martes, 10 de octubre de 2017

Periodismo viajero. VIAJE FOTOGRÁFICO A LA PATAGONIA MÁS AUSTRAL

Una exposición de siete fotógrafos profesionales de viajes, españoles e internacionales, permitirá por primera vez ver la Patagonia más virgen y menos conocida a través de la ruta que realiza Cruceros Australis. La muestra se podrá visita gratuitamente en la sede de B the travel brand Xperience (C/Miguel Ángel, 33) en Madrid desde el 19 de octubre hasta el 16 de noviembre.

Dos fotógrafos españoles, uno chileno y cuatro de diferentes países europeos (Alemania, Italia, Francia y Gran Bretaña) forman parte de la exposición La mirada más austral organizada por Cruceros Australis para mostrar a través de la fotografía el recorrido único que realiza este crucero por Patagonia surcando aguas del estrecho de Magallanes, Canal Beagle hasta llegar al mítico Cabo de Hornos.

“La peculiaridad de esta exposición es mostrar una ruta a la que solo se puede llegar a través de nuestros barcos, ya que es zona protegida, y que, por tanto, los fotógrafos de medios que han ido con nosotros suelen disfrutar y reflejar con toda la belleza envolvente de una de las áreas en que la naturaleza sigue tal cual la vio Darwin o Magallanes hace siglos”, explica el Gerente para Europa de Cruceros Australis, Frederic Guillemard.

La mirada más austral un viaje fotográfico a la Patagonia más desconocida

Los fotógrafos españoles son: Andrés Magai, Cristóbal Prado y Saúl Santos. Todos colaboradores de medios o secciones especializadas en viajes y naturaleza como El País, La Vanguardia o Conde Nast. Por su parte, los fotógrafos extranjeros son: Jessica Backhaus (Alemania), Nori Jemil (Inglaterra), Paolo Petrignani (Italia) y Stanislas Fautré (Francia). Tanto Jemil, Fautré, Petrignani, son colaboradores de importantes medios como Le Figaro, Corriere della Sera, National  Geographic Traveller y en el caso de Backhaus se trata de una fotógrafa artística que ha expuesto sus trabajos en grandes galerías.

La exposición está compuesta de 20 fotografías en gran formato. “Se trata de una apuesta visual que permita al público entrar ya a este viaje con sólo ver esta exposición – explica Bárbara Mur, comisaria de la muestra –  se sentirá la naturaleza en estado puro, el impacto de los colores de los bosques, de la luz, de los glaciares”.

La exposición estará abierta al público desde el 19 de octubre al 16 de noviembre y luego se trasladará a la sede de B the travel brand en Barcelona desde el 10 de enero al 3 de febrero.

FOTÓGRAFOS ESPAÑOLES

Andrés Magai Seibt es fotógrafo, periodista y co-autor con Rafael Márquez del libro Cuaderno de África, es la primera publicación que se escribe y publica en España en el que se trata de una forma completa el mundo de la fotografía y los safaris.

Sus fotografias han sido expuestas en un gran numero de galerias fotograficas. Tambien se dedica a impartir talleres y WorkShops de fotografía, ademas de Cursos de larga duración.

Sus trabajos han sido publicados en un gran número de revistas de naturaleza, de viajes, así como información general. Colaborador de diferentes revistas como es el caso de  Rutas del Mundo, QTravel, Clio, Ronda Iberia, Súper Foto, Espíritu Viajero, así como en programas de radio. Andrés Magai es Director de la revista de viajes onlinewww.fotoviajes.net  y de la revista de fotografía y naturaleza  naturafoto.com http://ift.tt/2xvlNcr

Cristóbal Prado estudió fotografía en Chile (su país de origen) y trabajó varios años para distintos medios nacionales como revista Paula, El Mercurio, La Tercera, Revista Cosas, entre otras. En el 2010, vino a España para cursar un master en la escuela Efti. Al poco tiempo de llegar, entró como colaborador en Condé Nast Traveler revista con la que sigue colaborando hasta hoy. Ha publicado en Vogue, GQ, AD, revista Man. También tiene un estudio, pineal.estudio, junto con tres profesionales más, de creación visual y dirección de arte. Publica con este equipo habitualmente en Tapas, T magazine, L’oficciel. http://ift.tt/2kDDkZR

Saúl Santos es fotógrafo de naturaleza especializado en viajes. Sus imágenes han sido portada de más de 30 revistas y libros, así como sus reportajes gráficos han aparecido en más de 60 medios diferentes. Algunas de estas  portadas han sido editadas en medios españoles e  internacionales tales como: El País, El Mundo, ABC y La Vanguardia, Viajes de National Geographic,  Hola Viajes, Visión Salvaje, Lonely Planet, GEO, Viajeros, Viajar, Natural, Integral, El Mundo de los Pirineos, Ronda Iberia, Oxígeno, Más Viajes, Turismo y Aventura, Digital Camera (Inglaterra), Ateko (Polonia), Unike Imagen  (Taiwán), Popular Photography & Imaging (USA), Photographer (Ucrania) PhotoArt  (República Checa), Level (Uruguay); Travel (India); Foto Mundo, Time Out, Extremo Patagonia,  Recorriendo la Patagonia y El Clarin (Argentina).

Además sus fotografías han sido expuestas en diferentes salas de  de Europa y América Latina y su trabajo ha sido reconocido y premiado por diferentes certámenes tanto de ámbito nacional como internacional. http://ift.tt/1rLaBgJ

La mirada más austral un viaje fotográfico a la Patagonia más desconocida

FOTÓGRAFOS INTERNACIONALES

Jessica Backhaus (Alemania) proviene de una familia de creadores. A los 16 años se trasladó a París donde estudio fotografía y comunicación visual.  Desde 1995 a 2009 vivió en Nueva York donde desarrolló buena parte de su trayectoria profesional como fotógrafa artística. Ha participado en numerosas exposiciones individuales y colectivas en diversas salas del mundo como National Portrait Gallery (London),  Martin-Gropius-Bau (Berlin). Ha publicado siete libros: Jesus and the Cherries (2005), What Still Remains (2008), One Day in November (2008), I Wanted to See the World (2010), ONE DAY- 10 photographers (2010), Once, still and forever (2012)  Six degrees of freedom, (2015).

