miércoles, 21 de enero de 2026

Viajes. Hacer senderismo tiene un precio. Uno que las águilas españolas están pagando muy caro

Pasar el domingo haciendo senderismo y disfrutando de la naturaleza es una actividad muy saludable y, a simple vista, inocua. Sin embargo, lo que para nosotros es un día de diversión, desconexión y ejercicio físico, tiene impacto en la fauna salvaje. Especialmente, para las águilas reales (Aquila chrysaetos) y perdiceras (Aquila fasciata) que habitan en la península ibérica, para las cuales puede llegar a representar un auténtico desafío de supervivencia. Así lo refleja un estudio llevado a cabo mediante la colocación de transmisores GPS a estas aves, cuyos resultados dejan claro que no nos ignoran, sino que nos temen.

La investigación ha sido liderada por el doctor Pascual López-López, profesor titular de Ecología de la Universidad de Valencia, y confirmó que las águilas no son ajenas al tránsito de personas por los bosques. Así lo ha contado en una reciente entrevista concedida al medio The Guardian, en la cual ha descrito cómo funciona el efecto fin de semana y vacaciones. Y es que, durante los sábados y domingos, la afluencia de visitantes a parajes protegidos se multiplica, lo que obliga a estas aves a ampliar su radio de acción y a viajar distancias mucho mayores para encontrar alimento.

Impacto en la reproducción

La interferencia humana no solo dificulta el acceso a alimento por parte de las águilas. También les roba más energía y pone en peligro la viabilidad de sus poblaciones. “Antes simplemente pensábamos que las águilas ignoraban a la gente en el bosque”, indicó el doctor López-López, para después añadir que la afluencia de visitantes provoca un “acoso involuntario” que deriva en el “abandono de los nidos si hay demasiada perturbación”.

La dificultad para capturar presas aumenta considerablemente cuando los humanos transitan por zonas sensibles, ya que las especies que sirven de alimento también huyen despavoridas. Esta situación obliga a las rapaces a realizar un sobreesfuerzo que, en muchos casos, resulta insostenible durante la época de reproducción.

¿Quiere decir esto que deberíamos dejar de visitar espacios naturales como parte de nuestro tiempo de ocio? La respuesta es que no, ya que este tipo de actividades ayuda también a crear conciencia acerca de la importancia de la biodiversidad. Sin embargo, queda claro que es necesaria una regulación más efectiva de los espacios naturales, cuyo objetivo sea proteger los ciclos biológicos de la fauna ibérica.

Otros riesgos para las rapaces ibéricas

Por su parte, se ha puesto de manifiesto una alarmante tasa de mortalidad vinculada con las infraestructuras. Especialmente, con los tendidos eléctricos. El seguimiento GPS de las águilas perdiceras en la provincia de Valencia ha revelado que la electrocución es una de las causas más frecuentes de fallecimiento. Según confiesa López-López, su equipo no era consciente de la magnitud del problema antes de llevar a cabo esta investigación.

En concreto, se calcula que en España fallecen anualmente cerca de 33.000 aves de presa debido al contacto con cables de alta tensión. Este problema se agrava con el desarrollo de energías renovables mal planificadas, que han provocado la muerte de 9.000 buitres leonados (Gyps fulvus) por colisiones contra molinos eólicos. En este sentido, el investigador se manifiesta “a favor de las energías renovables”, pero afirma que se necesita “una mejor planificación a la hora de elegir las áreas de implementación”.

Las estrategias de conservación

La ciencia propone varias soluciones técnicas para mitigar estas amenazas. Entre ellas, la adecuación de los tendidos eléctricos para evitar descargas accidentales. Por ejemplo, en el Parque Nacional de Doñana, las actuaciones sobre la red eléctrica orientadas hacia este objetivo han logrado reducir los fallecimientos del águila imperial en un 97%.

Además, la protección de estas especies requiere un compromiso firme contra el uso de venenos y la persecución directa por parte de colectivos específicos. El GPS permite ahora identificar puntos negros de caza ilegal y accidentes de forma inmediata, facilitando una respuesta rápida de las autoridades competentes. “No es una cuestión de prohibición, sino de regulación”, concluyó López-López, haciendo hincapié en la necesidad de encontrar el equilibrio entre el disfrute de la naturaleza y el respeto a la vida salvaje.



via Rubén Badillo https://ift.tt/uo0ZG89

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