miércoles, 15 de agosto de 2018

Viajes. Una ruta por el interior Chile

Para reforzar el recuerdo de épocas prehistóricas, además de con cráteres, el suelo de las regiones IX y X de este país se cubre de bosques frondosos de araucarias, verdaderos fósiles vivientes que al crecer despliegan sus copas como paraguas. Y, en el bosque, todavía habitan los mapuches, pueblo amerindio con un fuerte apego a su cultura y tradiciones.

Pocos lugares del mundo reúnen tantas imágenes que inciten al viaje, de manera que tomé un autobús en la atareada estación central de Alameda, en Santiago de Chile, con rumbo a Temuco, la ciudad natal del poeta Pablo Neruda. El plano de Temuco sigue una cuadrícula perfecta, como corresponde a una ciudad delineada por un alemán. Sus calles no sorprenden a los ojos europeos, que encontrarán más interesante la zona del Cerro Ñielol, un monumento natural en el que se ubica La Patagua del Armisticio, el lugar donde en 1881 se acordó la paz entre colonos y mapuches para que estos cedieran los terrenos donde se fundaría la ciudad. El punto exacto lo señala un chemamull, un tótem sagrado. Lo rodea una muestra de vegetación valdiviana, incluida el copihue, la flor nacional.

Tierra de leyendas

Las ganas de explorar el territorio me llevan al día siguiente hacia el este, en busca del volcán Lonquimay. En los pueblos de Curacautín y Malalcahuello abundan las casas de una planta y las gentes que se detienen a observar al desconocido. Recojo por el camino a una mujer y a su hijo que solicitan "jalón" para llegar al próximo pueblo –el autostop es habitual– y como pago me obsequian con un par de leyendas: cerca de Malalcahuello se encuentra la Roca Santa, en realidad una virgen india que escapó de los "afuerinos", los extranjeros que quisieron abusar de ella; murieron, pero el frío la dejó petrificada en el lugar donde se escondió. La otra historia hablaba de las cascadas del Indio y de la Princesa: los amores entre un español y una noble india que acabaron con su suicidio en una de las cataratas.

Los cuentos entretuvieron el trayecto hasta el Túnel de las Raíces, una galería de 4.528 metros de longitud, sin luces ni soportes, proyectada inicialmente para albergar la línea ferroviaria. Al otro lado del túnel, las araucarias se imponen hasta llenar todo el horizonte. Este árbol majestuoso alcanza la madurez a los 200 años de vida, pero no despliega su característico paraguas hasta los 500; se calcula que los ejemplares más antiguos de la región tienen 1.200 años. De hoja perenne y 50 metros de altura, es considerado Monumento Nacional.

Y a pesar de lo solemne que resulta, llega un momento en que la araucaria cede el protagonismo a la tierra devastada que culmina con la vista del volcán Lonquimay. Su última erupción tuvo lugar en 1988, dando lugar al cráter Navidad, día en que estalló.

Los mapuche son la única etnia chilena que conserva su carácter original y se ha hecho famosa por su oposición a la construcción de presas

La carretera sigue hacia el sur, hacia el Parque Nacional Conguillío, pero me he perdido en algún lugar cerca de la laguna Gualletué. El sonido de unos tambores me atrae hasta un claro del bosque, donde unos hombres bailan alrededor del fuego mientras otros cabalgan a su alrededor y las mujeres descuartizan una res. Parece una película, pero se trata de una rogativa mapuche propiciatoria de la cosecha. Esta es la única etnia chilena que conserva su carácter original y se ha hecho famosa por su oposición a la construcción de presas y a todo lo que comportan: los conflictos por la tierra siguen un siglo y medio después de la firma de la paz. Por fortuna, me dejan asistir a condición de no sacar fotos. Me advierten: "no somos una atracción turística".

El nombre mapuche de Conguillío significa "agua con piñones", nombre que le viene como anillo al dedo a este parque de más de 60.000 hectáreas, creado en 1950 y declarado Reserva de la Biosfera por la Unesco. Desde cualquiera de sus senderos se divisa siempre el perfil del volcán Llaima con sus dos cráteres gemelos, de los que brota una columna de humo. A consecuencia de la actividad telúrica, el suelo se ha hundido en diversos lugares y se han originado lagos. Para verlos hay que seguir la senda del río Truful Truful, que en cierto punto deja al descubierto diversos estratos de colores que hablan de la edad de la Tierra, como las líneas de una mano. Muy cerca, las lagunas Verde y Arco Iris albergan árboles formidables hundidos, petrificados. Queda claro por qué la cadena de televisión BBC eligió este lugar para ambientar la serie documental Caminando entre dinosaurios (1999). De aquellos gigantes no queda rastro pero con suerte en Playa Linda tal vez se acerque a la orilla un huemul, un ciervo endémico que se encuentra en peligro de extinción.

Ciudades históricas

Tras pasar la noche en el cercano pueblo de Melipeuco, el viaje sigue hacia el sur, en busca de otros espejos de agua. El destino esta vez es Villarrica, una de las ciudades más antiguas de Chile. Poco queda de su pasado, ya que la población se convirtió hace tiempo en un destino vacacional y abunda en casitas de alquiler temporal. Baña sus pies un lago que lleva el mismo nombre y, de noche, se puede ver como su volcán resplandece con fogonazos rojos. Más bonito y con mejores servicios aún es Pucón, en la orilla opuesta del mismo lago, pero en cuanto a belleza natural los supera el Caburga, con su Playa Negra sobrevolada por halcones peregrinos. Un poco más allá se encuentran sus Ojos, una serie de pozas y saltos de agua que convergen en una piscina natural color turquesa.