Sus fotografías están incluidas en algunas prominentes colecciones de artes entre las que destacan: Art Collection Deutsche Börse, Germany, ING Art Collection, Belgium, Collection of the Museum of Fine Arts, Houston, USA and the Margulies Collection, Miami, USA. http://ift.tt/1eGvB1W

Nori Jemil (Inglaterra) es una fotógrafa y escritora de viajes que vive entre Londres y Perth (Australia). Vivió durante seis años en Santiago de Chile donde aprendió español y desde donde recorrió toda Sudamérica.  Su especialidad es la fotografía de paisajes extremos, flora y fauna y la fotografía aérea. La Patagonia y las regiones polares son de los sitios que más ha fotografiado. Es miembro del  British Guild of Travel Writers. Ha publicado en diversos medios como National Geographic Traveler Reino Unido, Conde Nast Traveler, Revista Wanderlust, Rough Guides y Love Exploring.y ha sido galardonada con   diferentes premios internacionales de fotografía. http://ift.tt/2kDxqrJ

Paolo Petrignani (Italia) fotógrafo documental cuyas áreas de especialización son: naturaleza, ciencia, tecnología, medio ambiente y sociedad. Por su pasión por la espelología ha participado en expediciones científicas-exploratorias en lugares de difícil acceso.

Colabora con Geo Magazine Italia, Vanity Fair Italia, National Geographic Italia, revista EV, Oasis, Traveling. Ha expuesto en exposiciones personales y colectivas en Italia y en el extranjero. Ha publicado además en medios como México Descocido (México), No Limits, Terre Sauvage (Francia), Seven Corriere della Sera, National Geographic Magazine (edición italiana y latinoamericana), Geo Alemania , Geo España, D La República Femenina, Nikon PRO, Revista Extreme, Meridiani (Especial México, Patagonia Especial), Oasis, Viajes, Aventura Geográfica Nacional, Ciencia, Vanity Fair.

Entre sus libros figuran: Rio LaVenta Tesoro del Chiapas, Sotto il deserto il mistero dell’acqua di Cuatrocienegas, Ambar de Chiapas historia ciencia y estetica(con Thomas Lee) Grotte di Cielo, viaggio nel cuore dei ghiacciai, LaVenta , Terre Pontine La Creazione di un Paesaggio (con Giuseppe Soldano) Parco Nazionale del Circeo immagini di storia natura e mito. http://ift.tt/r9M1Bt

Stanislas Fautré (Francia) fotógrafo desde 1989 su trabajo se centra entre la interacción entre la naturaleza y el hombre. Ha publicado en las principales revistas francesas y extranjeras. Es autor de los libros de viajes: Australie, le cinquième continent, La France des légendes, Bagnards, La France grandeur nature, Corse entre mer et montagnes, Les et presqu’îles de France.
Trabajó inicialmente con la Agencia Sipa Presse y actualemente con Le Figaro. http://ift.tt/2kDFTeq

Para más información del viaje consultar en: www.australis.com

La mirada más austral un viaje fotográfico a la Patagonia más desconocida



via Oriol Pugés http://ift.tt/2xuHDg7

Viajes. El SS Sirio, el Titanic del Mediterráneo

Desciendo lentamente, con cuidado. Dejo en la superficie la boya que indica el sitio y la zodiac, meciéndose indolente. El bajo, colonizado de especies vegetales, está muy cerca. Tanto, que temo rozarlo con mis aletas y enturbiar la transparencia del agua. Solo oigo el sonido artificial de mi propia respiración a través del regulador. ¿Está acelerada o me lo parece a mí? Mi compañero de buceo, Balky, me precede, cámara en mano, y desciende con seguridad.
La luz queda atrás. Y los colores.



Peces curiosos nos acompañan en nuestro descenso. La proa del SS Sirio aparece ante nosotros, a tan repentincomo si no estuviéramos buscándola. Su deterioro acusa el siglo largo que lleva durmiendo en el fondo del Mediterráneo. Estamos a 38 metros de profundidad, y ahora sí que noto cómo mi respiración se acelera. Al fin y al cabo, no todos los días se bucea en una tumba submarina.

Ciento once años. Ese es el tiempo que el Sirio lleva sumergido, desgajado en dos desde su naufragio el 4 de agosto de 1906 frente a las costas de la localidad murciana de Cabo de Palos, junto a Cartagena. Propiedad de la compañía Navigazione Generale Italiana (NGI), era uno de los trasatlánticos que en su época realizaba la travesía de Génova al Nuevo Mundo.

Éxodo europeo

En 15 días, anunciaba frente a la feroz competencia. Eran los primeros años del siglo XX, y millones de personas abandonaban una Europa que, sin saberlo, se abocaba a la Primera Guerra Mundial. Italia, Grecia, España y Portugal eran entonces países emisores de centenares de miles de emigrantes que huían de las levas forzosas, de la pobreza y del hambre y empeñaban sus bienes por un pasaje de ida para buscar, al otro lado del mar, el sueño de una vida mejor. Como ahora. Algunos jamás llegaron a su destino. Como ahora.

Balky señala con el dedo la barandilla del Sirio. «Es mi imagen favorita», me ha confesado. No puede evitar imaginar a las personas que contemplaron el mar desde ella, que sobrevivieron aferrados a ella, ese último día. El Sirio es una de las razones que llevaron a este madrileño que se había buceado medio mundo a abrir un centro de buceo, Balkysub, en Cabo de Palos y a hacer de los pecios su pasión más confesable.

No es para menos: el barco ostenta el dudoso honor de ser el naufragio civil más importante del Mediterráneo. La tragedia del Titanic, seis años después, eclipsaría al vapor italiano, pero a diferencia de aquel, jamás se supo el número exacto de fallecidos en el Sirio, porque jamás se supo el número exacto de pasajeros a bordo. Hoy en día las cifras aún oscilan entre las 242 declaradas por la compañía aseguradora y las 500 estimadas por la prensa de la época. No puedo evitar pensar en ellos mientras floto sobre el casco de la nave.

Jamás se supo el número exacto de fallecidos porque jamás se supo el número exacto de pasajeros


Ana Ayuso, buceadora que, como Balky, ha hecho de Cabo de Palos su afición y su pasión, me explica que esa sensación nunca te abandona. Ella hizo su primera inmersión hace 25 años. «Cada vez que bajo rememoro la historia –afirma–. Me imagino el momento en que el barco se partió en dos».

