lunes, 24 de marzo de 2025

Viajes. Un gran salto atrás para la humanidad: la NASA elimina de su web el plan de diversidad para la Luna

Es un hecho. La NASA ha eliminado de su página web el compromiso de enviar a una mujer y a una persona negra a la Luna, en cumplimiento con una orden ejecutiva del presidente Donald Trump que pulveriza las iniciativas de igualdad, diversidad e inclusión (DEI); un objetivo que anteriormente había sido un punto central de las ambiciones de exploración lunar de la agencia espacial estadounidense.

La NASA borra su compromiso de llevar a la primera mujer a la Luna

El programa Artemis, cuyo objetivo principal es volver a enviar a humanos a la Luna y establecer una presencia sostenible allí, ha experimentado un cambio en sus objetivos. Se expone que la eliminación de estas metas específicas (tanto el alunizaje de la primera mujer como de la primera persona negra) obedece a continuar con las directrices de la administración de Donald Trump, algo que ha suscitado dudas sobre las prioridades y los compromisos de la agencia con la diversidad y la inclusión en la exploración espacial.

Y es que estas promesas fueron hechas como columna vertebral del programa, retomando la última misión Apolo que pisó la Luna allá por diciembre de 1972 y teniendo en cuenta que las 12 personas que han caminado sobre la luna en todas las misiones Apolo entre 1969 y 1972 siempre han sido hombres blancos.

El futuro de las misiones Artemis

Antes de la corrección, la web de la NASA decía lo siguiente: “La NASA aterrizará a la primera mujer, persona de color y primer astronauta internacional en la Luna utilizando tecnologías innovadoras para explorar más de la superficie lunar que nunca”. Ahora, dicho párrafo ha sido reemplazado por una descripción que habla de los objetivos científicos y tecnológicos de la misión, y a no a cómo va a estar compuesta dicha tripulación. Con esta actualización, la NASA parece haber descartado la idea de llevar a la primera astronauta y persona negra a la Luna a finales de esta década. ¿Es así?

No es la única agencia federal que ha eliminado todo aquel discurso que vaya contra la orden ejecutiva de la nueva administración; otras agencias como los Institutos Nacionales de la Salud han seguido también la orden presidencial de eliminar cualquier noción de programas e iniciativas de DEI tras la investidura de Trump en su segundo mandato (que tuvo lugar el 20 de enero de 2025).

¿Afecta a los astronautas ya seleccionados?

¿Tienes implicaciones? Los cambios recientes en principio no alteran la composición de la tripulación que ya había sido designada inicialmente. Según la hoja de ruta de Artemis, la primera misión del programa Artemis despegó en 2022 sin astronautas a bordo y para Artemis 2, está previsto que incluya a la astronauta Christina Koch y al piloto Victor Glover, siendo la primera misión tripulada del programa. Si no hay ninguna modificación, este lanzamiento no tendrá lugar antes de abril de 2026, pero aún no se pisará la Luna. Artemis 2 simplemente realizará un vuelo orbital alrededor de la Luna. Para eso habrá que esperar a Artemis 3 cuyo destino es ser la segunda misión tripulada y la primera en aterrizar en el satélite natural de la Tierra desde el Apolo 17.

Lo que sí queda en suspenso es el papel de las mujeres en futuras misiones lunares, al marcar un giro de 180º con respecto al énfasis previo en la diversidad de género en la exploración espacial. Y puede que la NASA reciba otros recortes a causa de los gastos adicionales en los proyectos que ya suman muchos millones de dólares. Este es sin duda un paso atrás que evidencia un escenario de incertidumbre para la NASA tal y como la conocíamos.

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via Sarah Romero https://ift.tt/nAO0zDf

Viajes. La peor noticia sobre los glaciares en 50 años

Lo que antes parecía eterno —macizos de hielo majestuosos que coronaban cordilleras y regiones polares— ahora se derrite a un ritmo aterrador. Por eso, la ONU ha decidido que el Día Mundial del Agua 2025 se centre en la conservación de los glaciares, proclamando, además, este año como el Año Internacional dedicado a su preservación

Es una llamada de emergencia, casi un grito, que busca despertar a un mundo adormecido frente a una amenaza tan silenciosa como devastadora.

Los glaciares almacenan cerca del 70% del agua dulce de la Tierra. Su existencia sostiene el ciclo del agua, regula climas regionales, mantiene ecosistemas y abastece a millones de personas. Sin embargo, en 2023, el planeta perdió más de 600 gigatoneladas de masa glaciar, la mayor pérdida registrada en medio siglo, según datos de la Organización Meteorológica Mundial

Sin espacio para la esperanza

Celeste Saulo, Secretaria General de la OMM, no ha dejado espacio para la esperanza ciega al declarar que el 2024 fue el año más cálido jamás registrado. “Todas las regiones con glaciares reportaron pérdidas”, ha afirmado. 

La situación es tan crítica que no solo se ve amenazada la biodiversidad, sino la seguridad hídrica de millones. Los últimos diez años, de 2015 a 2024, fueron los más calientes desde que se tiene registro, con océanos hirviendo, atmósferas recalentadas y niveles sin precedentes de gases de efecto invernadero. Mantener el aumento de temperaturas por debajo de 1,5 ºC —como establece el Acuerdo de París— se ha convertido en una carrera contra el tiempo.

