vietnamitas y a su rica gastronomía que puedes degustar en sus mercados callejeros.

Aprovecharía el tercer día que estarás en Hanoi para hacer una excursión a Tam Coc, ubicada a 95 kilómetros de la capital vietnamita. Se trata de una ruta por un río que se incrusta en un paisaje lleno de hermosos arrozales y de rocas cársticas, sobre las que se pueden contemplar templetes o dragones de piedra.

Aquí te contamos qué ver en Hanoi, con todos los detalles sobre los lugares que puedes visitar en la capital vietnamita.

Montañas de Sapa (2 días)

Sapa, un imprescindible de Vietnam
Arrozales en Sapa, Vietnam

Las montañas de Sapa en el norte del país es uno de esos destinos que no puede faltar en un itinerario por Vietnam de 15 días. Su principal reclamo son las preciosas terrazas de arroz escalonadas que se tiñen de un color verde intenso entre mayo y julio.

Si viajas en verano el color de los tallos de arroz será amarillo, aunque también tiene su encanto. Además de los paisajes y las rutas de senderismo, otro de los alicientes de Sapa es conocer el modo de vida de las minorías étnicas hmong, giáy y red dzao.

Para llegar a Sapa desde Hanoi te recomendamos tomar un tren nocturno hasta Lao Cai, que dura unas 8 horas aproximadamente. Desde Lao Cai puedes tomar un minibús hasta Sapa.

Si viajas en temporada alta no olvides reservar con antelación el billete de ida y vuelta en tren nocturno, ya sea en la misma estación de Hanoi o en alguna agencia de viajes local. Para mayor comodidad, te recomendamos que consultes los horarios de los transportes y compres los tickets de tu viaje a Vietnam en baolau.

Bahía de Ha Long (1 día)

Bahia de Ha Long en Vietnam
Bahia de Ha Long en Vietnam.

La Bahía de Ha Long es probablemente el lugar más famoso de Vietnam, así que no podía faltar en esta ruta de dos semanas. Declarada como una de las 7 maravillas naturales del mundo, este lugar de ensueño está compuesto por más de 3.000 pequeñas islas de origen cárstico que flotan sobre un mar de color esmeralda.

Desde Hanoi hay autobuses que tardan 4 horas hasta el embarcadero de Ha Long, aunque si te quieres quitar de complicaciones puedes reservar directamente aquí un crucero de 2 días por la bahía de Ha Long con salida desde Hanoi.

Nosotros te recomendamos que pases al menos una noche a bordo de un velero de junco tradicional, ya que además de incluir la cena y el alojamiento suelen incluir excursiones a los puntos más importantes.

Eso sí, no te la juegues y ves con todo reservado con antelación porque al ser un lugar tan turístico suelen haber muchos timos y sorpresas indeseadas. Aquí lo barato sale muy caro.

Hue (2 días)

Los mejores planes para hacer en Hué, Vietnam
Puerta Este de entrada a la Ciudadela de Hué, Vietnam

Al ser un país tan alargado, te recomendamos que acortes tiempos con vuelos internos. Hay precios de billetes muy competitivos con aerolíneas locales. Por ejemplo, de Hanoi a Hué en avión sólo tardas 1 hora y 15 minutos. En tren o bus son más de 13 horas.

¿Y por qué incluimos Hué en este itinerario por Vietnam de dos semanas? Pues porque se trata de la antigua capital imperial del país y conserva algunos de los lugares históricos más importantes de este destino.

No te pierdas la Ciudadela de Hué, la pagoda de Thien Mu, las tumbas imperiales (cuya visita te puede llevar un día entero), el Mercado de Dong Ba o los antiguos edificios coloniales en Le Loi.

Puedes leer todo sobre qué ver en Hué en el anterior enlace.

Hoi An (2 días)

Hoi An entre los 10 lugares más importantes de de Vietnam
Atardecer en Hoi An, Vietnam.

La siguiente parada de nuestro recorrido por Vietnam es la ciudad de Hoi An. Desde Hué está a unas 4 horas por carretera en autobús. Hoi An es conocida por su precioso puente japonés o por sus edificios tradicionales, especialmente por las casas de mercaderes y los pabellones de asambleas.

Sin embargo, esta ciudad del centro de Vietnam también tiene algunas playas muy interesantes para descansar. Desde aquí también podéis hacer una visita rápida a Da Nang o las ruinas de My Son. Si te quedan en Hué, no olvides visitar alguno de sus célebres sastrerías.

Nha Trang (2 días)

Playas de Nha Trang
Playas de Nha Trang en Vietnam.

Mucha gente aprovecha su estancia en Hoi An para disfrutar de las playas. Sin embargo, el destino de costa más famoso de Vietnam es Nha Trang. Nosotros decidimos incluirlo en nuestro itinerario porque el viaje es muy intenso en cuanto a visitas y también por el calor y la humedad.