El 2 de agosto de 1906 el Sirio zarpó del puerto de Génova. Al día siguiente realizó escala en Barcelona, donde embarcaron más personas, y prosiguió rumbo al Atlántico. A la altura de las islas Hormigas, como advertirían con posterioridad testigos presenciales e incluso el tercer oficial a bordo, Tarantino, que así se lo comunicó al capitán, el barco navegaba demasiado pegado a la costa y a una velocidad de 15 nudos, por una zona de bajos que figuraba en todas las cartas marítimas. El capitán Giusseppe Piccone ignoró la advertencia.

El lugar no era nuevo ni para el buque ni para él. A sus 68 años, contaba con más de 40 de experiencia en el mar. De hecho, tocaba retirarse y ya había decidido que aquella sería su última derrota. No imaginaba hasta qué punto.

«El Bajo de Fuera es una roca de 200 metros de largo, con solo 3,6 metros de agua por encima. Una auténtica trampa para cualquier barco», asegura el historiador Luis Miguel Pérez Adán, coautor de El naufragio del Sirio, el libro de investigación que se editó en 2006 con motivo del centenario del hundimiento. El impacto se oyó desde la costa. El buque, herido de muerte, quedó varado sobre la cima del bajo, con la proa elevada, y se escoró a estribor.

La vía de agua comenzó a inundar los compartimentos de popa. Las calderas explotaron, sembrando la muerte, y la sirena de alarma se extendió como un grito agónico. A bordo cundió el pánico. Los botes de estribor estaban sumergidos y los situados a babor colgaban de sus pescantes hacia el interior del barco, lo que los hacía inservibles.

No había suficientes chalecos ni aros salvavidas. En cubierta los pasajeros quedaron atrapados bajo los toldos que les protegían del sol, y no había nadie a quien dirigirse en busca de indicaciones, pues la tripulación había abandonado apresuradamente la nave en uno de los primeros botes. Los pasajeros, presas del pánico, libraron una feroz batalla por conseguir cualquier objeto que les permitiese flotar, y empezaron a lanzarse al mar.

Estupefacción en la playa

A apenas tres millas de allí, en Cabo de Palos, veraneantes, pescadores y marineros presenciaban estupefactos lo ocurrrido. Según relataría Juan de la Cierva, exministro de Gobernación y veraneante asiduo de la aldea, mientras desde su teléfono se avisaba a Cartagena, las embarcaciones más pequeñas se dirigieron a remo hasta el lugar del siniestro. Vicente Buigues, que volvía de pescar con su primo Bautista, era quizás el que estaba más cerca.

Puso proa al Sirio y arrió un primer bote, que volcó ante la multitud de personas que trataron de abordarlo. Optó entonces por una acción arriesgada: abordar el Sirio con la proa del Joven Miguel para que los náufragos pudieran pasar a través del bauprés y ponerse a salvo a bordo de su propio barco.

La acción espontánea de los pescadores de Cabo de Palos (frente a la inacción de la tripulación del trasatlántico y de los grandes buques de la zona, como el Marie Louise o el Poitou) evitó una tragedia mayor, salvando más de 400 vidas.



«Fue la mayor operación de salvamento marítimo de la historia de España –advierte Fernando García Echegoyen, marino, investigador profesional de siniestros marítimos y escritor naval–. Civiles de origen humilde que se jugaron el tipo, la vida y su patrimonio. Una historia de solidaridad y valentía que casi hemos olvidado».

Bartolo, nieto de uno de los rescatadores, la recuerda, en cambio, casi cada día. Es pescador, como lo fue toda su familia, y su barco, como
en un homenaje mudo, lleva el nombre del Sirio. «Mi abuelo nunca quería contar mucho de lo que vio. Le cambiaba la cara». Su abuela sí le hablaba de aquella gesta protagonizada por «su gente». «Eran todos familia», asiente con orgullo.

Una oración por los fallecidos

Ana Ayuso la recuerda cada vez que conoce a alguien de la zona que lleva alguno de los apellidos de aquel grupo de esforzados pescadores. Ella no ha nacido en el pueblo, pero cada año, el mismo día de la tragedia, a la misma hora, como en un ritual, desciende hasta la proa del Sirio y reza una oración por los fallecidos, a 52 metros de profundidad.

«Todo navegante del Mediterráneo conoce la peligrosidad de estos bajos –afirma Miguel Ángel García Gallego, veterano director de la empresa de buceo Planeta Azul y coautor del libro El naufragio del Sirio–. Ese día el mar y la visibilidad eran perfectos. Hubiera bastado con ponerle menos de una milla de margen al rumbo para no arruinar el futuro y las ilusiones de tantas vidas».

Miguel Ángel sigue sin explicarse el error de rumbo que motivó el naufragio. Dos días después de la tragedia la prensa ya señalaba al capitán Piccone, cuya conducta y aparente frialdad provocaron un conato de linchamiento, ante el que la compañía optó por enviarlo de vuelta a Italia en tren. Allí concedió su primera entrevista al diario milanés Il Secolo. Restó importancia a la advertencia del tercer oficial y señaló que la alteración del rumbo podía deberse «a corrientes marítimas o a influencias magnéticas». «La tripulación cumplió con su deber en el momento de la catástrofe», dijo.

Sus declaraciones quedaron en evidencia durante la investigación oficial realizada en Italia, que encontró un motivo para la inexplicable derrota: el buque se dedicaba al tráfico clandestino de emigrantes. «Ello explicaba que el buque se aproximara temerariamente a la costa para intentar recuperar el tiempo y el combustible perdidos en las recogidas clandestinas, o para un nuevo embarque de inmigrantes», afirma Ángel Rojas Penalva en su exhaustivo blog el naufragio del Sirio. Las investigaciones pusieron de manifiesto que el vapor había efectuado una parada no oficial en Alcira y que tenía algunas otras previstas, al menos en Águilas y en Málaga.

El buque se dedicaba al tráfico clandestino de emigrantes.