No se trata de un año anómalo, sino de una década encadenada de extremos. Tormentas, inundaciones, retrocesos glaciales, niveles del mar en constante ascenso y una criosfera —la parte helada del planeta— que se deshace. La pérdida de glaciares significa mucho más que la reducción de una masa de hielo: es el desmoronamiento de la historia congelada del planeta, de su memoria climática, de su equilibrio natural. Su desaparición representa la pérdida de un archivo natural sin reemplazo.

Más efectos secundarios

Pero el problema no termina ahí. El deshielo abrupto está alterando el ritmo del ciclo del agua. Provoca riadas impredecibles, deslizamientos de tierra, afecta a las infraestructuras humanas y empuja a especies enteras al borde del colapso ecológico

También contribuye al aumento del nivel del mar, que ya se encuentra 20 cm por encima del nivel de 1900. Según estudios recientes, el derretimiento podría liberar decenas de miles de toneladas de bacterias desconocidas en los próximos 80 años, como ha revelado la Universidad de Aberystwyth.

Las recomendaciones de los expertos

Limitar el calentamiento global a 1,5 ºC es una de las pocas llaves que nos permitiría salvar al menos dos tercios de los glaciares inscritos como Patrimonio de la Humanidad, según la UNESCO. 

Los expertos también recomiendan sistemas de monitoreo globales más eficaces, redes de alerta temprana y la preservación de conocimientos tradicionales asociados a estos ecosistemas. La gestión sostenible del agua en las regiones dependientes de glaciares también se vuelve urgente, en un momento en que su desaparición avanza como un río desbocado.

El deshielo no es un fenómeno reciente. Desde 1961, se han derretido más de 9,6 billones de toneladas de hielo glacial, según un estudio de la Universidad de Zúrich. El caso de Groenlandia es especialmente revelador: solo en el verano de 2012 se fundieron el equivalente a 244 millones de piscinas olímpicas. En 2019, esa cifra alcanzó los 224 millones. El retroceso glaciar no solo reconfigura el paisaje ártico, sino que amenaza directamente el equilibrio climático de regiones como Europa.

Y hay más. La retirada del hielo está reconfigurando incluso las fronteras políticas. En 2024, Suiza e Italia tuvieron que redefinir partes de su frontera común debido a la desaparición de glaciares en los Alpes. En el Ártico, los intereses geopolíticos se intensifican a medida que las aguas liberadas del hielo permiten nuevas rutas comerciales y accesos a recursos energéticos. El IIASA advierte que el Ártico será epicentro de tensiones económicas, industriales y hasta militares en las próximas décadas.

En última instancia, la desaparición de los glaciares no solo es una cuestión ambiental o climática: es una cuestión de justicia intergeneracional. Lo que perdamos hoy, lo perderán también quienes aún no han nacido. Por eso, preservar estos gigantes blancos es una forma de proteger nuestra historia, nuestra memoria colectiva y nuestro derecho a un futuro habitable.



via Sergio Parra https://ift.tt/v6fYut9

viernes, 21 de marzo de 2025

Viajes. Así es cómo los gatos usan el campo magnético para orientarse y volver a casa

Los gatos poseen habilidades que a los humanos a menudo nos pasan desapercibidas. Aunque ahora sean animales domésticos, su linaje félido les hace conservar cualidades de sus parientes salvajes, que viven en territorios amplios y han tenido que agudizar sus sentidos para sobrevivir. Algunos son muy evidentes, como el olfato y el oído; pero otros pasan inadvertidos, como es el caso de su percepción de los campos magnéticos.

Y es que el gran sentido de la orientación que poseen los gatos no está sustentado solamente en la observación visual y el reconocimiento de olores: a lo largo de décadas, varios experimentos han demostrado que los campos magnéticos juegan un papel fundamental en su capacidad para orientarse.

Los gatos y el campo magnético

El sentido de la orientación de los gatos es algo que lleva estudiándose desde mediados del siglo XX. En 1954 se realizó un interesante experimento que consistía en colocar a gatos dentro de un laberinto con diversas salidas y observar si lograban llegar a alguna de ellas. Y se observó que no solo lo conseguían, sino que además, la mayoría lo hacía por la salida que estaba orientada en dirección a su casa.

Esto hizo pensar a los científicos que los gatos sabían orientarse de algún otro modo que no fuesen pistas visuales. Entonces realizaron un segundo experimento, pero esta vez les colocaron un collar con un pequeño imán. En esta ocasión, los animales se mostraron más desorientados, lo cual apoyó la hipótesis de que el sentido de la orientación de los gatos estaba vinculado a la percepción del campo magnético.

A lo largo del tiempo el experimento de los imanes se ha repetido con diversas especies, desde vertebrados como tortugas y aves hasta insectos como las polillas, y los resultados en la mayoría de ellos apuntan al mismo resultado: sin la intervención del magnetismo artificial, muchos animales saben guiarse por el campo magnético terrestre. Un caso paradigmático es el de las tortugas, que al salir del cascarón “memorizan” el patrón magnético de la playa donde nacen y, años después, lo utilizan como una brújula para volver a esa misma playa a desovar.

¿Cómo funciona la brújula biológica de los gatos?

Aunque el mecanismo exacto aún no se comprende del todo, hay varias hipótesis que explican cómo los gatos pueden orientarse y encontrar el camino de regreso a casa, a veces incluso después de recorrer largas distancias. Con el tiempo, hay dos hipótesis principales que han sido respaldadas por los estudios.