Para llegar a Valdivia, mucho más cerca de la costa, hay que desandar el camino hasta Villarrica y continuar luego atravesando selvas pluviales extensas donde la araucaria se hace más rara para dejar paso al alerce y el coigüe primero, y al roble y el laurel después.

Tras la independencia del país, el gobierno chileno fomentó la llegada de europeos para mejorar la economía

La carretera me deja a las puertas de Valdivia en menos de dos horas, ciudad que disfruta de una animada vida artística y cultural, con muchos universitarios y una fuerte carga de historia; aquí se construyó la mayor plaza fuerte española de América del Sur, con el objetivo de repeler a los indígenas y a los holandeses que querían afianzar sus rutas marítimas. Son testigos el Castillo de Niebla y diversos torreones dentro de la ciudad, muy estratégica porque en ella convergen tres caudalosos ríos antes de desembocar en el Pacífico: el Calle Calle, el Cau Cau y el Cruces. Tras la independencia del país, el gobierno chileno fomentó la llegada de europeos para mejorar la economía. Consiguió atraer a muchos alemanes en el siglo XIX, algunas de cuyas casas aún se erigen en la calle General Lagos. Otros edificios, los fundos o fincas agrícolas, presentan formas originales porque se han hecho con madera y materiales reciclados.

La ruta desde Valdivia hasta Puerto Montt, la principal salida marítima hacia la Patagonia chilena, está marcada por el recuerdo del estadista y aventurero Vicente Pérez Rosales, quien lideró la colonización de la zona del lago Llanquihue para entregar las tierras a cerca de 40.000 alemanes. Primero pasó por Osorno, donde se quemaron muchos bosques para despejar el terreno. Hoy la ciudad es un cruce de caminos donde muchos se aprovisionan en sus grandes centros comerciales antes de seguir viaje. Más adelante aparece el lago Llanquihue, que en mapuche significa "paraje en el que zambullirse en el agua".

El chapuzón tendrá de fondo los volcanes Osorno y Calbuco, pero será bien frío, porque la temperatura media en verano es de 14 oC.

El paseo por las orillas del lago Todos los Santos, en el remoto Parque Nacional Vicente Pérez Rosales, es en una experiencia de paz absoluta

La reserva de Llanquihue tiene su continuidad natural en el Parque Nacional Vicente Pérez Rosales, el más antiguo del país y el más solitario. Lo remoto de su ubicación convierte el paseo por las orillas del lago Todos los Santos en una experiencia de paz absoluta. De sus aguas nace el río Petrohué, muy valorado por los pescadores de truchas y salmones. Y para completar el viaje por una de las zonas más remotas de Chile, visito otra reserva nacional, la del Alerce Andino, nombre de uno de los árboles más longevos del mundo. Emparentado con el ciprés, se parece más a una secuoya y llega a vivir hasta 4.000 años.

Tras tanto aislamiento, Puerto Montt se me antoja especialmente caótica. Su bullicio es el precio por ser uno de los mayores nudos de comunicaciones de todo Chile, en especial entre el norte y el sur, inaccesible por carretera. La fundó el ya citado Pérez Rosales con el nombre de Melipulli, pero luego este se cambió para honrar a Manuel Montt, presidente de 1851 a 1856. El centro forma una larga terraza que perfila la costa, siempre cerca de los lugares de atraque de los grandes cruceros. En cierto punto, pasa a llamarse avenida Angelmó, en realidad puerto de pescadores con muchos restaurantes instalados en palafitos sobre el agua. Es el momento de disfrutar comiendo la sabrosa centolla o el picoroco, un pariente lejano del percebe, e imaginar qué nuevas aventuras me traerá el viaje por mar.



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Periodismo viajero. HALLSTATT (AUSTRIA), UNA JOYA EN LOS ALPES

ES EL MOMENTO, ACÉRCATE A LOS ALPES AUSTRIACOS

 

Austria convoca. Pero más allá de Viena y su apego indisoluble a la música, más allá de Graz, de Salzburgo, del Tirol… es en las tierras altas de esta tierra montañosa donde es más fácil encontrarse con la intimidad folclórica de un país que ha aprendido a conciliar su legítima “ilustración” de pulcritud, pinares y tradiciones. De hecho, hoy creo que el punto álgido de la belleza austriaca se esconde en los Alpes. En esos pueblos de relatos para niños, escenarios de Hansel, de cuentos y leyendas que hablan de lagos subterráneos, bosques húmedos y casitas de casitas de tejados en punta.

Hallstatt invita a soñar

Está claro que, cuando uno viaja por Austria, no debería pasar por alto el caristmático universo alpino. Esta vez no quiero hablaros de los tópicos del territorio, sino de un pueblo encajonado entre montañas, de una postal de cumbres y arboledas.

Hallstatt mira al lago; es casi un vicio bonito, una tarea inevitable para un pueblo que se abre como una ventana sobre el Hallstätter See. Es una aldea de terrazas y calles empinadas que se construye sobre las laderas del Dachstein (2.995 m).