En este sentido, decidimos ocupar dos días enteros a no hacer nada en Nha Trang. En la zona hay muchísimos hoteles y resorts donde disfrutar de la arena y nadar en el Pacífico. La forma más rápida es viajar hasta el aeropuerto de Da Nang y desde allí tomar un vuelo a Nha Trang.

Ho Chi Minh City y Delta del Mekong (3 días)

El Delta del Mekong, final de un itinerario por Vietnam
Mercado flotante en el Delta del Mekong, Vietnam

Los últimos días de este viaje los vamos a pasar en el sur de Vietnam. Desde Nha Trang tomaremos uno de los vuelos baratos que en poco más de una hora te dejan en Ho Chi Minh City.

En la antigua Saigón puedes visitar el Museo la Guerra del Vietnam, la magnífica Oficina de Correos Central, el Palacio de la Reunificación, la Catedral de Notre-Dame de Saigón, el Mercado Bến Thành o la laberíntica Pagoda del Emperador de Jade.

Desde Ho Chi Minh City puedes hacer varias excursiones de un día muy interesantes como pueden ser los túneles de Cu Chi o el Delta del Mekong.

Si dispones de más tiempo también es interesante hacer noche en ciudades como Can Tho (donde puedes disfrutar de sus mercados flotantes) o Chau Doc cerca de la frontera con Camboya. Mucha gente suele aprovechar su viaje a Vietnam para visitar los templos de Angkor en el país vecino.

¿Qué te parece nuestro itinerario por Vietnam de 15 días? Si necesitas recomendaciones sobre tu ruta por Vietnam de dos semanas no dudes en dejar un comentario.

La entrada Itinerario por Vietnam de 15 días: ruta ideal para tu primer viaje apareció primero en El Pachinko.

via Pau García Solbes https://ift.tt/3G0cdwB

viernes, 21 de enero de 2022

Viajes. La épica ascensión al K2 por un equipo nepalí

Engullido por el vacío de la noche, Mingma Gyalje Sherpa trató de alumbrar el camino que tenía ante sí con el tembloroso círculo de luz de su linterna frontal, pero el frío le impedía pensar con claridad. Vestido con un grueso mono de plumas, una chaqueta de plumas por debajo, más dos capas de ropa interior larga, y respirando oxígeno de botella, debería estar bien. Pero en todas las cumbres que había coronado, en todas las ventiscas y gélidas tormentas que había soportado, jamás había sentido una temperatura como aquella, un frío penetrante, sobrenatural.

Sus nueve compañeros nepalíes y él soportaron unos vientos imprevisibles, unas temperaturas bajo cero y numerosos peligros para alcanzar el exigente pico en la época en que las condiciones son más extremas. Fue una hazaña que muchos habían dado por imposible. Nims elevó aún más la dificultad al ascender sin oxígeno.

Notaba el organismo al borde del colapso. Su lado izquierdo soportaba el embate de un viento formidable, y cada ráfaga lo acribillaba con zarcillos de hielo que traspasaban todo cuanto llevaba puesto. Pero lo que más le preocupaba era el pie derecho. Había sentido hormigueo, luego ardor y finalmente entumecimiento, síntoma previo a una congelación grave. Aquello, lo sabía muy bien, era señal de que su cuerpo estaba priorizando el flujo sanguíneo hacia los órganos vitales, sacrificando las extremidades para preservar el tronco. Y ni siquiera había entrado todavía en la llamada «zona de la muerte» –la región situada por encima de los 8.000 metros–, donde la escasez de oxígeno puede provocar alucinaciones, edema pulmonar y la pérdida del instinto de autoconservación.

Mingma G. –así le llaman– apretó el botón de la radio, decidido de pronto a dar la vuelta. «¿Dawa Tenjin? ¿Dawa Tenjin?», llamó, sin recibir más respuesta que el aullido del viento. Distinguía a medias las luces tenues de varios compañeros que, un poco más arriba, avanzaban a duras penas en una fila discontinua. Pensó que debían de estar todos demasiado concentrados en lo que tenían entre manos, o quizá demasiado inmersos en su propio sufrimiento, para responder.

El campo hace las veces de centro logístico y estación de descanso entre las ascensiones, pero las brutales condiciones suelen convertir la estancia en un infierno.

Aun en los meses de verano, más clementes, el K2, que con 8.611 metros de altitud es el segundo pico más elevado de la Tierra, es una de las montañas más letales. Aunque tiene 238 metros menos que el Everest, alcanzar su cima exige un nivel técnico muy superior, con un margen de error casi nulo. Tras fracasar en el intento de coronar el K2 en 1953, el alpinista estadounidense George Bell declaró: «Es una montaña despiadada que intenta matarte». La descripción cuajó, en parte porque por cada cuatro escaladores que logran coronar y descender, un quinto no vive para contarlo.