La primera sugiere que los gatos, al igual que algunas aves y otros mamíferos, tienen en sus células partículas de magnetita, un mineral con propiedades magnéticas. Estas partículas actúan como sensores internos que detectan los campos magnéticos de la Tierra y les proporcionan una referencia direccional, del mismo modo que lo hace una brújula.

La segunda está relacionada con unas proteínas llamadas criptocromos, que están presentes en la retina de los ojos de varias especies de vertebrados. Al recibir luz azul, estas proteínas experimentan una reacción química que genera radicales libres sensibles al campo magnético: esto envía una señal nerviosa al cerebro que lo reinterpreta como información direccional.

Ambas hipótesis no son, de hecho, excluyentes; por ejemplo, las aves migratorias usan los dos mecanismos a la vez. Además, aunque muchos gatos pueden encontrar el camino de regreso a casa (de hecho, raramente se alejan a más de un kilómetro a la redonda), no todos lo hacen con la misma facilidad: factores como la edad, el estrés, las condiciones climáticas o el hecho de ser un gato que nunca ha salido al exterior pueden influir en su capacidad de navegación.

¿Los perros se orientan de la misma manera?

Los perros también poseen criptocromos y se ha demostrado que pueden detectar el campo magnético terrestre y usarlo para guiarse, pero su orientación funciona de manera diferente a la de los gatos. Los perros tienen un sentido del olfato mucho mejor que el de los gatos (300 millones de receptores olfativos frente 200 millones), con lo cual el magnetismo es para ellos un mecanismo de apoyo y no cumple una función tan importante como en otras especies.

Su memoria espacial también funciona de forma distinta. Los gatos son mejores cuando se trata de memorizar rutas precisas, mientras que los perros son más flexibles a la hora de llegar desde un punto a otro explorando caminos diversos. Esto se debe a que usan principalmente el olfato como guía, mientras que los gatos confían más en su sentido de la vista y en la memorización de puntos de referencia. Esto hace que el magnetismo sea para ellos un apoyo mucho más importante de lo que lo es para los perros.

Como consecuencia de estas diferencias, a los perros se les da mejor orientarse a distancias más grandes pero tienen problemas cuando hay olores fuertes que interfieren con su olfato, como el fuego o la gasolina. En cambio, los gatos no sufren tanto estas interferencias pero su capacidad para orientarse disminuye considerablemente si se alejan demasiado de sus lugares de referencia.



via Abel G.M. https://ift.tt/rlK5hMW

jueves, 20 de marzo de 2025

Viajes. Llega la Hora del planeta 2025: ¿cuándo es y cómo participar?

Una de las movilizaciones medioambientales con más implicación a nivel mundial está a punto de ocurrir: hablamos de la Hora del Planeta, una campaña en la que miles de ciudades (o, al menos, algunos de sus emblemáticos edificios) apagarán sus luces con el objetivo de concienciar sobre la urgencia de enfrentar la crisis climática que azota a nuestro hogar, el planeta Tierra.

Esta iniciativa comenzó en Sídney (Australia) en 2007 y hoy en día se lleva a cabo en aproximadamente 187 países, de acuerdo con las cifras de WWF. Además, a medida que ha crecido su influencia, se le han añadido otros proyectos de sensibilización por el medioambiente que van desde carreras en bicicleta, directos en YouTube junto a personajes reconocidos o festivales de música

El año pasado, el movimiento siguió creciendo y aumentó el número de horas: la organización animó a la ciudadanía a realizar visionados de cine ambiental, a dar paseos por el campo, a hacer arte inspirado en la naturaleza ¡e incluso a preparar recetas sostenibles! Veamos qué nos espera en 2025. 

¿Cuándo es la Hora del Planeta 2025?

Este 2025, la Hora del Planeta se llevará a cabo el 22 de marzo, de 20.30h a 21.30h.

ayuntamientos y empresas: unidos por el planeta

Ya se han sumado a la iniciativa 117 empresas, 372 ayuntamientos y 88 organizaciones, según los datos de WWF.

En el caso de España, por ejemplo, una de las acciones más significativas para la Hora del Planeta será el apagado de luces de fachadas icónicas como las de la Catedral de Burgos, el Instituto Cervantes y la Fuente de la Cibeles (Madrid), la Sagrada Familia y la Basílica de Santa María del Mar (Barcelona) o la Alhambra y el Generalife (Granada). 

Pero este no es el único país que participa en la iniciativa. Miles de ciudades en el mundo se sumará al apagón de monumentos: desde la sede de la ONU en Nueva York (Estados Unidos), hasta la Torre Eiffel en París (Francia), sin olvidar otros como el Cristo Redentor de Rio de Janeiro (Brasil) o el Acrópolis de Atenas (Grecia).

Por su parte, las empresas privadas tienen diversas formas de participar en la Hora del Planeta: desde el clásico apagón hasta el desarrollo de campañas creativas ligadas a la causa. Por ejemplo, a lo largo de los últimos años muchas han instalado marquesinas en las paradas de transporte público para concienciar a la población, como también han realizado actividades junto a sus empleados en la fecha.

¿Cómo podemos unirnos a la Hora del Planeta 2025?