Lago Hallstätter

A 80 kilómetros de Salzburgo, Hallstatt ocupa uno de los cordones de la región popularmente conocida como la región de los lagos. Aunque hoy lleve su historia atada a los celtas fue mucho antes de la parición de esta cultura cuando esta tierra ya florecía. Y en ese resurgir, la sal, el “oro blanco”, tuvo un papel fundamental.

 

EL ORO BLANCO

Desde el 800 hasta el 500 a C, Hallstatt se caracterizaba por sus galería infinitas repletas de sodio. Hoy, aquellas minas que ya funcionaban hace más de 2800 años son consideradas las más antiguas del mundo y constituyen el eje de uno de los itinerarios tradicionales para los viajeros modernos.

Minas de sal: antiguas galerías

Lo cierto es que Hallstatt se fundó hace más de 3000 años, y desde entonces vive envuelta en sus neblinas matinales, creciendo lentamente, como respetando al máximo el entorno natural que la contiene.

CALLES PARA EL SUSURRO

Llegué a este pueblo de cuento de hadas en un tren rojo como las fresas. Todo era allí de colores y más cuando la primavera se dignaba a dar su vuelta de temporada. Desde la estación, al otro lado del lago, el pueblo se veía entre esas alturas de montaña y un infinito bosque de pinos. Tuve que cruzar en uno de los barcos que esperaban a los pasajeros ferroviarios.

Con las primeras horas de caminata uno entiende muy pronto ese espíritu salvaje y –al mismo tiempo- paradójicamente cauto que envuelve a la región; esa prolijidad detallista que se traduce en la impecabilidad urbana rodeada de naturaleza : ni un papel en el suelo, ni una pincelada de más en los tejados, ni un ápice de desorden.

Lo primero que hice fue recorrer las calles empinadas del centro. En la plaza del Mercado, una estatua de la Santísima Trinidad domina la escena desde 1744. A lo largo del camino se iban sucediendo las casitas del siglo XVI, con sus paredes de colores o pintadas directamente con algún fresco decorativo de artistas locales. Y después flores, muchas flores. Parecía una perfecta y preciosa confabulación de la primavera. No había ventanales son color.

 

LAS MINAS DE SAL

En la actualidad las minas de sal, además de funcionar como antaño, aunque en menor escala, se han transformado en uno de los atractivos turísticos por excelencia. Hay que subir de la montaña en funicular. Una vez dentro, el guía de turno escupe su speech. Alucina caminar por el corazón de la montaña hasta toparse de pronto con un lago subterráneo. El paseo es de película, créanme.

Al día siguiente, el rumbo estaba marcado hacia el sur. Desde la ciudad tomé la carretera que bordea el lago y salí hacia las cuevas del Dachstein.

Macizo de Dachstein, repleto de cuevas y lagos subterráneos

Fácilmente –todo está señalizado- llegué al funicular que desemboca en la entrada de las más conocidas cavernas de hielo de la región. Es otra de las maravillas de la región de los lagos. El ambiente es otra vez de película, la luz del interior es un caleidoscopio gigantesco que va reflejándose mil veces entre estalactitas y estalagmitas de agua helada.

Formación de hielo en el interior de una de las cuevas de los alrededores

Ya se iba la tarde, así que entendí que debía seguir mi camino. Hacia Salzburgo, la bella ciudad del rey Mozart. Pero esa es otra historia que les contaré otro día…

Fotos de Gonzalo Martínez Azumendi

 

CÓMO IR. La forma más rápida es en avión hasta Salzburgo. En Salzburgo, puede alquilarse un coche o coger el tren hasta Hallstatt, donde posteriormente se cruza el lago en barco. Muy bonito, vale la pena.

QUÉ VER

Museo de la Prehistoria. Resulta interesante para entender la importancia cultural que ha tenido la ciudad en Austria.

Pfarrkirche. En el centro del cementerio y rodeada de un precioso paisaje, la iglesia parroquial está situada en una posición dominante sobre el lago. Es del siglo XV.

St. Michaelskapelle. En la planta inferior de esta santuario gótico está el osario parroquial, utilizado desde 1600, al que se trasladaban los restos de las personas fallecidas.

Plaza del Mercado. Zona peatonal, rodeada con casas del siglo XVI de alegres colores.

Minas de sal. En el valle de Salzberg. Ha estado en actividad desde hace 2800 años. Se siguen explotando en la actualidad.

Cuevas de hielo. En las laderas del Dachstein. Hay que ir a Overtraun y allí coger el funicular. Son espectaculares.

DÓNDE DORMIR

Grüner Baum. Marketpltaz, 104. Casa muy acogedora, de 1760. Las habitaciones balconean al lago. Es probablemente el mejor hotel de la ciudad.

 

 

 

 



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martes, 14 de agosto de 2018

Viajes. Una semana por la provincia de Cáceres

Para disfrutar de Cáceres es casi innecesario planear. Aunque es la provincia más grande de España, sus distancias permiten la improvisación, viajar a golpe de intuición. Basta con elegir una base de operaciones desde la que salir a explorar. Sin prisa, porque Cáceres invita a viajar con calma, disfrutando de sus sierras y sus valles, de sus bosques y dehesas, de su gastronomía y de su gente.

