Los primeros barcos de vela se remontan a varios miles de años antes de Cristo. Si bien los primeros indicios de este tipo de embarcaciones datan de hace más de cinco mil años, está mejor documentado que en el Antiguo Egipto (3.000 a. C.), se usaban barcos con velas cuadradas en el río Nilo para aprovechar los vientos predominantes y transportar tanto mercancías como personas. En Mesopotamia y el golfo Pérsico se desarrollaron vehículos similares para el comercio marítimo, y los fenicios los perfeccionaron para navegar en mar abierto.
En Grecia y Roma, estos barcos de vela se combinaron con remos para mejorar la maniobrabilidad. Más tarde, en la Edad Media, aparecieron nuevos tipos de vela, como la vela latina, capaces de navegar contra el viento. Y ya en los siglos XV-XVII, marcados por los descubrimientos, las carabelas, naos y galeones permitieron realizar viajes transoceánicos. De este modo, Colón logró descubrir América y Magallanes el Estrecho de Magallanes (el paso natural entre los océanos Atlántico y Pacífico).
Si bien los barcos de vela se siguen utilizando mucho en la actualidad, su papel principal ya no es el de transporte de pasajeros o mercancías, sino que está más relacionado con las actividades deportivas, recreativas y de lujo. También han incorporado innovaciones, como los sistemas de propulsión asistida por el viento, para ser más eficientes y ecológicos. Justamente, esto es lo que podría revolucionar los buques de carga.
Los cilindros CoFlow Jet reducirían drásticamente la necesidad de diésel
La mayoría de los buques de carga que surcan los mares y océanos para transportar mercancías están propulsados principalmente mediante motores diésel muy potentes que mueven una hélice (o varias, dependiendo del modelo), la cual empuja el agua hacia atrás generando un empuje hacia adelante. Hay sistemas más modernos que utilizan propulsión eléctrica o híbrida, así como tecnologías más avanzadas como propulsores azimutales (giran 360 º) y velas rígidas para asistencia eólica.
Por ejemplo, CoFlow Jet (CFJ, por sus siglas) en barcos es una innovadora tecnología que usa cilindros gigantes que giran (velas rígidas), inspirados en el efecto Magnus y la aviación, para generar propulsión usando el viento y, así, reducir drásticamente la necesidad de combustible y las emisiones de carbono. El objetivo es crear una forma de navegación auxiliar eólica mucho más eficiente para los buques de carga y grandes navíos, que como hemos comentado suelen utilizar motores diésel para navegar.
GeCheng Zha, profesor de ingeniería aeroespacial y director del Laboratorio de Aerodinámica y Dinámica de Fluidos Computacional de la Universidad de Miami, quiere con su trabajo ayudar a que los enormes buques de carga sean más ecológicos, y para ello va a utilizar el «poder» del viento. “Lo viejo se vuelve nuevo. Con los avances tecnológicos actuales, la propulsión eólica es una alternativa eficiente a los motores diésel. Y su principal ventaja es que es respetuosa con el medio ambiente”.
El investigador añadió que este sistema es “una forma eficaz de descarbonizar la industria naviera, responsable de aproximadamente el 3 % de las emisiones globales de gases de efecto invernadero”. Zha está desarrollando los cilindros gigantes que se montarían en las cubiertas de los buques de carga y que generarían empuje succionando, presurizando y expulsando aire en una dirección diferente.
Cada cilindro es gigantesco, de varios pisos de altura. No obstante, su tamaño no sería un problema, ya que podrían bajarse para permitir a los barcos pasar por debajo de los puentes y entrar y salir de los puertos. Se estima que en algunas rutas estos cilindros podrían reducir el consumo de combustible hasta en un 50 %, ya que es pronto para ponerlos a prueba: Zha se encuentra en la fase de diseño y simulación de estos interesantes instrumentos.
El proyecto de Zhe no podría estar desarrollándose en un mejor momento. La Organización Marítima Internacional (organización de las Naciones Unidas encargado de regular el transporte marítimo) anunció el año pasado una estrategia revisada que exige que el sector naviero internacional alcance cero emisiones netas de gases de efecto invernadero para 2050, año arriba año abajo.
Zha ha hablado claro al respecto: “la industria naviera ha tendido a resistirse al cambio debido a la gran potencia de los motores diésel. Pero ahora, con la creciente presión, voluntaria o involuntariamente, tendrá que cambiar”. Actualmente, alrededor de 30 buques de carga (de los aproximadamente 60 mil que existen en el mundo), utilizan propulsión eólica, con velas rígidas de aluminio, fibra de vidrio y fibra de carbono que funcionan con la misma potencia de los motores.
La propuesta de Zha sería mucho más eficiente que las de propulsión asistidas por el viento empleadas en los pocos buques de carga que la incorporan, ya que “podríamos lograr un mayor empuje” con esta tecnología, afirmó el investigador. Se espera que esa cifra se multiplique considerablemente para finales de esta década, alcanzando casi los 11 mil para antes de que llegue 2030, según la Asociación Internacional de Buques de Viento, que tiene su sede en Londres (Inglaterra). El principal problema al que se enfrenta actualmente Zha es la financiación.
via Jesús Quesada https://ift.tt/rnTHCyt
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