Asimismo, el proyecto va acompañado de una campaña, #MiRincónDelPlaneta, que invita a los participantes a enviar, a través de la web de la Hora del Planeta, de aquellos rincones naturales que no queremos perder a causa de la crisis climática: "La playa a la que huimos cada verano, nuestra ruta favorita de trekking, el monte donde jugábamos en la infancia y que hoy recorremos en bici", señala la organización. 

De esta forma, cualquier persona desde cualquier parte del mundo puede sumarse al movimiento.



via Constanza Vacas https://ift.tt/uz70PGx

miércoles, 19 de marzo de 2025

Viajes. Entramos al Archivo Secreto Vaticano y esto es lo que encontramos

Si en lugar de paseos y parterres de césped tuviese un pavimento transparente, el Patio de la Piña de los Museos Vaticanos se convertiría en el lugar más fotografiado de Italia y del planeta entero. En vez de recorrerlo a buen paso en dirección a la Capilla Sixtina, los visitantes se detendrían a contemplar el enrevesado laberinto de pasillos que se despliega bajo sus pies: el corazón del Archivo Secreto Vaticano.

El «búnker», como lo llaman quienes trabajan en él, es un cubo de hormigón armado desti­nado a proteger tesoros de incalculable valor. Cartapacios, libros de familias nobles romanas, registros papales, actas de tribunales eclesiásticos, correspondencia diplomática. Millones de datos y fechas, nombres, hechos. Historias de papas y de ejércitos, de descubrimientos geográficos que cambiaron el rumbo de la historia, vívidos testimonios de católicos devotos y de peligrosos herejes. Un compendio de al menos mil años de historia del mundo.

«En su interior hay 85 kilómetros lineales de estanterías», explica Antonio del Brocco, joven colaborador del Archivo a quien el prefecto, monseñor Sergio Pagano, ha encomendado la misión de guiarnos. Antonio viste un impecable traje azul. Saluda con efusión a todo el mundo que se encuentra por el camino, entre ellos un joven de su edad con bata y escoba: «Hoy le toca a él, pero hace unos días la limpieza la hice yo». Los chicos empiezan desde abajo, trabajan duro y en un ambiente de camaradería. Y aprenden a hacer de todo. «A menudo trabajo también de ayudante en la sala de consultas, el puesto con el que sueño», prosigue Antonio.

Sus colegas y él, todos titulados en archivística por la Escuela Vaticana perteneciente al propio Archivo, tienen la misión de atender las solicitudes de documentos de los estudiosos. Anotan la signatura en un formulario y se adentran en el búnker o en los demás espacios del edificio donde se conservan los documentos originales. Reaparecen una vez han encontrado lo que buscaban.

La Sala del Meridiano, en la Torre de los Vientos, utilizada en otro tiempo para observaciones astronómicas y destinada hoy a funciones de representación del Archivo Secreto.

A las siete de la mañana el Archivo está en plena actividad. Se devuelven a los depósitos decenas de tomos prestados para su consulta el día anterior y se reordenan; todos los encargados van de punta en blanco, e incluso el prefecto y el viceprefecto, el padre Marcel Chappin, un jesuita holandés, están ya en sus despachos.

Dentro de una hora los estudiosos entrarán por la puerta de Santa Ana y procederán a ocupar sus puestos en los bancos para aprovechar al máximo la mañana. De hecho, solo a algunos se les concede el privilegio de regresar por la tarde. Problemas de plantilla. «Piense que otros grandes archivos del Estado italiano cuentan con el doble de personal que nosotros.»

Cada 30 o 35 años las nunciaturas apostólicas, es decir, las representaciones diplomáticas de la Santa Sede repartidas por el mundo, remiten a Roma todos los documentos acumulados. A ellos se suman los aportados por la Curia romana, congregaciones, tribunales y negociados. Una mole impresionante de papeles que se añaden a lo custodiado. En cambio, ya no puede llegar nada de familias particulares. En su día los Bor­ghese, los Rospigliosi, los Boncompagni-Ludovisi eran libres de donar sus archivos al Vaticano, pero desde la Segunda Guerra Mundial el Estado italiano se arroga el deber de tutelar su propio patrimonio documental haciendo valer la posesión iure soli, esto es, por derecho territorial.

La fundación del Archivo Secreto Vaticano

La historia oficial del Archivo Secreto Vaticano comienza en 1612, año de su fundación por parte del papa Paulo V Borghese. La historia oficiosa, empero, comienza antes.

El prefecto tiene ante sí numerosos folios, amarillentos por el paso del tiempo, que lo confirman. Son peticiones de personas que escribían al Papa ya en el siglo XVI (Archivum Secretum significa privado, de exclusiva pertenencia del Pontífice) para solicitar documentos o información, o con las exigencias más variopintas.

«Mire esto, es la petición de un miembro de la familia Cenci que, hallándose procesado, necesitaba una escritura notarial que lo exculpase. Se le respondió que el documento en cuestión no se localizaba. El Archivo remitía copias de todo siempre que podía. Jamás fue una entidad muerta, sino una institución plenamente viva.»

Pocos pueden admirar la cúpula de San Pedro desde lo alto de la Torre de los Vientos, parte del Archivo Secreto y hoy de acceso restringido. La torre fue erigida por orden de Gregorio XIII como observatorio astronómico.

