La élite económica mundial, que puede definirse como el 1% más rico de la población del planeta, agotó su presupuesto de carbono anual de 2026 el pasado 10 de enero. Así lo asegura el informe Climate Plunder: How a powerful few are locking the world into disaster (en español, Saqueo climático: cómo unos pocos poderosos están condenando al mundo al desastre), elaborado y publicado por la organización Oxfam a partir de datos recopilados por el Stockholm Environment Institute.
Pero ¿qué es el presupuesto de carbono? Como se afirma en el artículo, se trata de la cantidad de dióxido de carbono que la humanidad puede emitir a la atmósfera para no superar el umbral de calentamiento de 1,5 grados, que se considera el límite seguro. Posteriormente, esa cifra se reparte entre los más de 8.000 habitantes de la Tierra, asignando a cada miembro una cifra concreta. Mientras que la mayoría de la humanidad mantiene una huella reducida, los individuos con mayores recursos poseen un estilo de vida y realizan unas inversiones que pulverizan cualquier límite de sostenibilidad ambiental.
Una desigualdad más que evidente
Si la muestra se reduce aún más, aplicándose solo al 0,1% de la población más rica, los datos son aún más alarmantes: esas pocas personas agotaron su presupuesto de carbono el pasado 3 de enero. Según Nafkote Dabi, responsable de política climática en Oxfam, “esta investigación demuestra que los gobiernos tienen una ruta muy clara y simple para reducir drásticamente las emisiones de carbono y abordar la desigualdad: mirar a los contaminadores más ricos”.
Esta desproporción implica que las personas con mayor patrimonio generan en un solo día más contaminación que el 50% más pobre durante todo un año. Para cumplir con los objetivos fijados para 2030, este grupo de élite debería reducir sus niveles de polución en un 97%. El informe recalca que no se trata solo de decisiones individuales, sino del poder económico que ejercen sobre sectores estratégicos del mercado internacional.
Impacto en la salud y en la economía
La huella ecológica de este sector privilegiado tiene consecuencias letales, ya que se calcula que sus emisiones anuales causarán 1.300.000 fallecimientos por calor extremo antes de que acabe el siglo XXI. Además, el daño financiero acumulado en los países con menos recursos alcanzará los 44 billones de euros en 2050.
Por su parte, las inversiones de los multimillonarios en industrias pesadas y combustibles fósiles generan una media de 1,9 millones de toneladas de dióxido de carbono por cada cartera de activos. Esta estructura financiera perpetúa el calentamiento global, mientras que el uso de jets privados y embarcaciones de lujo agrava la situación. La huella de una semana de uso de un superyate equivale a la contaminación de toda la vida de un ciudadano humilde.
¿La fiscalidad como solución?
Para corregir este rumbo, el organismo propone la creación de un impuesto a los beneficios excesivos para las empresas petroleras, de gas y de carbón. Esta medida fiscal podría recaudar aproximadamente 400.000 millones de euros en su primer año de aplicación, una cifra necesaria para sufragar las pérdidas climáticas. También se plantea gravar o incluso prohibir los artículos de lujo con más impacto en el clima.
Evidentemente, la presión ejercida por los 1.600 representantes de las compañías energéticas en las cumbres internacionales dificulta la adopción de acuerdos ambiciosos para proteger el medio ambiente. Sin embargo, sin una intervención directa, parece difícil que consigamos no superar el punto de no retorno climático.
via Rubén Badillo https://ift.tt/R12yBpM
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