Pero aquel día, casi cuatro semanas después del solsticio de invierno, cuando la inclinación de la Tierra aleja al máximo el hemisferio Norte del vivificante calor solar, en la montaña se registraban unas de las condiciones más extremas del planeta. En las cotas más altas la sensación térmica puede desplomarse hasta los -60 ºC, más o menos la temperatura media de Marte.

Sin embargo, era el momento con el que Mingma G. llevaba tanto tiempo soñando. Mientras golpeaba como buenamente podía el entumecido pie derecho contra el hielo en un intento desesperado de evitar la congelación, sabía que parte de sus compañeros estaban fijando tramos de cuerda a la montaña con una batería de tornillos de hielo, pitones y estacas, habilitando una ruta segura para avanzar hacia la cima.

Muchos montañeros de Nepal habían participado en ascensiones pioneras, pero ningún equipo exclusivamente nepalí se había anotado una primera ascensión histórica en solitario.

La mayoría de los montañeros expertos consideraría una auténtica locura la idea de escalar el K2 en invierno. Seis expediciones bien preparadas habían intentado tamaña gesta, y ninguna se había acercado ni remotamente a la cumbre. Daba la impresión de que los obstáculos eran demasiados: rachas impredecibles de viento huracanado capaces de arrastrar en un instante a una cordada de alpinistas, desprendimientos de roca y hielo que impactaban como fuego de artillería, un aire enrarecido en el que no se podía respirar ni pensar, y aquel frío extremo, inmisericorde. Hasta los equipos más decididos y experimentados se habían venido abajo en unas condiciones tan brutales, destruidos por conflictos personales y problemas de liderazgo a consecuencia de la presión y el peligro al que estaban sometidos.

En los últimos meses de 2020 llegaron al pie del K2, sobre el remoto glaciar Godwin Austen, en el lado paquistaní de la cordillera del Karakorum, unos 60 escaladores deseosos de hacerse con el último trofeo pendiente del montañismo de gran altitud, en opinión de muchos el más complicado de todos. Pero para Mingma G. y sus nueve compañeros de equipo, nepalíes todos ellos, la expedición ofrecía más que gloria personal. Era la ocasión de demostrar que Nepal, una nación conocida por tener algunas de las montañas más altas del mundo, era capaz de lograr lo que muchos creían imposible.

En aquel momento, mientras analizaba su situación, Mingma G. veía la esquiva cumbre del K2 a un tiro de piedra. ¿Pero a qué precio? Sabía por experiencia que una lesión grave podía cambiar su vida para siempre. Su padre, también guía de montaña, había perdido por congelación ocho de los dedos de las manos al quitarse los guantes para atar los cordones a un cliente extranjero en el Everest. ¿Y si uno de sus compañeros de equipo perdía una extremidad o incluso la vida? ¿Habría valido la pena hacer cumbre? Para Mingma G. y los miembros de la expedición, plenamente conscientes de los riesgos y del frío mortal que les helaba los huesos, la respuesta era unánime.

A la izquierda, Nirmal «Nims» Purja y Mingma Gyalje Sherpa, a la derecha.

En 2020, el concepto de hazaña pionera del montañismo parecía un anacronismo. A mediados del siglo pasado ya estaban conquistadas todas las grandes cumbres del planeta, las 14 montañas que superan los 8.000 metros. La primera fue el Annapurna I nepalí en 1950, a la que siguieron el Everest y el Nanga Parbat paquistaní en 1953; las demás se fueron conquistando una tras otra, hasta que en 1964 se cerró la lista con el Xixabangma tibetano.

Fue una carrera frenética de envites nacionalistas y, aunque todas aquellas montañas estaban en Asia, fueron equipos europeos los que conquistaron la mayoría de esas cimas. Pese a que prácticamente todas las expediciones de aquella época dependieron de grupos étnicos locales, como los sherpas, tibetanos y baltis que transportaban el material a los campos base y porteaban las cargas montaña arriba, las genuinas aportaciones de estos colaboradores indispensables rara vez quedaron reconocidas en los libros de historia.

Alcanzadas aquellas cumbres emblemáticas, el alpinista polaco Andrzej Zawada se planteó un nuevo reto. Todos los ochomiles se habían escalado en verano, cuando las condiciones son más favorables. Más difícil, razonó, sería hacer cumbre en invierno, la estación más dura. Zawada dirigió una expedición que puso a dos escaladores en la cima del Everest en el invierno de 1980, colocando así a Polonia en una sucesión histórica de conquistas invernales. Uno tras otro fueron cayendo los ochomiles, pero las cimas paquistaníes se resistieron con obstinación a los alpinistas invernales hasta bien entrado el siglo XXI. Ubicada ocho grados de latitud más al norte que los picos nepalíes, la cordillera del Karakorum es notablemente más fría y ventosa en invierno. Hicieron falta 31 intentos para que el Nanga Parbat se diese por conquistado en 2016; ya solo faltaba el K2.