La Iglesia siempre ha considerado imprescindible conservar su propia memoria, desde el mis­mo momento en que las persecuciones pusieron en riesgo su existencia. Así, después del edicto de Constantino en el año 313 d.C. y la consecuente salida de la clandestinidad de la religión cristiana, empezaron a recogerse códices litúrgicos y documentos de registro en unas oficinas administrativas llamadas sacra scrinia. De aquel período no ha sobrevivido nada. Conquistas, incendios y expolios han borrado para siempre la memoria de épocas históricas enteras.

Los documentos más antiguos conservados en el Archivo Secreto datan de los siglos VIII-IX. El Liber diurnus Romanorum Pontificum es el formulario eclesiástico más antiguo, seguido de un pergamino del año 809 que sanciona una donación a la iglesia de San Pietro in Castello en la ciudad de Verona. El acta forma parte del Fondo Véneto, que de por sí conserva cerca de 17.000 pergaminos. Una gota en un océano de documentos pendientes de estudio.

«Tenemos más de 650 fondos y no cesan de llegar otros nuevos –explica el secretario general Luca Carboni–. El archivo de la Secretaría de Estado de Juan Pablo II, por ejemplo, nos ha transferido 15.000 “sobres” (el término técnico para definir los cartapacios). Si calculamos una media de 500 folios por sobre, estamos hablando de 15 millones de páginas. Ya está todo abierto, sellado, paginado y descrito minuciosamente, pero todavía tenemos que reordenar algunos fondos medievales…»

Millones de documentos en el Vaticano

Tras haber explorado el búnker y las salas climatizadas que contienen los pergaminos más valiosos, es hora de hurgar en la historia, a la búsqueda de testimonios directos sobre hechos y personajes que no siempre han hallado un espacio en los libros de texto. «¿Alguna preferencia? –pregunta Carboni–. Lo importante es que la solicitud se haga con bastante antelación, porque tenemos que localizar los documentos.» La elección se circunscribe a dos períodos: los siglos XII-XIV y XVI-XVII. Después de una atenta selección de los temas, parte la orden.

Bastan unas pocas horas para llevar a cabo la operación. Un carrito cargado de rollos y volúmenes aguarda en la penumbra a que unas ma­­nos expertas se pongan a la obra. Uno por uno, el prefecto abre los documentos, los coloca en un atril y comienza a leer en voz alta, avanzando con habilidad a través de unas grafías incomprensibles para cualquier otro lector: «El marqués de la Santa Cruz me dijo ayer que desde Inglaterra le ha llegado noticia de que la Reina está armando 50 buques con más de cinco mil soldados, y que en esa armada hay un Corsario Inglés llamado Drach […]». Era el año 1585: el nuncio de Lisboa escribía al Papa que el corsario inglés Francis Drake suponía un peligro para las naves que viajaban por la ruta portuguesa.

Inicial miniada con el emblema de Rodrigo Borja (1431-1503), el futuro papa Alejandro VI. La página pertenece a la Collectanea del cardenal Nicolás Rossell de Aragón, una colección de documentos que datan del siglo XIV.

Del mismo período, unos años antes, y del Fondo Borghese: «Relación de la jornada de las Equínadas entre la Armada Turca y la Cristiana el 7 de octubre de 1571 referida por el Comendador Romagasso». Se trata de un informe de campaña sobre la batalla de Lepanto librada en aguas griegas por las naves cristianas y otomanas.

Avanzamos por orden no cronológico: monseñor Pagano despliega ante sí dos pergaminos valiosísimos. El primero, inventariado como «Inocencio III convoca la Cruzada» es de 1198; el otro es la bula por la cual, el 2 de mayo de 1312, Clemente V transfería los bienes de la Orden de los Templarios a los Hospitalarios de San Juan de Jerusalén, la actual Orden de Malta. Avanza un poco en el tiempo para localizar noticias de la muerte del pintor Caravaggio en una carta que el obispo de Caserta envió el 29 de julio de 1610 al cardenal Scipione Borghese.

En el archivo todo es secreto, nada es desconocido. Como sucede con todos los archivos de Estado, los documentos no adquieren estatus de consultables hasta que ha transcurrido el período de rigor desde que se producen los hechos. En el Vaticano se trabaja por pontificados: actualmente pueden consultarse las cartas del de Pío XI, fallecido en febrero de 1939. Sigue vedado el polémico período de Pío XII: los años de la Segunda Guerra Mundial, el Holocausto, los albores de la Guerra Fría.

«Estamos estudiando esos documentos; en estos momentos vamos por 1948-1949. Harán falta por lo menos tres años para terminar el trabajo. Hay que tener paciencia», insiste el prefecto. Algunos documentos, útiles por ejemplo para localizar personas dispersas o refugiadas en el seno de la Iglesia, ya se han desclasificado. Más recientemente, Pablo VI quiso que todas las actas del Concilio Vaticano II (1962-1965) se publica­sen de inmediato.

¿Cómo trabaja un archivero?

Giuseppe Lo Bianco, por poner un ejemplo, está ordenando los despachos enviados por la nunciatura de Varsovia entre los años 1921 y 1939. Su gabinete, situado en la segunda planta «noble» del Archivo, uno de los más antiguos del edificio, consta de un sencillo escritorio rodeado de armarios de madera del siglo XVII, cada uno rotulado con su etiqueta identificativa: «España», «Portugal», «Malta», «Lucerna», «Polonia»… Contienen la co­­rrespondencia entre la Santa Sede y sus nuncios.

