sábado, 17 de enero de 2026

Viajes. ¿Los jaguares están aprendiendo a convivir con humanos?

Durante décadas, el jaguar fue retratado como el gran solitario de la selva. Silencioso, esquivo y territorial, parecía vivir y cazar siempre en soledad. Sin embargo, un nuevo estudio realizado en el Pantanal brasileño revela una faceta poco conocida de este felino emblemático: su capacidad para interactuar socialmente, aprender de otros congéneres y adaptarse colectivamente a los desafíos impuestos por los humanos.

La investigación, publicada en la revista Biota Neotropica por los científicos Paul Raad Coordinador del Instituto Impacto, Samuel Felipe Bressan, médico veterinario e investigador del Institudo IMPACTO y Fernando Cesar Cascelli de Azevedo, coautor del estudio y colaborador de la Universidade Federal de Sao Joao del Rey, documenta interacciones sociales inéditas entre jaguares (Panthera onca) en una región marcada entre humanos y fauna silvestre caracterizada por la ganadería extensiva y la depredación de ganado por parte de los jaguares.

Un laboratorio natural en tierras ganaderas

El estudio se desarrolló en la Pousada Piuval, una estancia ganadera del norte del Pantanal, en el estado de Mato Grosso, ubicada en mitad de rutas migratorias de fauna salvaje que hoy funciona como modelo de coexistencia en toda la región. Allí, como en gran parte de la zona, la expansión de la ganadería ha acercado a los jaguares al ganado, generando pérdidas económicas para los productores y, en muchos casos, represalias mortales contra los felinos.

Para reducir estos ataques, la estancia instaló corrales con cercas eléctricas destinadas a proteger a sus reses durante la noche. Esto era una oportunidad de oro para que los investigadores estudiaran el comportamiento de los felinos, con lo que colocaron cámaras trampa para monitorear tanto la eficacia del sistema como el comportamiento de los jaguares.

Los resultados fueron contundentes: la depredación en los corrales se redujo en un 83%, y no se registró ningún ataque dentro de las áreas electrificadas. Pero lo más llamativo no fue solo la eficacia de la tecnología, sino lo que las cámaras revelaron sobre la conducta de los jaguares.

Una lección aprendida, una descarga  y una familia

Las fotografías revelaron la interacción de cuatro individuos: una hembra adulta, sus dos cachorros sub adultos y un macho joven emparentado al que la hembra aceptó dentro del grupo "Observamos que compartían presas naturales, y de manera particularmente relevante, que al acercarse a un corral eléctrico instalado por los investigadores de IMPACTO para proteger al ganado durante la noche, uno de los individuos recibió una descarga eléctrica", afirma Paul Raad a National Geographic España.

Dos jaguares juveniles captados en las inmediaciones de la explotación ganadera. 

"Esto abre una nueva ventana para la conservación basada en el comportamiento- explica Raad-. Si entendemos que los jaguares aprenden unos de otros, podemos diseñar estrategias que no solo protejan al ganado, sino que también “eduquen” a las poblaciones locales de felinos para que eviten animales domésticos y prefieran presas naturales, transmitiendo ese conocimiento a las siguientes generaciones. Por eso decimos que nuestra propiedad modelo, una hacienda llamada Pousada Piuval, funciona como una verdadera “escuela para jaguares”.

La hacienda funciona como una verdadera “escuela para jaguares”

Para los investigadores, este comportamiento es un ejemplo evidente de aprendizaje social: los jaguares más jóvenes habrían aprendido a eludir el peligro al observar la experiencia adversa de uno de los integrantes del grupo, sin tener que padecerla ellos mismos.