El tráfico de personas realizado por navíos de rutas comerciales no era algo nuevo. Suponía un goloso sobresueldo para sus tripulaciones y la connivencia con guardacostas y servicios de vigilancia marítima en un lucrativo negocio que se aprovechaba de los sueños de los más miserables. Por supuesto sus nombres no figuraban en ninguna lista de embarque, lo que avalaría las hipótesis de quienes piensan que el número real de fallecidos a bordo del Sirio fue mucho mayor.

Una negligencia criminal

Algunos investigadores, sin embargo, no dan por buena esta explicación. Creen que fue útil a la compañía porque disfrazaba de codicia –un «defecto» más excusable – la impericia de la persona a cargo de la nave. Así, Fernando García Echegoyen, experto en naufragios y autor del Atlas de naufragios en las costas de Andalucía, de próxima aparición, considera que «Piccone fue un capitán que cometió una negligencia criminal. Su pecado más grave fue no haber sabido evaluar la situación tras la embarrancada. Si hubiera advertido que el buque no se hundía, podría haber contenido al pasaje, que enloqueció al verse abandonado».

Piccone, la única persona que quizá tuviera las respuestas, murió en Génova en abril de 1907, apenas ocho meses después del naufragio. La rumorología popular afirma que jamás logró reponerse de lo ocurrido aquel fatídico día.

Asciendo de nuevo a la superficie. Con el sabor de la sal en los labios, y entre el vaivén del oleaje, veo el faro de las Hormigas y el de Cabo de Palos, tan cerca y tan lejos como debieron de verlos quienes cayeron al mar. Si cierro los ojos, oigo sus gritos, entre los chillidos de las gaviotas.

Los supervivientes arribaron aquella tarde, desnudos y aterrados, a una aldea que se volcó en su desgracia, como haría después la ciudad de Cartagena. El teatro Circo sirvió para cobijarlos, la tienda asilo de San Pedro sirvió comidas, el asilo de San Miguel donó ropa y calzado, y diferentes espectáculos de una ciudad en fiestas –desde cines hasta corridas de toros– donaron el importe de sus recaudaciones para los damnificados. Entre las tareas de identificación, acogida, misas y entierros hubo un hueco para el reconocimiento explícito de la labor realizada por los pescadores. El Gobierno español concedió la Cruz Roja del Mérito Naval por primera vez a dos marinos civiles, Vicente Buigues y el Tío Antolino.


El rostro del primero nos mira, desconchado por el paso del tiempo, desde la placa conmemorativa del faro de Cabo de Palos. «Pocos eran conscientes en ese momento de que los salvadores atravesaban una situación crítica –advierte Bartolo–. Nadie quería comprar el pescado que provenía de una zona donde día tras día seguían apareciendo cadáveres».

Porque el Sirio aún tenía cadáveres atrapados en su seno. Y secretos. El 10 de agosto, El Eco de Cartagena haría suyas las quejas de los supervivientes que habían tenido acceso a sus equipajes. Todo había sido saqueado. El redactor llegaba a afirmar que «más que naufragado, parece el buque asaltado por una legión de piratas ansiosos de botín». El Sirio continuaba varado en el Bajo de Fuera, y hasta ese momento solo se había permitido el acceso a la tripulación, que negó rotundamente estar implicada en aquellos casos de pillaje.

¿Quién había saqueado el buque?

«Las incógnitas perduran hasta hoy –afirma García Gallego–, pero no solo por lo que respecta a la identidad de los saqueadores del barco, sino al contenido de la caja fuerte».

La caja fuerte se recuperó a 46 metros de profundidad dos meses después en una inmersión coordinada por dos compañías de salvamento marítimo, L’Ancora, de Génova, y Purísima Concepción, de Cartagena, y fue abierta en presencia de los directores de las mismas. Pese a que algunos pasajeros aseguraban haber depositado en ella al­­hajas, dinero y valores, estaba vacía. Sorprendentemente, la cerradura no presentaba se­ñales de violencia, lo que alimentaría la hipótesis del sabotaje.

Durante años, la zona estuvo accesible a todo el que se atreviera a bucearla. Bartolo incluso colaboró en los trabajos de extracción de las partes aprovechables del barco en los años cincuenta y sesenta. «Allí no quedaba ya nada, solo había chatarra», afirma, restándole emoción de manera intencionada. La gente, sin embargo, continuaba sumergiéndose en busca de restos o de respuestas. Algunos –Bartolo recuerda que sacó a una pareja de buceadores con los rostros comidos por los peces– solo encuentran allí su propia tumba.

A la semana del naufragio, tres embarcaciones fletadas por la NGI arribaron a Cartagena para hacerse cargo de los supervivientes: el Italia, encargado de trasladar a quienes quisieran seguir viaje a América, y el Orione y el Adriá, para los que regresaran a sus puertos de origen, Barcelona o Génova.

Pese a la reticencia de muchos a em­barcarse de nuevo, el día 12, una semana después de la tragedia, casi todos los supervivientes habían abandonado Cartagena, y el naufragio empezaba a parecer algo que nunca hubiese sucedido. Solo el propio barco, varado en el mismo lugar en que había embarrancado, constituía un testimonio mudo de una tragedia que se pudo haber evitado.

«El barco no se hundió –recuerda García Echegoyen–. Y pese a ello murieron cerca de 400 personas. Si el capitán y sus oficiales hubiesen mantenido el comportamiento que de ellos se esperaba, prácticamente no hubiera habido víctimas». El Sirio permaneció en la superficie hasta el día 13, en que la embarcación vigía oyó el ruido del casco al partirse en dos. La proa quedó trabada entre las rocas una semana más, antes de precipitarse también al fondo del mar y desaparecer para siempre del horizonte de Cabo de Palos.

Subir a la zodiac, notar de nuevo el sol y llegar al bullicio de los restaurantes de Cabo de Palos produce un escalofrío, como si volvieras de una excursión al pasado, a un lugar que para los demás no existe. La historia, transcurrida hace apenas un siglo, ha arraigado en la aldea que la protagonizó. El Bajo de Fuera es desde entonces, para los lugareños, la Roca del Vapor, aunque los restos del Sirio ya no estén visibles sobre ella, sino a sus pies, dispersos a una profundidad de entre 40 y 70 metros.