En los legajos que hay sobre la mesa, una palabra se repite con insistencia: «Rusia». «Se refiere a la época inmediatamente posterior a la revolución bolchevique, a las persecuciones contra obispos y religiosos –explica Lo Bianco–. He en­­contrado muchos expedientes relativos a eclesiásticos encarcelados y condenados a muerte.» Cuando concluya la investigación, todos esos documentos podrán prestarse para su consulta.

El archivero Giuseppe Lo Bianco ante algunos volúmenes del archivo de Francia de los siglos XVII y XVIII. Los armarios datan del XVII, cuando Alejandro VII amplió el Archivo Secreto abriendo las Salas Chigi.

Descender a los pisos inferiores del Archivo es casi un viaje a través del tiempo que acaba de­­teniéndose una vez más en los tristemente célebres templarios. Aquí no falta información sobre los caballeros más misteriosos de la historia.

Alessandro Rubechini y Maurizio Vinelli son dos expertos restauradores. Uno manipula con delicadeza el extremo de un enorme rollo de pergamino mientras el otro acerca una lámpara de luz ultravioleta que hace resaltar la tinta desvaída por el tiempo y perdida tras mohos seculares. Se trata de una pieza única en el mundo: las actas del proceso contra los caballeros de la Orden del Temple, celebrado entre 1308 y 1310 bajo el papado de Clemente V. Una sucesión de 80 pergaminos cosidos entre sí para formar un cuerpo único de 56 metros de longitud.

El objetivo principal de los restauradores era poner coto a las bacterias que estaban creando una pátina violácea en la superficie de los pergaminos. Pero los técnicos también aprovecharon la ocasión para verificar el estado de los parches aplicados en los puntos donde había agujeros. «Hace 50 años nuestros predecesores usaron un tipo de pergamino incompatible con el original por tipología y grosor, lo que ha creado tensiones en el documento que podrían traducirse en roturas», explica Vinelli. El rollo, por lo tanto, está sometido a una vigilancia especial.

Detrás de una puerta se abre el gran laboratorio de Luca Becchetti, especialista en sigilografía, la ciencia de los sellos. Trabaja en completa soledad, sin colegas ni colaboradores. Heredó esta pasión de su padre, también experto en la materia. Sobre dos mesas el erudito ha extendido decenas de sellos de cera, de plomo y de papel para estudiarlos y compararlos. Al terminar introducirá los detalles en la base de datos de su ordenador, que contiene ya cerca de 10.000 registros. Meticuloso, retira minúsculas impurezas de los yelmos, gualdrapas y caballos grabados en los sellos.

Documentos con sellos de cera virgen

«Los más delicados son los sellos de cera virgen, porque tienden a deshidratarse y desmenuzarse –explica–. Los de plomo, conservados durante años en estuches de madera o en cartones, sufren otro proceso de degradación llamado carbonatación, que conduce a su lenta desintegración. Mi misión es diagnosticar el problema y resolverlo, sin intervenir en la iconografía.»

Entre los «descubrimientos» más recientes de Bechetti, una orden de pago cursada por el papa Paulo III Farnesio en favor de Benvenuto Cellini, el orfebre más importante del siglo XVI, por confeccionar el molde de su sello pontificio («pro manifactura plumbi apostolici»). Una pequeña anécdota histórica que confirma que ni siquiera los grandes maestros hacían ascos a aventurarse en el arte de los sellos.

El restaurador Maurizio Vinelli trabaja en un mapa del Tíber del siglo XVIII donde aparecen representados los niveles de crecida del río en las secciones de cada uno de los puentes de la Ciudad Eterna.

Uno de los lugares más protegidos del Archivo es la cámara acorazada subterránea que custodia los sellos de oro remitidos al Vaticano por soberanos de toda Europa. «Son unos ejemplares únicos, todos ellos repujados», prosigue el restaurador, mientras extrae de un estuche un pergamino del 1 de octubre de 1555 del que pende el emblema del rey de España Felipe II. Un sello de ochocientos gramos de peso, más de once centímetros de diámetro y siete de grosor. «Se manufacturó con el oro robado a los incas por Francisco Pizarro.»

Bechetti es capaz de identificar los sellos con una facilidad pasmosa y de distinguir si los documentos son auténticos o falsos. Su especialidad tiene escasos seguidores: «En Italia, únicamente se enseña en tres o cuatro universidades». Al margen, claro está, del Vaticano. «Fue el papa León XIII quien abrió el Archivo Secreto a los investigadores en 1881 –cuenta Carboni–, y tres años después fundó la Escuela Vaticana de Paleografía, Diplomática y Archivística. En un principio atraía predominantemente personal eclesiástico, pero en la actualidad los estudiantes son en su gran mayoría seglares.»

