Los picos de El Maldito y la Tuca de Culebras, en el macizo de la Maladeta, en la provincia de Huesca, forman parte de la mayoría de las rutas de los montañeros aficionados a la escalada. No es para menos, pues estas dos cimas escarpadas cuentan con un desnivel positivo de más de 1.000 metros y una altura que supera los 3.000 metros.
Sin embargo, ello no es motivo suficiente como para que se los considere tresmiles; a tenor de una nueva medición llevada a cabo por un equipo de topógrafos catalanes, los ha desbancado de esta clasificación. ¿Cómo es posible que picos tan emblemáticos estén mal catalogados? En caso afirmativo, ¿dónde está el error —o los errores— de medición? He aquí la explicación:
La noticia saltó a la palestra hace unos meses y causó un auténtico bombazo en el mundo del alpinismo. No es para menos, pues cualquier montañero que se haya abierto paso hasta sus escarpadas cimas no podrá decir más que ha coronado un codiciado tresmil.
Las nuevas mediciones llevadas a cabo con un equipo de topógrafos catalanes se engloban dentro de un proyecto más amplio que busca actualizar, siguiendo criterios científicos, las más de 200 cimas de más de 3.000 metros que se encuentran en los Pirineos. Una iniciativa hercúlea que no solo tiene en cuenta la medición de la altitud de los picos, sino también variables geográficas como la orografía, así como la prominencia. Una buena noticia para otros montañeros. Las nuevas mediciones que han desbancado a estos dos picos han incluido a otro pico: la Punta de La Lit dentro de esta categoría: la tuca de la Lit, también llamada Tuca de Llardaneta y otra cumbre bautizada como "cima_234".
Tecnología de precisión
Sostremetries es una iniciativa formada por 5 amigos topógrafos que, 20 años después de acabar sus estudios, decidieron combinar su profesión con su pasión por la montaña. "Decidimos enfocarnos en el punto de vista más romántico de la profesión y reprender la medición de las montañas como lo hicieron muchos antiguos topógrafos del siglo XIX”, explica a National Geographic uno de sus miembros: David Segura, ingeniero técnico de la UPC y graduado en topografía y geomática.
Todo empieza con una recopilación de datos sobre el terreno. “Plantamos dos antenas receptoras GNSS y, de forma simultánea, durante un mínimo de unos 30 minutos, registramos los datos que emiten todos los satélites de posicionamiento que pasen sobre la bóveda celeste en ese momento”, explica. Una de ellas la colocan en el punto más alto de la cumbre en cuestión, y la otra en el punto que marca la prominencia. ¿Por qué dos antenas? “Porque nos permite realizar una medición simultánea que cancelará la gran parte de los pequeños errores sistemáticos y nos permite afinar mucho más en la exactitud”, afirma Segura.
Mediciones imprecisas
Por supuesto, ellos no son los primeros en elaborar listas de altitudes. Encontraron hasta 15 listas elaboradas a lo largo de los últimos siglos, como las listas Henri Reboul y Jacques Vidal o Chausenque, datadas del siglo XIX. Una de las últimas la publicó un equipo llamado Los Cazafantasmas, un grupo de alpinistas con mucha experiencia en los Pirineos que hace años empezaron a revisar aquellas listas antiguas con la intención de depurar posibles errores.
El problema: según el equipo de topógrafos, prácticamente, todas ellas se basan en la cartografía existente. Esto es, son un recopilatorio de cotas ordenadas en función de los valores de altitud. Sin embargo, descubrieron que no cumplían con los parámetros de precisión.
“No queremos decir que los mapas sean incorrectos, lo que ocurre es que su función no es la de establecer las altitudes precisas, sino orientarnos y trazar recorridos eligiendo la mejor ruta. En definitiva, ir de un punto al otro. Por tanto, toda la información que se recoge en ellos está limitada a este único propósito -sostiene Segura- quien apunta que, aunque los métodos son muy válidos, adolecen de falta de precisión y errores en la medición.
Tres de cada cuatro cimas tienen un error de entre 5 y –5 metros, mientras que 1 de cada 4 tiene un error de más de 5 metros.
Errores de medición
Por ejemplo, errores de altitud. Distintas consultas dan lugar a diferentes cotas para una misma cima, sin tener la certeza cuál de ellas se aproxima más al valor real. Por si esto fuera poco, las listas oficiosas, basadas en la cartografía, encierran errores de medición que quedan a la palestra tras comparar esos datos con los resultados de las mediciones del LiDAR, acrónimo en inglés por Light Detection and Ranging). En este sentido, descubrieron que tres de cada cuatro cimas tienen un error de entre 5 y –5 metros, mientras que 1 de cada 4 tiene un error de más de 5 metros, lo que equivale a un error absoluto de 10 metros.