La zona pertenece desde 1995 a la reserva integral de Cabo de Palos e Islas Hormigas y requiere de un permiso de la Comunidad de Murcia para realizar inmersiones, pero en Cabo de Palos y en la cercana Manga hay quien presume de guardar objetos rescatados del Sirio: botellas de vino con el tapón hundido por la presión, faroles, salvavidas…

Miguel Ángel García Gallego fue uno de los primeros buceadores en recuperar objetos del pecio. Su vinculación con la historia terminaría por plasmarse en un libro, un documental y la creación de un centro de interpretación, donde ahora se exponen. Ha dedicado 15 años de su vida en hacerlo realidad.

Miguel Ángel heredó la historia del Sirio casi como un legado familiar. Recuerda perfectamente las sensaciones de su primera inmersión, y cree que el aura de tragedia que emana del pecio, como de otros de la zona, constituye ahora, paradójicamente, uno de los atractivos principales del pueblo: los fondos en que se dan cita miles de buceadores.

La combinación es mágica: «Un punto caliente para la navegación en el Mediterráneo, el puerto natural de Cartago Nova y la accidentada geología de la zona, que ha favore­cido los naufragios». Las acciones bélicas de dos guerras mundiales «también han ayudado», advierte. Así, pecios como el Nord-America, el Stanfield o el Minerva comparten este espacio privilegiado con el Sirio, componiendo un «patrimonio sumergido de primera magnitud».

En la región casi están acostumbrados. No en vano el Museo Nacional de Arqueología Subacuática (ARQUA) tiene su sede en la cercana Cartagena, y promueve proyectos a nivel internacional como el del Bajo de la Campana o el del barco fenicio hallado en la playa de Mazarrón a tan solo cinco metros de profundidad.

Quizás esta combinación de exploración, buceo y aventura lleven a Miguel Ángel a ver certezas donde otros solo vean mitos. «Tienen que estar aquí. Probablemente pasamos navegando todos los días sobre ellos». Habla de dos míticos pecios murcianos con los que sueñan por igual historiadores y buscadores de tesoros: «El cargo español Espíritu Sancto, de 120 toneladas, repleto de plata y oro, hundido frente a Cabo de Palos tras su periplo desde el Caribe en 1563, y el barco inglés Beatrice, naufragado frente a la costa de Cartagena, que transportaba el famoso sarcófago del faraón Mikerinos».
Barcos hundidos cargados de vidas, historias y leyendas que quizá, solo quizá, compartan este lecho con nuestro Sirio.



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lunes, 9 de octubre de 2017

Periodismo viajero. CÓRCEGA (FRANCIA): LA ISLA BONITA

Álvaro Laforet, autor del reportaje

 

Naturaleza Salvaje

Dos tercios de la isla están catalogados como parque natural regional con cinco reservas naturales y un Parque Marino protegido. Se dice que Córcega es una montaña en el mar, debido al gran número de cordilleras que visten la isla. La más alta alcanza los 2710 metros de altitud. Aun teniendo un transporte público bueno, la mejor opción para visitar el interior de la isla es el coche. Entre los 1049 kilómetros de costa accidentada se encuentran playas paradisiacas que son otro de los atractivos de la “isla de la belleza”. Entre las más famosas se encuentran las de la zona norte como Viva, Barcaggio y Agosta.

Cerca de Saint Florent, se pueden encontrar infinitas playas rodeadas de bosques de pinos. Para los viajeros que buscan “un poco más”, hay un barco que te lleva a la playa de Loto. Una zona espectacular por su arena fina y un “chiringuito” muy peculiar.

En las playas del sur, el agua es turquesa. Cala di Conca es uno de los tesoros de la isla, pero para llegar hasta allí se debe caminar unas tres horas desde Tizzano o coger un ferry. Muchos de estos lugares han sido declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Para los amantes de las puestas de sol, se debe ir sin lugar a dudas a la Punta de la Parata y las Islas Sanguinarias.

 

Deportes

Córcega tiene un sinfín de rutas para hacer senderismo, así como deportes de aventura entre ellos la bicicleta de montaña, piragua o rafting. Para los amantes del “trekking” es indispensable mencionar la famosa GR20. Esta Gran Ruta (GR) atraviesa la isla de norte a sur con 180 kilómetros y 22 mil metros de desnivel. A lo largo de sus 10 etapas (se puede hacer en más o menos dependiendo la forma física), el aventurero disfrutará de unos paisajes idílicos difíciles de olvidar.

Para las personas que buscan emociones más fuertes, en la zona de Cap Corse, norte de la isla, se pueden realizar deportes extremos como Canyoning y rafting o más tranquilos como el kayak, gracias al gran número de ríos que recorren la zona.

Bajo el mar, la isla adquiere otra tonalidad. Córcega es uno de los paraísos para los amantes del buceo. Entre los lugares más destacados están los fondos marinos de la de las Islas Lavezzi, o las también reservas naturales de Scandola e islas Cerbicales.

 

Ciudades

En la región de Bastia, se encuentran algunas zonas como Cap Corse, St. Florent y la misma ciudad de Bastia que son de imprescindible parada.

En Bastia, además de ser el segundo puerto más importante de Francia, tiene una de las ciudades amuralladas más hermosas de la isla. Gracias a las rutas comerciales con el continente, la ciudad contó con un rico legado arquitectónico como el Palacio del Gobernador o la Iglesia de Sainte Marie.

La península de Cap Corse tiene los lugares más salvajes de la costa donde se asientan pequeñas poblaciones pesqueras las cuales parecen que no hayan pasado el tiempo. Si se busca animación y ambiente entonces Saint Florent es el lugar para acabar el día.

Camino al sur, encontraremos la ciudad de Calvi. Su ciudadela data del siglo XIII y avista el golfo y el puerto de la ciudad. Esta localidad estuvo muy ligada a Génova por las grandes rutas comerciales.

Calvi

Rodeado de montañas, está la histórica ciudad de Corte. Tiene el mérito de ser la primera universidad de Francia que data del 1765. En la ciudadela del siglo XV, alberga el Museo Regional de Antropología de Córcega.

Corte

No se puede acabar un viaje por Córcega sin visitar Porto Vecchio y Bonifacio. La primera ciudad se respira glamour además de encontrarse playas tan hermosas como Santa Giulia o Cala Rossa.