Aunque en los medios generalistas queda eclipsado por el Everest, el K2 es considerado por los montañeros serios como un reto muchísimo mayor, en parte por su ubicación tan remota. Cuando en 1856 los británicos llevaron a cabo los primeros levantamientos topográficos del Karakorum, reemplazaron las designaciones de sus picos por topónimos autóctonos. El K1, por ejemplo, era conocido por los lugareños como Masherbrum. Pero como el K2 no es visible desde el pueblo más cercano –Askole, a una semana de travesía a pie desde la base del pico–, no tenía nombre.

Tras cuatro días de caminata por un terreno agreste, la silueta del K2 hace su aparición desde el sur, con su icónica forma piramidal cual punta de flecha que señala el cielo. Los escaladores perciben al instante su pronunciada inclinación, especialmente cerca de la cumbre, lo que significa que el más mínimo error se castiga con consecuencias casi fatales. Si te tropiezas con los crampones o te enganchas por equivocación a una cuerda fija en mal estado, es poco probable que tu caída se detenga antes de que te estrelles contra el glaciar, situado miles de metros más abajo.

El mal tiempo obligó a los montañeros a pasar semanas cobijados en el Campo Base, pero la predicción de una mejoría les infundió la esperanza de que podrían hacer historia.

Dado que el margen de error se reduce todavía más en invierno, el éxito –la supervivencia, en realidad– estriba en la logística: planearlo todo para las peores condiciones. Los grandes picos como el Everest y el K2 rara vez se escalan siguiendo un camino unidireccional hacia la cima. En lugar de eso, los equipos suelen subir y bajar para ir aclimatándose a altitudes cada vez mayores mientras van instalando una línea de cuerdas fijas y campamentos abastecidos con material crucial, como botellas de oxígeno, tiendas y cuerdas. En los últimos años se ha impuesto un estilo de alpinismo más rápido y ligero, pero el K2 en invierno requiere un esfuerzo colectivo a la antigua: cada individuo debe transportar varias cargas pesadas por un terreno peligroso, lo que exige un trabajo de equipo a la vieja usanza.

Mingma G. mide 1,75 metros, una talla considerable para un sherpa. Tiene 33 años, es ancho de espaldas y tiene una abundante melena que le roza los hombros. Cuando habla, te mira a los ojos y va al grano, lo que añade peso a sus palabras.

Creció en Rolwaling, un valle angosto al oeste del Everest. Está lejos del bullicioso valle del Khumbu, pero de Rolwaling han salido algunos de los guías sherpas más reputados. Mingma G. se crio oyendo contar a su padre y a sus tíos, todos ellos guías de montaña, historias sobre el Everest alrededor del fuego de la cocina en las frías noches de invierno. Las hazañas que relataban no se referían a los alpinistas extranjeros que cada primavera llegaban en masa a Nepal, sino a héroes autóctonos como Pasang Lhamu Sherpa, quien en 1993 se convirtió en la primera mujer nepalí que coronaba el Everest y que murió en el descenso, y su primo hermano Lopsang Jangbu Sherpa, que ayudó a los escaladores en el desastre de 1996 del que se hizo eco el libro Mal de altura y que falleció trágicamente cuatro meses después.

En 2006, cuando Mingma G. tenía 19 años, su tío se lo llevó a su primera expedición al Manaslu. Al año siguiente Mingma G. coronó el Everest mientras trabajaba para un operador francés, y en 2011 ya organizaba y dirigía sus propias expediciones. Fueron años difíciles. Entre 2001 y 2008, Nepal se vio sumido en una violenta insurrección maoísta, lo que alejó a muchos alpinistas internacionales. La competencia para guiar a los pocos que se atrevían a viajar a Nepal era intensa.

En la temporada de invierno de 2019-2020, Mingma G. improvisó su propio intento de anotarse el primer ascenso invernal del K2 con tres clientes de pago. Vivir en el Campo Base –situado a 4.960 metros de altitud– fue un suplicio. «Si lavábamos la ropa, tardaba más de una semana en secarse a menos que la pusiésemos delante del hornillo o de la estufa de gas», escribió al periodista de montaña Alan Arnette.

Al poco de llegar al Campo Base, contrajo una infección de las vías respiratorias altas y tuvo que retirarse de la expedición. Pero pronto estaba pensando en volver a intentarlo.

Ver más información en "Desafío invernal"

Y entonces llegó la COVID-19. Decenas de miles de guías, porteadores y cocineros se quedaron sin trabajo en todo el Himalaya. A las pocas semanas de volver del K2, el calendario anual de escaladas guiadas de Mingma G. desapareció de un plumazo, quedándose sin ingresos y con una pequeña empresa que sostener. Intentó convencer a algunos amigos para que se sumasen a un nuevo intento de coronar el K2, pero nadie quería pagar los 10.000 dólares que costaba tan solo el permiso para ascender hasta el Campo Base, más otras decenas de miles que exigía la organización de una expedición modesta.