Norte de Cáceres

¿Por qué no empezar nuestra ruta en el norte de la provincia? Vistamos Granadilla, un pequeño pueblo con una historia trágica. Fue un importante enclave medieval pero sus tierras fueron inundadas con la construcción del embalse de Gabriel y Galán en los años 60. Aunque las casas quedaron por encima del nivel del agua, sus tierras no escaparon y fueron anegadas. Sin prados ni tierras de labranza, los habitantes de Granadilla se quedaron sin medio de vida y poco a poco abandonaron el pueblo.
Pero esa vida ahora vuelve a llenar sus calles gracias a la restauración que llevan a cabo estudiantes de secundaria de toda España. Visitarla deja una mezcla de sensaciones: maravillan las bonitas casas medievales, sus plazas, los huertos, el castillo; pero también atraen los techos derrumbados, las frágiles fachadas que se tambalean, los patios comidos por la vegetación.

A Granadilla se llega por una carretera que atraviesa un paraje natural extraño porque también es fruto de la reconstrucción. Dehesa y pinares conviven con eucaliptos extraños en esta pequeña península que se introduce en el embalse. En el extremo, a salvo por poco del agua, se encuentra el pueblo amurallado que, atención, tiene horario de visita.

También medieval es el pueblo de Hervás. El valle del Ambroz ha sido el paso natural hacia el norte y todavía hoy lo sigue siendo. La romana Vía de la Plata llegaba hasta Astorga y la moderna A-66 llega, casi en paralelo, hasta Gijón. Antes de que la autovía penetre en tierras salmantinas, nos encontramos con Hervás, a orillas del río que da nombre al valle.

Lo más conocido de Hervás es su judería, de calles retorcidas y estrechas, sin salida, que caen en pendiente hasta el río, donde vivieron unas 40 familias judías hasta su expulsión en 1492. Ya no queda casi rastro de la sinagoga pero otras casas resisten y mantienen su arquitectura tradicional. Algunas fachadas están cubiertas por tejas colocadas en vertical para proteger las viviendas de la lluvia. En sus puertas, se alternan los carteles de “Se vende” con los nombres de apartamentos turísticos.

Desde la iglesia de Santa María, las vistas de Hervás son espectaculares: el pueblo a nuestros pies y la sierra que sirve de telón de fondo

En la parte más alta de la ciudad se encuentra la iglesia de Santa María, construida sobre los cimientos del castillo templario. Desde allí, las vistas son espectaculares: el pueblo a nuestros pies y la sierra que sirve de telón de fondo. Pero Hervás no es sólo historia, también tiene mucho presente y un tímido pero sólido movimiento cultural se abre paso en rincones como la calle Travesía Maxedo, en el que una vieja cabina de teléfonos se ha convertido en una minúscula galería de arte, o el acogedor espacio Teresa Gibello, en el que se pueden encontrar obras de diversos artistas extremeños.

Valle del Jerte y Plasencia

Desde Hervás, cambiamos de valle. Subimos por los montes de Traslasierra para cruzar hasta el valle del Jerte a través del puerto de Honduras. Pero antes hay que disfrutar de una última maravilla de Hervás: su castañar, uno de los más importantes de Europa. Si se va con tiempo, la mejor opción es perderse por sus senderos, llegar hasta el vecino pueblo de Gargantilla o incluso subir hasta el puerto de Honduras andando (es exigente pero se disfruta).

Pero, si no, la carretera CC-102 recorre la ladera esquivando altísimos árboles, en un slalom divertidísimo para quien disfrute de la conducción con curvas. Eso sí, con cuidado porque además es fácil encontrarse a ciclistas. Una vez arriba, el valle del Jerte se despliega ante nuestros ojos con la sierra de Gredos al fondo. Si vamos en primavera, los cerezos cubren de blanco las laderas, no como un manto, sino más bien como suaves pinceladas de un pintor impresionista.

El descenso nos lleva directamente a la N-110 que recorre el valle de principio a fin en paralelo al río y nos permite ir haciendo parada en sus principales municipios, en especial Cabezuela del Valle y su pintoresco casco antiguo. Otra opción es abandonar la carretera principal y adentrarse en los cerezales por las distintas vías secundarias. El final del camino es, en cualquier caso, Plasencia, puerta de entrada del valle del Jerte.

Plasencia vive a la sombra de Cáceres y de Trujillo, pero su casco histórico merece un buen paseo. Dentro de las murallas que, aún resisten, encontramos joyas como su catedral, que en realidad son dos a medio construir, la Nueva y la Vieja, que aúnan los estilos románico, gótico, renacentista y barroco. O curiosidades como el Abuela Mayorga, el autómata que da las horas en el reloj del ayuntamiento.

La ciudad de Cáceres

Llegar a Cáceres capital desde Plasencia es una hora de coche venciendo a la tentación de desviarse para disfrutar de más naturaleza en el Parque Nacional de Monfragüe, del arte vanguardista en el Museo Vostell Malpartida o de hacer una para rápida en Casar para disfrutar de su queso y echar un ojo a su curiosa (y valiente) estación de autobuses diseñada por Justo García Rubio y que los lugareños llaman “La patata frita”.

Cáceres tiene un centro histórico reconocido por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad y también por las productoras de cine

Cáceres tiene un centro histórico reconocido por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad y también por las productoras de cine, que aprovechan su rico patrimonio medieval y renacentista para dar vida a ciudades como Desembarco del Rey en Juego de Tronos. Ver un mapa de la ciudad vieja puede ser abrumador: mires donde mires te encuentras con casas-fortaleza, palacios, iglesias, torres y museos.