En Bonifacio, situada en lo alto de unos acantilados de piedra blanca, la hacen única por sus cuevas marinas o las islas Lavezzi. El casco viejo es otro de los atractivos culturales que tiene la ciudad como la plaza de armas, la Escalera del Rey de Aragón o la iglesia de St. Dominique.

MÁS INFORMACIÓN:  http://ift.tt/2kyDBgW

 



via Espíritu Viajero Administración http://ift.tt/2hZ1OMm

Lonely. 5 razones para visitar Menorca fuera de temporada

5 razones para visitar Menorca fuera de temporada

Playas cristalinas y casi vacías, naturaleza, historia y gastronomía, ¿te apetece una escapada a la isla tranquila de las Baleares?

Los que han descubierto cualquiera de las islas Baleares saben que son un paraíso que nada tiene que envidiar a las playas del Caribe. En esta ocasión hemos visitado Menorca, una isla llena de contrastes paisajísticos, que hace de la calma y del slow life su bandera diferenciadora. Una de las bondades del clima mediterráneo es que el buen tiempo dura prácticamente desde mayo hasta octubre, por eso te proponemos una escapada a Menorca huyendo de los meses más concurridos.

Menorca enamora. Cada playa se queda almacenada en tu memoria como una pequeña postal. Viajar a Menorca es darse a la buena vida: al ritmo lento, a la buena comida y sus sobremesas, al gusto a sal y al olor de pino mediterráneo.

Cuando viajas fuera de temporada te puedes dar el gustazo de hacer cosas diferentes. Parece que ya no sea obligatorio pasar cada día siete horas en la playa ni acumular moreno gratuitamente. Las razones que te vamos a dar para visitar Menorca son diferentes. Y diferente fue el viaje hasta la isla. En vez de coger un avión Barcelona – Mahón que te planta allí en menos de una hora, nos pusimos románticas e hicimos el recorrido en barco con la compañía Trasmediterránea. Tiene algo de magia, de encanto a lo Orient Express, embarcar en Barcelona por la noche, dormir confortablemente en sus camarotes y ver amanecer mientras entras por el angosto puerto de Mahón, uno de los puertos naturales más grandes del mundo.

Amanecer en Mahón

Estas razones para visitar Menorca fuera de temporada son igual de válidas en julio o agosto, pero en mayo, junio, septiembre u octubre, vas a disfrutar aún más.

 

1. Playas

Playa de Macarella

Es inevitable empezar por ellas. En septiembre, que es cuando disfrutamos de la escapada, no hace tanto calor, pero el agua sigue estando bastante tibia. Además, tus toallas encuentran sitio cerca de la orilla fácilmente. Si buscas aguas turquesas y arena blanca, la costa sur es tu hábitat. Las hay vírgenes y naturales como Macarella y Macarelleta, Turqueta, Binidali, Binigaus o cala Mitjana. Andando un poco más de media hora desde cala Mitjana, llegarás a Trebalúger, donde es probable que te puedas bañar completamente sola. La costa norte es más agreste, más marcada por la Tramontana. Sus playas son de arena gruesa y oscura, con rocas y arcilla roja. Date a la vida salvaje en cala Tortuga, cala Pilar, Pregonda, Binimel·la o Cavallería.

 

2. Camí de Cavalls

Dicen que es el nuevo Camino de Santiago, o al menos, una especie de prueba de iniciación antes de darse a la famosa peregrinación. El Camí de Cavalls está formado por una serie de senderos que recorren la costa de Menorca. Paisajes increíbles a pie de Mediterráneo, los cuales disfrutarás mucho más cuando el calor aprieta un poquito menos. Aunque puedes empezar el camino desde muchos puntos, te recomendamos una primera toma de contacto en el norte. Desde Binimel·là a Cala Pregonda, una media hora andando durante la que podrás admirar colores, acantilados y fondos marinos.

 

 3. Parque Natural de S'Albufera des Grau
S'Albufera des Grau

 Esta zona de naturaleza es reserva de la biosfera, cosa que quiere decir que en ella podemos encontrar, en buen estado de conservación, los diversos hábitats naturales de la isla de Menorca: zonas húmedas, bosques de acebuches, estanques temporales, sistemas dunares, praderas de fanerógamas marinas e islotes costeros. Pasear por sus caminos es la culminación del slow life. Por el camino te toparás con antiguas casas con sus barreras típicas de acebuche (un tipo de olivo), con pozos de agua y con mucha flora y fauna. Puedes iniciar el sendero en la preciosa y tranquila playa de Es Grau. 

Playa des Grau

 

4. Historia

Menorca esconde gran cantidad de secretos históricos que harán las delicias de los culturetas. Para empezar, es fundamental saber que estuvo ocupada por los británicos durante casi un siglo, el XVIII. Turismo de Menorca propone una ruta inglesa por la isla en la que visitar los vestigios ingleses, como por ejemplos el Fort Marlborough.

Si quieres viajar unos cuantos siglos aún más atrás, concretamente al siglo 1 a. C., no te puedes perder el Poblado talayótico de Trepucó. Los talaiots eran torres de vigilancia que han dado nombre a una de las épocas históricas más estudiadas en Menorca y Mallorca, la cultura talayótica. Nos ponemos más místicas cuando vemos la taula, probablemente el monumento más famoso de la isla. Hay muchas esparcidas por toda la isla y eran la pieza central de los santuarios de los poblados talayóticos.

Poblado Talayótico de Trepucó

Si hay un secreto histórico bien guardado en Menorca ese es el de la isla de Lazareto. A 10 minutos en barca desde Mahón encontramos una pequeña isla con unos escenarios que bien podrían servir para la próxima temporada de Juego de Tronos. Un lazareto es una especie de hospital en el que se tratan enfermedades infecciosas. En el siglo XIX y principios del XX, cualquier tripulante de embarcación que llegara a Menorca tenía que pasar 40 días en el Lazareto para asegurarse de que portaba ninguna enfermedad contagiosa. Están perfectamente conservados todos los edificios y zonas de este pequeño mundo aparte: hospital, zona de infecciosos graves, celdas, capilla e incluso el cementerio. Dato curioso: como el lazareto ha pertenecido hasta hace poco al Ministerio de Sanidad, los médicos y enfermeras y funcionarios que lo deseasen podían pasar unas vacaciones a precio de risa en este pequeño y aislado paraíso. Desconocemos cuáles eran las condiciones para ser aceptado. Ahora, la Isla de Lazareto depende del Consell de Menorca y se puede visitar partiendo desde Es Castell.