Mingma G. se planteó abandonar la idea, pero tenía clavada una espinita. El sherpa Tenzing Norgay fue uno de los dos primeros humanos que pisaron la cumbre del Everest y, aunque es un héroe nacional cuya foto se exhibe con orgullo en innumerables hogares nepalíes, hubo de compartir aquel mérito con el neozelandés Edmund Hillary. En otras ascensiones pioneras también habían estado presentes montañeros nepalíes, pero ninguno había completado una primera ascensión histórica por su cuenta.

«Busqué en Wikipedia y constaté que no había ninguna bandera nepalí en la lista de primeras ascensiones de ochomiles en invierno –recuerda Mingma G.–. Me di cuenta de que si perdíamos el K2, nos habríamos quedado sin ochomiles».

Sabía que tendría que gastarse el dinero, aunque eso significase hipotecar el terreno que había comprado en Katmandú, y que constituía el grueso de su patrimonio. Consiguió convencer a dos hermanos, Kilu Pemba y Dawa Tenjin Sherpa, ambos mayores que él, con esposas, hijos adolescentes y décadas de experiencia en la alta montaña.

Pero sus familias tenían sus reservas. «Me costó convencer a las esposas de Kilu Pemba y Dawa Tenjin», recuerda Mingma G., que sigue soltero.

Había otro problema. Tras años de expediciones ininterrumpidas y las exigencias de llevar su propio negocio, Mingma G. descubrió algo con lo que un sherpa nunca habría contado: estaba en baja forma. Mientras esperaba en Katmandú a que se amortiguase la pandemia, una familiar empezó a insistirle para que saliese a hacer senderismo y rutas ciclistas. «Adelgacé mucho y empecé a recobrar la fuerza», dice.

Mingma G. no era el único sherpa con las miras puestas en el K2. Tres hermanos –Mingma, Tashi Lakpa y Chhang Dawa Sherpa, principales propietarios de Seven Summit Treks– comprendieron que Pakistán era uno de los pocos destinos de alpinismo todavía abiertos en las altas montañas de Asia.

Con unas tarifas inferiores a las de los operadores occidentales, Seven Summit Treks se había consolidado como una de las mejores empresas de expediciones de propiedad sherpa y cada temporada hacía subir al Everest uno de los grupos más nutridos. Ese mes de marzo, en vista del catastrófico año de cancelaciones, Seven Summit preguntó en las redes sociales si habría algún cliente interesado en una expedición invernal al K2. Enseguida se llenaron las reservas y se formó un grupo con alpinistas de Rusia, España, Irlanda, Turquía y el Reino Unido.

Los escaladores estaban a salvo, pero perder el campamento fue un duro golpe. «Estoy destrozado –publicó Nims en Instagram desde el Campo Base–. Ahora tengo que replantearlo todo».

El 21 de diciembre de 2020, el primer día del invierno, Mingma G. y sus dos compañeros de equipo emprendieron la ascensión del K2. Pocos días después estaban acampados a 6.900 metros de altitud, bajo una zona conocida como la Pirámide Negra, una masa prácticamente vertical de roca quebradiza, el primer gran desafío técnico. Se necesitaría una jornada entera de escalada de precisión con mochilas pesadas para llegar al Campo III, la plataforma de lanzamiento para cualquier intento serio de hacer cumbre. Pero había un problema: les faltaba cuerda.

Mingma G. sabía que había varios equipos aclimatándose en los campamentos inferiores, entre ellos otro grupo nepalí dirigido por un excéntrico exsoldado de las fuerzas especiales reconvertido en escalador, Nirmal (apodado «Nims») Purja. Mingma G. y Nims ya habían coincidido antes. «No nos presentaron formalmente, simplemente nos dimos la mano en una ocasión y yo le dije: "Soy Mingma G." […]. Él no necesitaba decir cómo se llamaba».

Eso fue en el año 2019, cuando Nims estaba en medio de una maratón que lo llevaría a escalar los 14 ochomiles del mundo en seis meses y seis días. Los medios de comunicación se habían hecho eco de la noticia, y Nims pasó de ser relativamente anónimo a una estrella de las redes sociales.

Lo cierto es que los dos hombres no podían evitar sentir cierta rivalidad. Ambos eran líderes de primera en su plenitud física, expertos en una de las actividades más peligrosas del mundo. Pero sus caracteres eran el día y la noche: Mingma G. era reservado y serio; Nims, descarado y divertido y, fiel a su estilo, había anunciado a sus seguidores de las redes sociales su decisión de anotarse la primera ascensión invernal del K2.

Así y todo, Mingma G. pensó que no perdía nada en llamar por radio y preguntar a Nims si tendría algo de cuerda de sobra. El equipo de este acababa de llegar a la montaña y los hombres todavía no estaban aclimatados, pero se ofrecieron igualmente a subirle un poco. A la mañana siguiente, los dos equipos compartieron té y charla en el campamento instalado al pie de la Pirámide Negra y descubrieron que ninguno de los grupos incluía clientes extranjeros. Todos querían el K2 para sí mismos.