Hacer una lista es imposible. Como en los agradecimientos de los premios, siempre te vas a dejar algo: subir a la torre de Bujaco, pasear por los adarves de la muralla, darse una vuelta por la judería, asombrarse con el palacio de los Golfines de Abajo (los Golfines de Arriba también tienen el suyo) o descansar en los jardines de Doña Cristina de Ulloa a los pies de la iglesia de San Francisco Javier. Para culminar la visita, cruzamos la puerta de Mérida que atraviesa la muralla para disfrutar de una cerveza artesana en la terraza de Las Claras (plaza de Santa Clara).

Montánchez de camino a Trujillo

En lugar de coger la autovía directa a Trujillo, proponemos un pequeño desvío para asomarnos al balcón de Extremadura que no es un balcón sino un espectacular castillo almohade en ruinas. Se encuentra en la parte alta de la localidad de Montánchez y desde sus antiguas murallas las tierras extremeñas se despliegan hasta donde llega la vista. Un poco más abajo, en la misma ladera, construido en terrazas, está su tranquilo cementerio que merece una visita.



Un último desvío antes de ir a Trujillo. Vamos hasta la vecina población de Alcuéscar y desde allí una carretera rural nos lleva, entre alcornoques, hasta la basílica de Santa Lucía del Trampal. Es una de las pocas construcciones visigodas que han resistido en el sur de la Península y su arquitectura es única, muy bien acompañada por el paisaje de la sierra del Centinela.

La basílica de Santa Lucía del Trampal. Es una de las pocas construcciones visigodas que han resistido en el sur de la Península

Llegamos por fin a la etapa final de nuestra escapada a Cáceres. De Trujillo se puede escribir mucho. Sobre su plaza mayor, por ejemplo, con el imponente Pizarro montado en su caballo vigilando el bullicio de los soportales. O sobre su castillo de origen árabe que da forma a la silueta de la ciudad cuando se observa desde lejos, y sus ampulosas casas-palacio. O sobre sus iglesias, como la de Santa María La Mayor, cuya torre es conocida por sus vistas… y por el simpático escudo del Athletic de Bilbao que esculpió el cantero que la reconstruyó. O sobre la torre del Alfiler, siempre habitada por cigüeñas, auténticas dueñas y señoras de Trujillo.

Lo dejamos aquí porque, en realidad, la mejor manera de disfrutar de Trujillo es alejarse un poco del castillo y de la plaza mayor para quedarse, de verdad, es fácil, a solas en las calles empedradas de su centro histórico, descubrir pequeños rincones llenos de encanto en un viaje al pasado de los que no se olvidan. Y luego, ya sí, volver al presente, a disfrutar de una tapa de morcilla patatera y una cerveza en uno de sus típicos mesones como La Troya o el Plaza.



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sábado, 11 de agosto de 2018

Viajes. Córcega, del interior a la costa

A Córcega la definen la preservación de un entorno natural y la conciencia ecológica. No abundan cadenas hoteleras ni bloques de pisos frente al mar ni lugares de comida rápida. Apuesta por el turismo, pero sin poner en peligro la identidad. Hasta hace poco era imposible llegar en compañías low cost. Su riqueza patrimonial y paisajista es ajena a tendencias. Se expresa principalmente en francés pero leeremos muchos carteles en corso, idioma de origen italiano que, gracias a reivindicaciones y bregas permanentes, es reconocido por el estado francés como lengua cooficial.

Para abarcarla en su conjunto conviene apostar por el coche como medio de transporte y separar en el mapa la Córcega del oeste y la del este. La primera tiene como capital a Ajaccio y la segunda a Bastia. A grandes rasgos, una es refinada y la otra popular; la primera mira a Francia y la segunda, a Italia. A mitad de camino, con una universidad que aglutina a 4.000 estudiantes y que se erige en el principal referente de la resistencia de la lengua corsa, está Corte. Esta ciudad entre montañas fue elegida capital histórica por Pascal Paoli, el gran teórico e icono de la independencia corsa, el hombre de las luces de la revolución que independizó a la isla del poder genovés entre 1755 y 1769, fecha en que fue comprada por Francia.

Decía D. H. Lawrence que el sol era su necesidad íntima. Si el escritor hubiera pisado el golfo donde se emplaza Ajaccio no se habría ido nunca. Desde mayo hasta finales de octubre, en la céntrica playa de St-Françoise, cualquier momento es bueno para bañarse. No queda lejos de la Maison Bonaparte, la casa en la que nació Napoleón. También tiene su estatua al final del Cours Grandval y el Grand Café Napoleón, de los más antiguos establecimientos en la ciudad. El Palais Fesch (Museo de Bellas Artes), fundado por el Cardenal Fesch (tío de Napoleón I), expone obras de Botticelli, Bellini o Tiziano. A 7 kilómetros se encuentran las Islas Sanguinarias, cuatro pequeñas islas desde donde observar resplandecientes puestas de sol. Allí no cuesta nada imaginar a Alphonse Daudet traspasando la emoción a su libro Cartas desde mi molino, en el que hallamos su texto "El faro de las Sanguinarias", donde evoca su experiencia como farero en este lugar: "Otro bello rincón que encontré para meditar y estar solo. Figuraos una isla rojiza de salvaje aspecto, el faro en una punta, y en la otra una vetusta torre genovesa".