En la asignatura anual de iniciación a la archivística se matriculan todos los años 72 alumnos divididos en dos clases. Casi todos son mujeres. Para acceder se exige una licenciatura en cualquier disciplina y una carta de presentación de un docente universitario o de un prelado. El aula en la que se imparten las clases cuenta con puestos informáticos en los cuales los alumnos comienzan a familiarizarse con los documentos antiguos. «Al principio se asustan –comenta Carboni–. En la primera clase se les pone delante un texto en lengua vulgar. Con el tiempo comprenden que aquí tienen la oportunidad de practicar con documentos que no encontrarán en ningún otro archivo del mundo. Créame, de aquí salen todos sabiendo leer perfectamente…»

Trabajar en el Vaticano

Todos los años se propone a los 15 mejores alumnos del curso para unas prácticas en el Archivo Secreto. Contratar personal nuevo en estos momentos es imposible a causa de la crisis económica mundial, que, según afirman los responsables del Archivo, también se percibe en el Vaticano. «No podríamos pagar a nuevos em­­pleados –sostiene el prefecto–. Nuestros ingresos son mínimos: solo un poco de merchandising y algún que otro souvenir que se vende a los turistas.» Tres salas del Archivo, situadas en la primera planta noble, están abiertas al público: se accede a ellas desde el Salón Sixtino de los Museos Vaticanos. «Ingresamos algo de dinero por las tareas de digitalización o fotocopiado de los documentos que solicitan los estudiosos, pero aparte de eso el servicio que ofrecemos es totalmente gratuito.»

Los restauradores Alessandro Rubechini (en la parte inferior de la foto) y Maurizio Vinelli estudian el rollo de 56 metros de longitud que contiene las actas del proceso a los templarios (1309-1311).

Además de asistir a los eruditos que viajan a Roma, el Archivo cursa todos los días decenas de correos y cartas con solicitudes de todo tipo.

«La novela Ángeles y demonios de Dan Brown y la película basada en ella nos han dado mucho trabajo –bromea Marco Grilli, secretario del pre­fecto–. Hemos recibido cientos de peticiones de visita; la gente cree que va a descubrir aquí vaya usted a saber qué secreto.» Por delante de todo, a años luz de distancia, lo que más se solicita si­­gue siendo lo relacionado con el Santo Grial y los Templarios, con algunas variaciones interesantes.

«Mire, un correo electrónico de hoy mismo –continúa Grilli–. Piden información sobre las cartas de Poncio Pilatos relativas al juicio de Jesús. También hay quien escribe solicitando una cita con el Papa, y otros que lo hacen insultando por el escándalo de los curas pedófilos. Nos tienen por destinatarios de toda la correspondencia de la Santa Sede.»

También llegan solicitudes concretas, por ejemplo, a propósito de la concesión de títulos y condecoraciones a algún abuelo. Son muchos los que van en pos de credenciales que les franqueen el acceso a alguna orden caballeresca.

«Una persona envió la foto de un familiar –relata Grilli–. Por lo que escribía, ese pariente debía de tener una relación estrecha con el papa León XIII; quizá fuese un cargo importante de la administración pontificia.» Pero hechas las comprobaciones necesarias se descubrió que el señor en cuestión era «mozo de cámara y limpiador privado»: en la práctica, un criado del Papa. Otro pequeño secreto entre los muchos que quizá sigan ocultos en el corazón del Archivo.

Este reportaje se publicó originalmente en el número 306 de la revista National Geographic en junio de 2012.



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martes, 18 de marzo de 2025

Viajes. El milagro del Pacífico: un pescador peruano sobrevive 95 días a la deriva

El océano es un lugar mucho más inhóspito de lo que parece. Que se lo digan a Máximo Napa Castro, un pescador peruano de 61 años. Lo que debía ser una travesía de dos semanas en alta mar se convirtió en una odisea de 95 días que desafió los límites de la resistencia humana. 

Náufrago en el inmenso Pacífico, sin más compañía que su voluntad inquebrantable, logró sobrevivir alimentándose de lo que el mar y el aire le ofrecían: tortugas, aves y hasta cucarachas. Una historia con claras reminiscencias a El viejo y el mar de Ernest Hemingway.

El 7 de diciembre, Napa partió desde Marcona, en la costa sur de Perú, con la esperanza de un regreso seguro. Sin embargo, apenas diez días después, una tormenta lo lanzó al olvido, alejándolo de su ruta y dejando su destino en manos de las corrientes y el azar

Su familia, angustiada, inició la búsqueda, pero los patrullajes marítimos no lograron hallarlo. Así comenzó un viaje de incertidumbre y desesperación.

una historia de SUPERVIVENCIA

Con los víveres agotándose rápidamente, Napa Castro tuvo que recurrir a su instinto de supervivencia. Capturaba agua de lluvia en su bote para no sucumbir a la deshidratación y cazaba aves marinas cuando podía. Pero con los días, la escasez lo obligó a medidas extremas

La carne de tortuga se convirtió en su principal fuente de alimento, mientras que los insectos le proporcionaban un mínimo de nutrientes. En los últimos 15 días, su cuerpo resistió sin comida, alimentado solo por la esperanza y el recuerdo de su familia.

Su fe y la imagen de su madre fueron su ancla en medio del vacío oceánico. "Pensaba en ella todos los días", confesó al ser rescatado. Con su nieta de apenas dos meses esperándolo en casa, la idea de verla crecer le dio fuerzas para seguir adelante. Pero cada día era una batalla contra el hambre, la sed y la desesperanza.

EL AVISTAMIENTO

El destino quiso que su historia no terminara en el olvido. A más de 1.000 kilómetros de la costa, el barco ecuatoriano Don F avistó su pequeña embarcación y lo rescató en estado crítico. 