Al día siguiente bajaron todos hasta el Campo Base para recuperarse. El cielo gris parecía anular el color del glaciar, y un viento pertinaz hacía volar cristales de hielo entre las tiendas de campaña. Era 31 de diciembre, y un pronóstico meteorológico adverso indicaba que tocaba descansar, si eso era posible en un lugar tan inhóspito.

Esa noche Nims se acercó a la tienda comedor de Mingma G. para invitar al equipo rival a una fiesta de Fin de Año. Al principio Mingma G. no tenía ganas de ir, pero Nims envió a dos compañeros de equipo para convencerlo.

Sin la indumentaria de alta montaña, Nims tiene una figura juvenil, con unas mejillas tersas y una barba rala que no casan con sus 37 años de edad. El exsoldado se enorgullece de estar siempre preparado. «Es algo que se aprende en el ejército –dice, salpicando su discurso con coloquialismos de pub inglés–. Siempre hay un plan alternativo. Si es que yo hago planes alternativos hasta para los planes alternativos, tío». Cuando el equipo de Mingma G. llegó a la fiesta, a Nims le faltó tiempo para abrir una botella de whisky.

«Cuando nos la acabamos ya estábamos un poco alegres –recuerda Mingma G.–. Y entonces Nims abrió otra, y luego otra, y otra». Pronto todo el mundo estaba bailando y charlando sobre la meteorología y el plan.

A punto de alcanzar la cima, los 10 nepalíes entrelazaron los brazos y subieron la pendiente final para completar juntos la histórica ascensión.

Nims no es sherpa, sino magar, una etnia de los macizos centrales de Nepal. Se crio en Chitwan, un distrito de baja altitud más famoso por sus elefantes y tigres que por las montañas nevadas. A los 18 años se alistó en los gurkas, un regimiento militar británico de soldados nepalíes que resiste como vestigio del Imperio británico. Ser guía de montaña y alistarse en los gurkas son dos de las mejores oportunidades profesionales para los nepalíes ambiciosos: los gurkas cobran como un militar británico y tienen derecho a nacionalizarse como ciudadano británico.

Tras seis años en los gurkas, Nims se incorporó al Servicio Especial de Barcos, una unidad equivalente a los Navy SEAL estadounidenses. «Bueno, digamos que he estado destacado en zonas sensibles, dejémoslo ahí», decía en una entrevista de 2019. Pero en el libro que acaba de publicar, habla de sus experiencias castrenses, entre ellas un tiroteo en el que recibió un disparo en la cara.

«En las fuerzas especiales haces unas cosas que […] te sientes invencible –reflexiona Nims–. Pero después me fui a la montaña y me quedó bien claro que la naturaleza te pone en tu sitio». En 2019 dejó el ejército para dedicarse profesionalmente al montañismo y cumplir un sueño: coronar los 14 ochomiles en siete meses. La idea ya se había planteado antes, pero era la primera vez que alguien aceptaba el reto en serio.

Nims bautizó su propósito con el nombre de Proyecto Posible y reclutó a un equipo de guías nepalíes de élite para que lo ayudasen a diseñar las rutas y escalasen con él. Tras coronar una montaña ponía inmediatamente rumbo a la siguiente, a veces en helicóptero, lo que le permitía continuar aclimatado a la altitud. Recurría sin reparos a la botella de oxígeno y en algunos lugares se ayudaba de cuerdas fijadas por otros equipos, lo que según los puristas devaluaba sus logros.

Ahora, más de un año después, en su equipo del K2 había un veterano de aquel grupo, Mingma David Sherpa, un ágil guía de 31 años que hace las veces de lugarteniente de Nims. El decano del nuevo equipo era Pem Chhiri Sherpa, un sherpa de Rolwaling que a sus 42 años atesoraba dos décadas de experiencia en el Everest. Nims también reclutó a Dawa Temba Sherpa y a Mingma Tenzi Sherpa, montañeros con una dilatada carrera en ambos casos. El último miembro del equipo era el más joven: Gelje Sherpa, un guía de 28 años con un contagioso sentido del humor.

Mientras Gelje contaba chistes y pinchaba música en la fiesta de Fin de Año, empezó a cuajar una idea entre los dos equipos: ¿por qué no unir fuerzas? Tal y como recuerda Pem, las ventajas eran obvias: «Aceleraba el trabajo, y empezamos a colaborar. Al ser todos nepalíes fue más fácil».