Naturaleza salvaje

No se debe pasar por alto el desvío que anuncia Capo di Feno, la playa más hermosa, salvaje y arrebatadora de la región. En ella se concentran la espontaneidad de las olas y el ímpetu de los surfistas. De vuelta a Ajaccio una forma de celebrar tanta generosidad natural puede ser acudir a Chez Jean Jean. En este restaurante solo se sirve un plato y requiere genuflexión: langosta con espaguetis. La banda sonora que invade la terraza también es única: Tino Rossi, el artista más querido de la isla. Nació en Ajaccio en 1907, murió en París en el 83 y vendió más de 500 millones de discos.

Dado su emplazamiento y su apariencia Bonifacio se convierte en una encrucijada rebosante de promiscuidad viajera

De camino al sur esperan sorpresas en forma de pueblos –Olmeto, una pequeña delicia tradicional, o Sartène, más grande y muy arraigado a sus costumbres– y de playas. Las hay extensas y de fácil acceso como Cupabia, fusión de pinos y agua cristalina en cuya arena suele tomar el sol alguna que otra vaca, ensimismada ante la marea con los ojos entornados. También las hay recónditas y silvestres como Roccapina, secreto al que se accede descendiendo un camino de tierra, o como Pianottoli-Caldarello, más escarpada, ideal para pasar el día a solas, con la sensación de estar en otro mundo y de entender a Cesare Pavese: "En los viajes nada le pertenece a uno salvo las cosas esenciales: el aire, el descanso, los sueños, el mar, el cielo... todo tiende hacia lo eterno o a lo que imaginamos de la eternidad".

De la idiosincrasia corsa nos hablarán numerosos detalles, como esos cochons sauvages (cerdos) de negro pelaje que piden paso en las carreteras secundarias y algunas cruces que se ven frente al mar, levantadas en lugares privilegiados, donde los corsos jamás construyen –prefieren resguardarse en el interior– para así reservar a sus muertos las mejores panorámicas.

Dado su emplazamiento y su apariencia Bonifacio se convierte en una encrucijada rebosante de promiscuidad viajera: invita al ritual del paseo por tierra y por mar. Por un lado se halla el puerto, alargado y glamuroso, y por otro la ciudad vieja, desplegada en lo alto de unos acantilados de piedra blanca lijada por siglos de corrientes de aire y de agua. Son las famosas falaises que iluminan todas las postales y dan carácter a un pueblo tocado por la filantropía de la naturaleza. Por supuesto, hay que recorrer la muralla y bajar al mar por los asombrosos 189 escalones de la Escalier du roi d’Aragon (otro vestigio del reino de Aragón), tallados directamente en la piedra, así como acudir al cementerio marino. En embarcaciones desde el puerto se accede a las islas Lavezzi, una reserva natural cuya única construcción es un faro. Agua turquesa y playas desérticas que se alcanzan superando rocas.

Playas para todos los gustos

Aquí la vida no es mecánica, no transita por los carriles de las imposiciones tecnológicas y el viaje adquiere significados mayores, como el de sustituir lo común por lo extraordinario. A dos pasos está el selecto golf de Sperone, y más adelante, ya cerca de Porto Vecchio, las playas que todo viajero memorizará: Palombaggia, Santa Giulia, Rondinara... Si las playas del oeste eran agrestes y aparecían entre acantilados, las del este tienden a ser arenosas y largas y crean un rincón turquesa en el Mediterráneo.

Más allá del Vieux Port vale la pena pasear las coloridas calles de La Citadelle de Bastia

Bastia es bastante más marinera que Ajaccio y, por tanto, más festiva y reconocible desde el humor. La gastada belleza de su puerto habla de arquitectura genovesa, de pescadores felices y, junto a las torres de la iglesia de Saint-Jean-Baptiste y la multitud de veleros y los bulliciosos cafés que los rodean, conforman un fresco marítimo de lo más genuino. Más allá del Vieux Port vale la pena pasear las coloridas calles de La Citadelle, fortaleza medieval instalada sobre un promontorio rocoso de cuando Bastia fue la capital de Córcega durante la ocupación genovesa.

En el centro espera la vibrante Place du Marché, donde se despliega el mercado de comida. Entre frutas y verduras predomina la charcutería producida en el interior de manera artesanal y basada en la raza de cerdo nustrale, criada en semilibertad y alimentada con castañas, bellotas y raíces de arbustos de la maquia. A según qué horas se hará difícil hallar sitio en las terrazas, siempre propicias para picar unos buñuelos de brocciu, delicioso queso fresco de oveja o de cabra.

El Cap Corse condensa naturalidad agreste y variedad de costa. Erbalunga se sustenta en su puerto tradicional que, por su parecido con algunos parajes de la Costa Brava, hubiera encandilado al propio Josep Pla. En Luri resiste la Torre de Séneca donde, según cuenta la leyenda, estuvo preso el intelectual romano. Desde Macinaggio, otra reliquia marinera, se puede bordear la costa a pie siguiendo el último tramo del Sentier des Douaniers (sendero de los aduaneros). El camino requiere unas tres horas y lleva hasta Barcaggio, en la punta del cabo, para luego, del otro lado, entregarse al ambiente deliciosamente decadente y pesquero de Centuri. De bajada, de ninguna manera se podrá evitar Nonza, elevado y armónico, tentador por la playa de arena negra que tiene a sus pies, ¡qué panorámica!