Deshidratado y debilitado, pero vivo, Napa Castro fue trasladado a la localidad de Paita, cerca de la frontera con Ecuador, donde recibió atención médica antes de volar a Lima. Allí, en el Aeropuerto Internacional Jorge Chávez, su hija Inés lo recibió entre lágrimas y con una botella de pisco en la mano, símbolo del regreso a casa.

En San Andrés, su pueblo natal en la región de Ica, la noticia de su regreso fue celebrada con júbilo. Calles decoradas y abrazos interminables marcaron su retorno

Su familia, que temía haberlo perdido para siempre, decidió honrar su resistencia con una celebración especial: un cumpleaños atrasado, ya que, durante su travesía, su única comida en esa fecha fue una galleta solitaria. "Para nosotros, ha vuelto a nacer", expresó su sobrina Leyla Torres Napa.

OTROS CASOS

Casos como el de Napa Castro no son únicos en la historia. En 2014, el pescador salvadoreño José Salvador Alvarenga pasó 14 meses a la deriva, sobreviviendo de manera similar. Y en 2023, el ruso Mikhail Pichugin fue rescatado tras más de dos meses perdido en un bote inflable en el mar de Ojotsk. Estas historias, lejos de ser simples relatos de resistencia, son testimonios del espíritu humano ante lo imposible.

Su hija Inés, quien vivió meses de angustia esperando un milagro, expresó su gratitud en redes sociales: "Gracias, hermanos ecuatorianos, por rescatar a mi papá. Dios los bendiga". Su abuela, en cambio, había comenzado a perder la esperanza, pero ahora celebra un reencuentro que parecía inalcanzable.

Hoy, Máximo Napa Castro no solo es un superviviente, sino un símbolo de la lucha incansable por la vida. Su historia, escrita en las olas del Pacífico, nos recuerda que, incluso en la inmensidad del océano, la esperanza puede ser la brújula que nos lleve de vuelta a casa.



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jueves, 6 de marzo de 2025

Viajes. 5 cosas sobre el iceberg A23a que debes conocer

El iceberg más grande del mundo, A23a ha encallado en aguas poco profundas en la isla de Georgia del Sur, morada de millones de pingüinos y focas, según informaron representantes del British Antarctic Survey (BAS).

Los científicos están estudiando ahora si el enorme iceberg va a contribuir con nutrientes a la zona y hacer que la comida esté más disponible para estos animales. Pero, ¿qué sabemos de este megaberg?

Data de la década de 1980

Es el iceberg más grande y viejo del mundo. Este colosal bloque de hielo se desprendió de la plataforma de hielo Filchner-Ronne de la Antártida occidental (que mide unos 430.000 kilómetros cuadrados, siendo la segunda barrera de hielo más grande del planeta) en 1986, hace casi cuatro décadas. Si bien permaneció anclado al lecho marino durante más de 30 años porque la base seguía sujeta al fondo del mar de Weddell, finalmente se separó de la gran plataforma y comenzó a adentrarse en aguas abiertas. Según los expertos, se encontraba a la deriva desde agosto de 2020 y su desplazamiento no está vinculado al cambio climático.

¿Cómo es de grande el iceberg?

Tiene un tamaño cercano a la mitad de la superficie de la ciudad de Barcelona o más del doble del tamaño del Gran Londres, con una extensión cercana a los 3.234 km² y pesa casi un billón de toneladas métricas. Además, tiene un espesor de aproximadamente 400 metros, lo que lo ubica como uno de los cuerpos flotantes más pesados de la Tierra. Hasta ahora, ha permanecido más bien intacto. Salvo un trozo de 19 kilómetros de largo que se desprendió en enero, las imágenes de satélite sugieren que no se está desmoronando en trozos.

Está en movimiento y vuelve a estar 'atrapado'

Tras separarse de la plataforma Filchner-Ronne comenzó a desplazarse hacia el norte y en 2024, giró alrededor de una montaña submarina durante meses. Eso sí,  se movía desde diciembre, impulsado por poderosas corrientes oceánicas. Cuando se creía que no iba a haber más novedades en algún tiempo, los científicos descubrieron que el sábado 1 de marzo se había quedado varado a unos 70 kilómetros de la costa de Georgia del Sur, una aislada isla del Atlántico.

su Impacto en la vida silvestre

Cuando se supo que A23a podría dirigirse hacia Georgia del Sur, los conservacionistas temieron que pudiera impedir que la fauna local pudiera alimentarse adecuadamente. Sin embargo, si el iceberg simplemente se queda varado en alta mar, algunos expertos señalan que en realidad puede aportar algo positivo, mejorando los nutrientes del ecosistema local.

Esto sucedería porque, a medida que se derrite la parte que roza el fondo marino, liberaría nutrientes que sustentan las floraciones de krill que son esenciales para las focas, los pingüinos y otras especies marinas.

¿Se quedará ahí atascado para siempre el iceberg? El problema sería si el iceberg comienza a fragmentarse en trozos pequeños que dificulten o compliquen tanto el viaje como la pesca de las especies.

Qué pasará con el iceberg A23a

La realidad es que su destino es incierto aunque los expertos apuntan a que, probablemente, se desplazará hacia regiones más cálidas del Atlántico y acabe por romperse en estas regiones. La historia nos ha demostrado que el sino de los icebergs que pasan por esta ruta marítima es romperse y derretirse y, en algún momento, desintegrarse por completo.

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