Los sherpas que se dedican al montañismo tienen fama de ser por norma general personas apacibles que hacen gala de un marcado desapego budista para con los padecimientos de la vida, pero este oficio se cobra un alto precio. Además del dolor físico –quemaduras faciales por el frío, artrosis en las articulaciones y problemas crónicos de espalda–, todos habían perdido amigos y familiares en la montaña. Los últimos siete años habían sido especialmente crueles. En 2014 un alud en el Everest se llevó por delante a 16 de los sherpas más experimentados y paralizó la temporada de escalada, y en 2015 un terremoto mató a 19 personas en el Campo Base y a unas 9.000 en todo el país. Y ahora la pandemia acababa de tenerlos otro año entero en dique seco. También conocían la amargura que comporta un trabajo ingrato. «Pocos clientes extranjeros reconocen nuestra ayuda. Nos describen como simples porteadores anónimos o directamente hacen como si no existiésemos –dice Mingma G.–. Es como si se creyesen que no vamos a leer sus artículos».

A todo ello se sumaban unas crecientes tensiones, desde el momento en que los operadores nepalíes aspiraron a tener una participación mayor en el lucrativo negocio de los guías, durante años dominado por empresas extranjeras. «Nosotros somos de aquí y sabemos más que los guías extranjeros», afirma Mingma G. Admite que entre los operadores nepalíes existe una descarnada competencia, pero «el 90 % de los escaladores extranjeros solo se fían de empresas extranjeras».

Adjudicarse la primera ascensión invernal del K2 anunciaría a los cuatro vientos que los nepalíes pasaban a ocupar el lugar que les correspondía en el mundo del alpinismo, no solo en calidad de participantes, sino también de líderes. «Queríamos una primicia para nosotros, para la historia –explicaría Nims tiempo después–. Teníamos que formar equipo sí o sí».

Mingma G. se despertó el día de Año Nuevo con resaca. Pese a las temperaturas bajo cero, se había quedado dormido en la tienda sin meterse en el saco. Pronto oyó la voz de Nims, que por radio lo invitaba a volver a su campamento y tomar un té. Tenían que seguir detallando el plan.

«Lo hicimos por Nepal», declara Nims. Los montañeros cuyos nombres quedarán grabados en los anales del alpinismo son (fila superior, desde la izquierda) Pem Chhiri Sherpa, Mingma David Sherpa, Gelje Sherpa, Dawa Temba Sherpa, (fila central, desde la izquierda) Dawa Tenjin Sherpa, Nirmal «Nims» Purja, Mingma Gyalje Sherpa, Sona Sherpa, Kilu Pemba Sherpa, y (delante) Mingma Tenzi Sherpa.

A los sherpas les gusta decir que, para que un equipo de escaladores llegue a una cumbre y regrese sano y salvo, la montaña debe consentirlo. Por eso toda expedición al Himalaya empieza con una ceremonia de la puja, en la que se solicita a las deidades de la montaña permiso para escalar e implorarles un trayecto sin incidencias. Pero durante la primera quincena de 2021 quedó claro que el K2 no estaba dispuesto a recibir a ningún ser humano en su cima. Vientos de 160 kilómetros por hora azotaron la montaña durante días y las temperaturas se desplomaron muy por debajo de cero en el Campo Base, obligando a sus ocupantes a cobijarse en las tiendas.

Cuando el viento amainó ligeramente, el equipo de Nims hizo una rápida incursión al Campo II para revisar el material. «Todo destrozado», escribió Nims en Instagram. El material que habían dejado para el ataque a la cumbre –sacos de dormir, plantillas calefactadas para las botas, guantes de repuesto y gafas– había volado por los aires.

Pero el pronóstico meteorológico apuntaba a que el viento se calmaría a partir del 14 de enero. De regreso en el Campo Base repusieron con rapidez el material, y otro nepalí –Sona Sherpa, de Seven Summit Treks– se unió al grupo para ayudar a subirlo. Mientras tanto, Nims y Mingma G. reevaluaron su plan de ascensión. En lugar de pasar una gélida noche en el Campo IV, el tradicional campamento de altura situado a unos 7.600 metros de altitud desde el que se ataca la cumbre, los nepalíes proyectaban salir del Campo III y llegar a la cima en un solo día. Si todo salía bien –y era una apuesta arriesgada–, podrían coronar el día 15.

Algunos montañeros del Campo Base acusarían a posteriori a los nepalíes de ocultar su plan de llegar a la cima con un equipo puramente nacional, algo que Mingma G. no desmiente. «Cuando se juega el Mundial de fútbol, ¿alguien quiere que pierda su país? –explicó en una entrevista de ExplorersWeb–. Nadie, ¿verdad? Y el equipo y el entrenador jamás divulgan la estrategia para lograr ese objetivo. Pues esta vez nosotros hemos hecho lo mismo con el K2».

La tarde del día 13, cuando los nepalíes alcanzaron la cota de 7.000 metros, el secreto salió a la luz y varios grupos empezaron a ascender a su zaga. A la mañana siguiente, mientras aquellos equipos descansaban en un Campo II zarandeado por un viento feroz, los nepalíes siguieron avanzando hasta quedar justo por debajo del Campo III. «El tiempo fue un factor clave –recuerda Mingma G.–. Por debajo del Campo III soplaba un viento fortísimo; por encima la calma era total».