En apenas 8.500 km2 Córcega combina playas de agua cristalina con montañas que alcanzan los 2.700 metros. La isla está atravesada de norte a sur por una imponente cordillera. Esta columna vertebral puede recorrerse a través de un sendero que no tiene nada que envidiar en paisajes y verticalidad a los que surcan los Pirineos. El GR-20 es una de las rutas de senderismo más impactantes de Europa. Enlaza Calenzana y Conca, dentro del Parque Natural Regional de Córcega, y, a lo largo de 180 kilómetros, asciende un desnivel de nada menos que 12.800 metros. El caminante atraviesa magníficos bosques de castaños y de hayas, lagos, circos montañosos y picos que parte del año quedan cubiertos por la nieve, la misma que luego da brillo al paisaje y alimenta los ríos, que forman pozas idílicas y refrescantes.

Si ponemos rumbo a Porto será inexcusable detenerse en L’Île-Rousse y Calvi. Allí, entre Porto y Piana aguardan las Calanques, una angosta calzada que circunda un capricho geológico en forma de enormes rocas de granito rojo declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Su visión constituye una experiencia deslumbrante. De Porto y Calvi salen los barcos para disfrutar de la reserva natural de Scandola, primera de Francia en ser terrestre (900 hectáreas) y marítima (1.000). Como quien busca reconquistar la inocencia, salpicado por las gotas de agua de mar que precisa todo ensueño, nadie se cansa de fotografiar islotes, grutas y acantilados donde la lava alterna con el granito, que culminan un viaje iniciático y a la vez definitivo. Y es que el tiempo en Córcega no se relaciona con la urgencia, sino más bien con algo parecido a la infinitud.



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viernes, 10 de agosto de 2018

Mujeres que viajaron. Convocatoria CFP- NEMLA-Seminar: "Queer Women: Reading and Writing in 19th & 20th Peninsular Spanish Literature"

Convocatoria CFP- NEMLA-Seminar: "Queer Women: Reading and Writing in 19th & 20th Peninsular Spanish Literature" 

Coordinado por: Dra. Ana Isabel Simón-Alegre (Adelphi University) y Dra. Aurélie Vialette (Stony Brook University).

The topic of this seminar is the presence of the “chicas raras” in Modern Spanish literature, also known as “queer women” in English. Queer is the perfect conceptual framework to think about how Spanish authors explore feminist themes, such as discrimination or inequality using their narratives as a tool to examine tensions in female subjectivity. The concept queer includes the idea of gender dissidence that encompasses how female intellectuals experience sex, sexuality and, gender. Even if oftentimes these writers have difficulties conceptualizing these notions, they are perceptible in women narratives, especially through specific genres: autobiography, memoir, romance fiction and letters.
This seminar wishes to explore not only the significant presence of queer women in Spanish literature but also ask why it has been silenced culturally. For that matter, we will take up notions such as “cursi” (cheesy) in texts written by women from 1850 up to the present. We argue that when literary criticism dismisses a woman-authored novel as “cheesy,” it is due to a gender mark related to the concept of queer. Noël Valis (2003) cleverly elaborated on the untranslatable concept of “lo cursi” and the structure of feeling that characterizes Spain’s uneasy surrender to the forces of modernity. We want to keep this debate open and propose a discussion on how the literary figure of the “queer woman” is, in fact, also present in European writers.
Abstracts accepted in Spanish or English.
This seminar examines the significant presence of the queer woman in Peninsular Spanish Literature written by women from 1850 up to the present. Our objectives are: to examine how Spanish Women Writers used this literary figure in their novels to explore gender conventions, track the connections between these literary figures and those of other Women Writers and, and discuss how the figure of the queer woman was a factor in the personal lives of women writers.
Please email an abstract of your proposal in Spanish or English to https://www.buffalo.edu/nemla/convention/callforpapers.html by September 30, 2018. This session will be organized as a seminar.



via Carla Ulloa Inostroza https://ift.tt/2Mb1Vmf

jueves, 9 de agosto de 2018

Viajes. Fuerteventura, el paraíso playero de las Canarias

El viaje por Fuerteventura invita a disfrutar de sus fabulosas playas, pero también a realizar una inmersión en las entrañas de la isla más antigua de las Canarias, emergida del mar hará unos 20 millones de años. La erosión desmanteló sus dos grandes volcanes, tan elevados como el actual Teide, y configuró un paisaje de amplias planicies, jalonado por el Macizo de Betancuria (762 m) en el centro o las Montañas de Jandía (807 m) al sur. Al igual que en Lanzarote, los vientos alisios apenas hallan obstáculos que les permitan elevarse lo suficiente para descargar su humedad. Por eso Fuerteventura se reviste de ocres y sustenta una fauna y una flora adaptadas a la escasez de agua. Todo ello intensifica el sabor de su queso de cabra, de raíz aborigen, o el del zumo del tuno o higo chumbo.

La Península de Sandía, de origen volcánico, se extiende en el sur de la isla, con playas infinitas.

Hasta mediados del siglo XX se llegaba a Puerto Cabras a bordo del barco de vapor El Correillo. Allí desembarcó en 1924 Miguel de Unamuno para su confinamiento durante la dictadura de Primo de Rivera. Hoy la capital de la isla, Puerto del Rosario –con aeropuerto a 4 km–, tiene junto al Cabildo un museo dedicado al escritor. Ocupa la casa que le dio cobijo y donde inició su cuaderno De Fuerteventura a París, publicado en 1925. En él cuenta que paseó en camello, tomó el sol en cueros y sintió Fuerteventura como un respiro, tal y como escribió al regresar de su exilio.