Colaborar para subsistir

"Registramos en video el momento exacto en que un macho joven recibe una descarga leve al tocar la cerca. El resto del grupo, al observar su reacción, aprendió a evitar el riesgo sin necesidad de experimentar el choque. En los intentos posteriores, los jaguares mostraron una conducta cautelosa y evitaron tocar la cerca, entendiendo claramente que existía un peligro asociado. Este proceso puede interpretarse como una forma de “educación” del animal", explica Raad, quien destaca que uno de los puntos clave es que tres de los cuatro jaguares eran juveniles, en una etapa crítica de aprendizaje, cuando comienzan a definir sus presas y estrategias de caza. "Evitar que en ese momento aprendan a cazar animales domésticos es fundamental, ya que ese tipo de comportamiento puede condenarlos en el futuro debido al conflicto con los humanos". 

De la retaliación a la coexistencia

"Al impedir que el jaguar acceda al ganado -explica Raad- se elimina el principal motivo por el cual los productores rurales persiguen y matan a estos felinos". En este sentido, el jaguar se ve forzado a cazar presas naturales, retomando así su rol ecológico como regulador de estas poblaciones. 

Edmilson da Silva Prado, peón de la hacienda, conduce un rebaño de vacas en la Pousada Piuval, en el Pantanal brasileño. Esta explotación se ha convertido en un laboratorio fundamental para demostrar la buena interacción y coexistencia entre jaguares y ganaderos. 

En este sentido, el estudio también documentó interacciones del grupo alrededor de presas naturales. Un grupo de individuos se alimentó en el mismo lugar en diferentes instantes, lo que demuestra una tolerancia poco común para una especie que es considerada solitaria.

Este tipo de convivencia sugiere que, bajo ciertas condiciones —como la escasez de presas naturales o la presión humana—, los jaguares pueden flexibilizar su comportamiento y beneficiarse de vínculos familiares para aprender a cazar, reconocer riesgos y optimizar el acceso al alimento.

"Registramos en video el momento exacto en que un macho joven recibe una descarga leve al tocar la cerca. El resto del grupo, al observar su reacción, aprendió a evitar el riesgo sin necesidad de experimentar el choque. En los intentos posteriores, los jaguares mostraron una conducta cautelosa y evitaron tocar la cerca, entendiendo claramente que existía un peligro asociado. Este proceso puede interpretarse como una forma de “educación” del animal", explica Raad, quien destaca que uno de los puntos clave es que tres de los cuatro jaguares eran juveniles, en una etapa crítica de aprendizaje, cuando comienzan a definir sus presas y estrategias de caza. "Evitar que en ese momento aprendan a cazar animales domésticos es fundamental, ya que ese tipo de comportamiento puede condenarlos en el futuro debido al conflicto con los humanos ".

La coexistencia es posible

El estudio aporta una lección clave para la conservación: proteger al ganado no solo reduce pérdidas económicas, sino que también puede modificar el comportamiento de los depredadores, fomentando el aprendizaje, la adaptación y la coexistencia.

"Lo que diferencia a esta iniciativa es su enfoque integrado, va más allá de la conservación de la especie en su ambiente natural e involucra activamente a las comunidades locales", dice Raad, quien argumenta que lo que buscan es transformar  al jaguar de una amenaza percibida en un símbolo de equilibrio ecológico y orgullo regional.

Tras el éxito de Piuval, explica Raad, el proyecto comenzó a expandirse hacia propiedades vecinas en la zona de amortiguamiento, adaptando las soluciones a la realidad de cada finca. "El objetivo es replicar este modelo exitoso en nuevas propiedades, un proceso que no es sencillo, pero que puede cambiar gradualmenteel paradigma de que humanos y jaguares no pueden coexistir y que la única solución es eliminarlos".

En un contexto donde el conflicto entre humanos y grandes carnívoros parece inevitable, estas imágenes del Pantanal cuentan otra historia: la de una especie inteligente, flexible y capaz de aprender en grupo. Tal vez, entender cómo aprenden los jaguares sea también el primer paso para aprender a compartir su espacio. 



via Sergi Alcalde https://ift.tt/EbT2P8H

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