Estos no fueron los únicos errores contabilizados por el equipo de Sostremetries. En ocasiones también se acumulan errores de ubicación, y falsos picos. En el primero de los casos se localizan puntos que no corresponden al pico más alto de la montaña, sino a la cota más próxima al topónimo. En el segundo, se incluyen picos que cuentan con una prominencia (esto es, la altura relativa de una montaña respecto de su entorno, o dicho de otro modo, los metros que hay que descender desde una cumbre para poder empezar a escalar otra más alta)... He aquí quid de la cuestión a la hora de decidir la clasificación de un pico.
En este sentido, los miembros de Sostremetries establecieron que un tresmil debería tener como mínimo 10 metros de prominencia que se establecía en la lista de Bruyse, un criterio validado por la Unión Internacional de Asociaciones de Alpinismo (UIAA).
Tecnología de precisión para medir distancias
En este sentido, lo que realmente marcó la diferencia fueron las mediciones del LiDAR. A diferencia del sónar de un barco, esta tecnología emite pulsos de luz, que impactan contra los objetos y vuelven al origen, registrando el tiempo transcurrido en este viaje, lo que permite calcular la distancia hasta el objeto.
Esta tecnología permite cubrir coordenadas (X-Y-Z) para más de 10 puntos/m2. “Para hacernos una idea –afirma Segura—, en una sierra como el Pirineo, estamos hablando de más de 10.000 millones de puntos, mucha más información de la que puede procesar un ordenador de sobremesa.
El LiDAR nos proporciona registros de más de 10.000 millones de puntos, más información de la que procesa un ordenador.
Y es aquí donde el equipo de Sostemetries consigue rizar el rizo. De todos los datos obtenidos por el LiDAr, filtran toda la información y se quedan únicamente con aquel terreno que supera los 2.800 metros de altitud, lo que reduce significativamente los datos a analizar. No solo eso, la ausencia de árboles a partir de esta altitud permite al equipo científico elaborar un Modelo Digital del Terreno (MDT) muy similar a la realidad, tal y como se muestra en la imagen siguiente.
A partir de ahí, realizando los ajustes pertinentes, los expertos pueden detectar de forma automática todas las cumbres del Pirineo con una absoluta precisión, y determinar así las prominencias correspondientes. Una vez obtenido este dato, elaboraron una lista propia sobre la que obtuvieron los siguientes datos:
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766 puntos culminantes por encima de los 3.000 m con una prominencia superior a los 3 m. De los cuales:
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486 cumbres de más de 3.000 m de altitud, pero con menos de 8 m de prominencia. Insuficiente para considerarlas un tresmil.
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171 cumbres que tienen una altitud superior a los 3.000 m y más de 12 m de prominencia. Lo que las califica oficialmente como tresmiles.
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24 cimas bajo estudio detallado.
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86 cimas por encima de los 3.000 m de altitud con una prominencia de entre 8 y 12 m, en las que se realizaron mediciones topográficas más precisas, esto es, centimétricas, para garantizar si entran o no en nuestra lista.
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Se trata de una lista completamente nueva, pues, según afirman sus autores, se basan en datos y resultados que no han sido recogidos en ningún estudio anterior. En otras palabras, es un proyecto partido de cero. "Como ingenieros en geomática y topografía, nos hemos centrado en criterios objetivos (como la altura y la prominencia) y en medidas de precisión", afirma el experto.
El trabajo de Sostrimetries, totalmente altruista, tiene como fin visibilizar estos errores de topografía, pero también dar a conocer una profesión tan fascinante como invisibilizada, tan desconocida como esencial para ponderar el peso específico real de una montaña. Un trabajo hercúleo para el que cuentan con ayuda de patrocinadores, como el proveedor de equipos de geolocalización GNSS EMLID Mendilur, el soporte técnico Aplitop, el equipamiento deportivo de la marca Montanyà y el Colegio Oficial de Ingenieros en Geomática y Topografía de Euskadi-Navarra-Aragón-La Rioja), pero que se consigue únicamente con dos valores tan potentes como intangibles: la consistencia de los datos y la perseverancia de unos amantes incondicionales de la montaña.
via Sergi Alcalde https://ift.tt/p28fuVN
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