Isla de Lazareto

 

5. Gastronomía

El producto de calidad, la tradición más innovadora y el kilómetro 0 son las bases de la gastronomía menorquina. El queso de Mahón, con denominación de origen, está de vicio y lo puedes comprar en múltiples productores artesanos que irás encontrando por la carretera. Aún menos healthy pero súper sabrosa y deliciosa es la sobrasada. Pruébala en una tostada con un poco de miel, otro de los productos típicos de la isla.

Sobrasada y queso de Mahón
 
 
Mención especial al pescado y el marisco. La caldereta de langosta es un homenaje que nos tendríamos que conceder todas una vez en la vida al menos. Si visitáis Ciutadella, cosa totalmente recomendable, podéis comer en S’Amarador.
 
Caldereta de langosta
 

Y otra prueba de la presencia británica en la isla: el Gin Xoriguer. Es un tipo de ginebra que crearon los ingleses durante su ocupación: importaban las bayas de enebro y se fermentaban con los cereales de la isla. Con él se elabora la típica pomada, que mezcla este gin con limonada.

 

¿Te hemos convencido para visitar Menorca fuera de temporada (o cuando tú quieras)?

 
 
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viernes, 6 de octubre de 2017

Viajes. Una colada de nieve revela 4.000 años de tradición alpina

Entre los artículos había una caja de harina molida, fragmentos de arcos, tres puntas de flecha de pedernal, un vaso de cuerno de vaca, y algunas pequeñas piezas de cuero, explicaba una declaración del gobierno local.

Las dataciones de carbono-14 indican que muchos objetos se remotan al año 2000 a.C.

El equipo de montaña encontrado en el paso de Lötschberg cerca de la ciudad de Berna, en Suiza, se remonta aproximadamente al año 2000 a.C., convirtiéndose el hallazgo arqueológico más antiguo hallado en dicha travesía.

Ya en el pasado, artefactos romanos y medievales habían sido descubiertos en la zona, así como un recipiente de la Edad del Hierro con indicios de la acción del fuego, lo que sugiere que podía haber sido utilizado para transportar brasas.

Los nuevos hallazgos demuestran que incluso hace 4.000 años, cazadores, pastores y comerciantes de la región utilizaban dicha ruta para cruzar entre las tierras altas de Berna en un extremo, y el área de Valais, la región montañosa en la que podemos encontrar la famosa cumbre del Matterhorn.

Un descubrimiento gradual

Fue en 2011 cuando por primera vez, el guardián de una cabaña de la zona notificó a las autoridades locales que la fusión de nieve había revelado algunos fragmentos de los artefactos hallados.

Durante los años consecutivos las excavaciones iniciadas al efecto de sacar a la luz el ajuar de artilugios al completo, únicamente pudo tener lugar en 2012, ya que a lo largo de los 3 veranos posteriores, más fríos que el anterior, quedaron cubiertos de manera inaccesible por la nieve. De este modo, no fue hasta 2017 que los arqueólogos consiguieron completar su trabajo.

Los Alpes, una cápsula del tiempo

Los investigadores creen que los artículos constituyen el inventario de un montañero de la Edad de Bronce. Los restos encontrados sugieren que el susodicho podría haberlos transportado en algún tipo de mochila o bolsa de corteza de abedul.

Sin embargo no se trata del primer, y posiblemente tampoco del último, hallazgo de estas características acontecido en los Alpes suizos en los últimos años, de hecho, bastante frecuentes, y en ocasiones un tanto espeluznantes. Es el caso del cuerpo de Jonathan Conville, que con 27 años, desapareció en las inmediaciones del Matterhorn en 1979, y cuyo cuerpo fue recuperado en 2014. Todo ello sin olvidarnos de Ötzi, que tras aproximadamente 5.300 años bajo el hielo, fue encontrado en los Alpes de Ötzal a 3.200 metros de altitud en 1991.



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jueves, 5 de octubre de 2017

Mujeres que viajaron. Digitalización del semanario La Alborada (Lima, 1874-1875)

La Pontificia Universidad Católica del Perú ha digitalizado en su totalidad el semanario La Alborada semanario de las familias, literatura, artes, educación, teatros y modas (Lima, 1874-1875), dirigido por Juana Manuela Gorriti y Numa Pompilio Llona. 


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Lonely. Norte de Kerala, TOP 3 del 'ranking' de destinos Best in Asia 2017

Norte de Kerala, TOP 3 del 'ranking' de destinos Best in Asia 2017

El otro sur de la India: perderse en el vaporoso norte de Kerala

Si el viajero alguna vez ha soñado en pasar una noche a bordo de una kettuvallum (gabarra de arroz), surcando la corriente mientras el chef de a bordo prepara una barbacoa de pescado o un suculento curri keralés, es señal de que tiene que viajar a Kerala; pero existe otra Kerala al norte de Kochi que empieza a cautivar la imaginación de los viajeros.

Las playas, las ensenadas y los santuarios faunísticos de la mitad sur del estado son ya paradas fijas de las rutas turísticas, pero los más avezados empiezan a prestar atención al norte de Kerala, donde las playas del mar Arábigo son igual de espectaculares; los santuarios de fauna, también rebosan de vida; los rituales de los templos son incluso más impresionantes; y el impacto del turismo apenas comienza a sentirse. Bienvenidos al norte de Kerala, un lugar auténticamente indio y alejado de las rutas turísticas.

Norte de Kerala, playa Varkala, India © Dmitry Rukhlenko_Shutterstock Norte de Kerala, playa de Varkala, India © Dmitry Rukhlenko_Shutterstock

Playas maravillosas y ensenadas remotas 

Cuando la gente habla de las playas de Kerala, suele referirse a Kovalam y al enclave cimero de mochileros de Varkala. Son dos lugares preciosos, pero muy turísticos y abarrotados en la temporada de invierno, con enormes resorts, restaurantes y puestos de souvenirs. Pero al norte de Kochi hay un tramo ininterrumpido de la costa del mar Arábigo casi desierto, sin un solo vendedor ambulante, que pide ser explorado.