El día 15 Mingma G. y tres compañeros se dispusieron a fijar cuerda por encima del Campo III, en dirección a un tramo conocido como el Hombro. Cuando progresaban por unas laderas nevadas que parecían no tener fin, de pronto les cortó el paso un laberinto de grietas abiertas en el glaciar por las que podía colarse una persona. Justo antes de llegar al punto en que suele instalarse el Campo IV se toparon con una grieta enorme que los obligó a retroceder varias horas para poder rodearla. Era el tipo de contratiempo agotador y descorazonador que tantas veces lleva a los montañeros a abandonar una expedición, pero Mingma G. y sus compañeros siguieron adelante. Tras localizar un tramo de nieve compactada –un puente de nieve– que cruzaba el campo de grietas, pudieron fijar cuerdas hasta el mismo Hombro.

Regresaron al Campo III y se unieron al resto del equipo para descansar a duras penas unas horas. «Era un tipo de frío diferente. Daba mucha sed. Costaba digerir lo que comías», recuerda Gelje.

En algún momento después de la medianoche del día 16, el equipo empezó a prepararse para dejar el Campo III. Por primera vez todos se ajustaron la máscara de oxígeno para atacar la cumbre. Menos uno. Nims había decidido responder a sus críticos escalando la Montaña Despiadada en invierno y sin oxígeno, una hazaña histórica por partida doble… si es que lo lograba. «No estaba totalmente aclimatado. Empezaba a tener congelación en tres dedos –recuerda–. Si no sabes hasta dónde eres capaz de llegar, puedes dar al traste con toda la expedición».

En grupos reducidos, los alpinistas empezaron a ascender por las líneas de cuerdas que Mingma G. había fijado laboriosamente hasta el Hombro. Su denodado esfuerzo dio frutos. Lo que el día anterior había llevado ocho horas, lo salvaron en apenas tres y en plena oscuridad, pero se había levantado un viento atroz.

Sintiéndose solo y percibiendo que aparecía la congelación, Mingma G. estaba a punto de abandonar su intento de hacer cumbre. Cuando nadie respondió a su llamada por radio, recurrió a su última opción: patear el hielo para mantener los pies calientes. «Sorprendentemente, funcionó».

Los primeros rayos del nuevo día alcanzaron a la mayoría de los montañeros ya en el Hombro, tratando de entrar en calor. El viento amainó y, pese a las temperaturas todavía árticas, amaneció un día perfecto. Más arriba se vislumbraba el último gran obstáculo de la ruta, el Cuello de Botella, un corredor de hielo al pie de un serac (un bloque de hielo colgante). Más allá del corredor los escaladores encontrarían pendientes fáciles que los llevarían directos a la cumbre, pero si una parte del serac se venía abajo mientras alguno de ellos estaba en el Cuello de Botella, probablemente sería la muerte para quienquiera que se hallase por debajo. Como queriendo recordar a los escaladores aquel peligro, más abajo del corredor se distinguía un funesto campo de bloques de hielo del tamaño de un frigorífico desperdigados.

Mingma Tenzi y Dawa Tenjin guiaron al equipo a través del traicionero paso, fijando cuerdas tras de sí para que los demás las siguiesen. Conforme subían, caían corredor abajo rocas menudas que de vez en cuando impactaban contra el casco de alguien. Poco más podían hacer que continuar.

Cuando el grupo se aproximó a la cima, iba al frente Mingma Tenzi, un especialista en fijar cuerdas que tenía 36 años, una sonrisa alegre y un diente de oro. Guio al equipo en las últimas horas y podría haber llegado a la cima antes que los demás, pero se detuvo justo antes de pisarla.

Uno a uno, los montañeros fueron subiendo para unirse a él. Nims respiraba trabajosamente el aire gélido y enrarecido, haciendo dos o tres inspiraciones por paso. Cuando el sol arrancó unos destellos a la suave cresta de nieve que cubría el segundo punto más elevado del planeta, los escaladores se congregaron en un único grupo.

Hacer cumbre juntos había sido idea de Nims, y cuando los 10 se reunieron, enlazaron los brazos y emprendieron la subida. Poco a poco recuperaron la voz y, como en un sueño, llegaron a ellos las palabras del himno nacional nepalí:

Tejido con cientos de flores…

Chal de infinita riqueza natural…

Tierra de sabiduría y paz, las llanuras,

los montes y las montañas altas…

Indemne, esta amada tierra nuestra,

Oh, patria nuestra, Nepal.

----

El escritor y guía de montaña Freddie Wilkinson escribió sobre la Expedición al Everest de la iniciativa Perpetual Planet de Rolex y National Geographic en el número de julio de 2020.

----

Este artículo pertenece al número de Febrero de 2022 de la revista National Geographic.



via https://ift.tt/JKJLOL https://ift.tt/3nH8ZYM