La mejor costa y la más accesible es la que rodea Kannur. Solo 8 km al sur de la ciudad de Kannur, la playa de Thottada alberga aldeas pesqueras y un creciente número de casas donde alojarse con una familia local por poco dinero y saborear algunos de los mejores platos que la India puede ofrecer. Si al viajero le gustan las playas doradas y desiertas, con algún que otro barco de pesca arrastrándose entre las olas, este lugar le encantará: arena hasta donde alcanza la vista y gloriosas puestas de sol que se funden en el océano. Pero… ¡cuidado!, la arena se amontona y las corrientes son fuertes, así que siempre es mejor remar que nadar.

Norte de Kerala, playa Thottada, Kannur, India © Daniel J. Rao_Shutterstock Norte de Kerala, playa de Thottada, Kannur, India © Daniel J. Rao_Shutterstock

El norte no puede competir con las famosas ensenadas del sur, pero las de Valiyaparamba, cerca de Bekal, que se nutren de cinco ríos y están rodeadas de palmerales, tienen la ventaja de que apenas hay turistas. Los visitantes pueden elegir las casas flotantes que ofrece Bekal Boat Stay, o relajarse en un bungaló sobre pilotes de Valiyaparamba Retreat.

Viajando hacia el sur de Bekal se encuentran más playas de la costa malabar –incluida la única playa de la India por la que se puede conducir, la Muzhappilangad– antes de llegar a la diminuta Mahé, que no forma parte del estado de Kerala porque técnicamente es una avanzada del territorio de Pondicherry que antaño formaba parte de la India francesa. Hoy en día, su paseo marítimo con farolas de estilo parisino y sus iglesias encaladas son las concesiones más obvias a la ‘francesidad’, pero, además, la localidad está exenta de las estrictas leyes reguladoras de Kerala, y cada dos pasos hay una tienda de vinos con carteles enormes de marcas que ofrecen compras libres de impuestos a quienes llegan de Kerala.

Norte de Kerala, Theyyam, Kannur, India © Dietmar Temps_Shutterstock Norte de Kerala, theyyam, Kannur, India © Dietmar Temps_Shutterstock

Fascinantes rituales en los templos

El kathakali del sur de Kerala –una estilizada danza de templo que mezcla teatro y mímica– tiene mucha fama, pero poca gente conoce el theyyam, un singular y antiguo ritual de templo que combina danza, religión, misticismo y un punto de locura, y que es igual de interesante. A diferencia de las representaciones de kathakali que se ven en Kochi, el theyyam no es un espectáculo para turistas: es una experiencia profunda compartida entre intérpretes y espectadores.

Tras horas de maquillaje, preparación de vestuario y ceremonias devocionales, los bailarines se reúnen en kavus (arboledas sagradas) y se desata la locura. Entre el frenesí de la danza y los tambores, los intérpretes entran en una especie de trance, perdiendo su identidad física y asumiendo el rol de una deidad. Existen casi 450 personajes de theyyam distintos, cada uno de ellos con un maquillaje facial característico e intricados tocados y vestiduras.

Las actuaciones tienen lugar en fechas auspiciosas por todo el norte de Kerala, empiezan al anochecer y a menudo continúan hasta el alba. De noviembre a abril, casi cada noche hay actuaciones de theyyam en alguna parte de la región de Kannur; los anfitriones del alojamiento sabrán dónde. Los visitantes están admitidos si siguen las normas del templo, no interfieren y muestran respeto. Asistir a un ritual de theyyam permite descubrir el arte marcial keralés del kalaripayatu, una exhibición acrobática con armas, escudos y saltos con fuego; algunos de los mejores discípulos de la escuela del norte de kalaripayatu se han formado en la academia CVN Kalari de Kozhikode.

Norte de Kerala, Wayanad, India © Paddy Photography_Getty Images Norte de Kerala, Wayanad, India © Paddy Photography_Getty Images

Lo salvaje 

Desde la costa norte, una serie de carreteras sinuosas serpentean hacia las colinas; sus curvas de vértigo ofrecen espectaculares vistas de las llanuras mientras se asciende desde Kozhikode. Las tierras altas del Wayanad Wildlife Sanctuary rivalizan en belleza natural con los famosos santuarios faunísticos del sur, en Periyar y Neyyar; y este es el mejor lugar del sur de la India para ver elefantes salvajes. Incluso desde la cuneta en el exterior del santuario se pueden ver elefantes entre la maleza, junto con ciervos y monos; y, en raras ocasiones, incluso tigres.

La región de Wayanad abarca una extensa zona del noreste de Kerala, donde el santuario ocupa un área relativamente pequeña en la frontera con Karnataka y Tamil Nadu. El resto de Wayanad es una pacífica mezcla de plantaciones de especias y té, arrozales y aldeas, que ofrecen excursiones accesibles para gente activa. Los visitantes más sedentarios quizá prefieran relajarse en una de las casas locales o en los resorts ecológicos de la zona, rodeados de naturaleza virgen. 

Norte de Kerala, Wayanad, India © sureshkege_Getty Images Norte de Kerala, Wayanad, India © sureshkege_Getty Images

Datos prácticos


La ruta tradicional al norte de Kerala parte del sur, pero las carreteras van al sur desde Mysore, Bangalore y Ooty a través de Wayanad, ofreciendo una ruta trasera a este remanso de Kerala. En el 2017 todo será más fácil con la inauguración del aeropuerto internacional de Kannur. A unos 30 km de la ciudad de Kannur, será el principal eje aéreo de Kerala y permitirá a los viajeros volar directamente al norte de Kerala, evitando así largos trayectos en tren o autobús desde los aeropuertos de Kochi y Trivandrum.

Las estancias en hogares locales no son novedad en Kerala –se puede decir que los propietarios de casas ancestrales de Kochi inventaron el concepto en la India– pero ahora van surgiendo en el norte de Kerala, tanto en la costa como en la montaña. Son casas muy familiares, ordenadas y espontáneas, donde la buena cocina está asegurada.

Por Paul Harding, autor de Lonely Planet.

Toda la información sobre el 'ranking' de destinos Best in Asia 2017, aquí.

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