Hacia el interior de la isla

En busca de ese paisaje austero, desnudo y desértico que describió Unamuno nos dirigimos al Mirador del Morro Velosa. Desde este punto del interior se avista un panorama de 360 grados que abarca el centro y norte de la isla. Además de las vistas, el mirador muestra una exposición dedicada a los tesoros de esta isla declarada Reserva de la Biosfera: geología, fauna, flora, recursos naturales y patrimonio etnográfico, como el inmenso valor de las gavias, el sistema de cultivo desarrollado por los antiguos habitantes para aprovechar hasta la última gota de lluvia que cae en esta isla de clima semidesértico.

A pocos metros de este punto estratégico hay otro mirador, el de Guise y Ayose. Tiene dos estatuas de bronce dedicadas a estos antiguos menceys, gobernantes de una isla dividida en los reinos de Jandia y Maxorata, que desaparecieron poco después de la conquista.

Desde allí ya se contemplan los tejados de Betancuria, fundada en el siglo XV y capital de la isla durante siglos. Después de pasear por sus calles empedradas, merecen una visita el Museo de Arte Sacro y el Arqueológico. El municipio está casi en su totalidad protegido por el único Parque Rural de la isla, de interés geológico.

El valor natural de Ajuí

En la cercana Pájara se admira la portada de su iglesia, del siglo XVII e inspiración azteca. A escasos 10 km se halla Ajuí, villa y Monumento Natural, con una playa de arena negra, idónea para contemplar la puesta de sol. En esta zona está el meollo de la historia geológica de Fuerteventura. La pared del barranco de Ajuí muestra las capas de la tierra. En la franja inferior, aflora el complejo basal verdoso, las rocas más antiguas de Canarias. Corresponde a la fase de crecimiento submarino, antes de que la isla emergiera del mar y se superpusieran sobre ella volcanes que hoy ya no existen; algo que se ve en contados lugares del planeta. Otra sorpresa son las Cuevas de Ajuí, excavadas por la erosión marina cual catedrales oceánicas. Las dunas fósiles y los sedimentos de la superficie son como esculturas naturales y el summum para aficionados a la paleontología.

Las excursiones por Ajuí suelen abrir el apetito. Por suerte hay restaurantes frente a la playa donde comer una «vieja a la espalda» (un pez loro emblemático de Canarias) o unas lapas con mojo. Otra parada de interés es el Ecomuseo de Tefía, que nos habla de la vida campesina y de los molinos de la isla.

Cerca de Ajuí se pueden ver las rocas más antiguas de Canarias.

En busca de la vegetación ancestral de Fuerteventura seguimos hacia el Parque Natural de Jandía, en el sur, para subir al pico de la Zarza (807 m), techo de la isla, que se eleva sobre la playa del Cofete. Las nubes que se arremolinan en la cresta proporcionan la humedad suficiente para alimentar un pequeño jardín colgante natural. A salvo de las voraces cabras, aquí sobreviven endemismos como el acebuche canario, el aderno, el mocán, la magarza y el tajinaste de Jandía.

Rutas senderistas

En el núcleo turístico Morro Jable nace el sendero PR-FV 54 que sube a la cima. Se trata de una pista de 7,5 km. Desde lo alto del Pico de la Zarza, la vista de la extensa playa de Cofete justifica el esfuerzo. Otro enclave para ver la flora de Fuerteventura es el Jardín Botánico de La Lajita.

Camino del norte –Fuerteventura es la isla canaria más larga: 98 km de norte a sur–, los amantes de los sabores locales pueden detenerse en queserías tradicionales que elaboran con leche de cabra el queso majorero, ya consumido por los aborígenes y hoy con denominación de origen.

En su extremo nordeste, pasando por el Parque Natural de las Dunas de Corralejo, la isla nos reserva una experiencia más: observar los delfines que surcan el estrecho de la Bocaina, entre Lanzarote y Fuerteventura. Lo aconsejable es contratar una excursión en el barco del Instituto Canario de Estudios de la Naturaleza. Y así despedirnos de la isla con palabras de Unamuno: «Mar que sana… Roca sedienta al sol, Fuerteventura, tesoro de salud y de nobleza…».



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miércoles, 8 de agosto de 2018

Pachinko. Holafly, la tarjeta SIM para estar conectado en tus viajes (Japón, Estados Unidos, Asia… y más)

Fotos de Tokio en Japon, mujer con telefono movil

El contenido de este artículo es patrocinado, pero todas las anécdotas y experiencias que se cuentan son reales.

Desde que empezamos a viajar por el extranjero hace más de una década, ha habido muchísimas circunstancias y hábitos viajeros que han cambiado de forma extraordinaria. Quizás una de las más evidentes ha sido el tema de la comunicación o el hecho de que actualmente estemos siempre conectados a internet. Cuando viajábamos fuera de España hace unos años tratábamos de dar señales de vida de vez en cuando llamando por teléfono en una conferencia internacional que nos costaba un riñon y parte del otro, tirábamos de mapas de papel o hacíamos las reservas de billetes u alojamientos a la vieja usanza en una ventanilla y cara a cara.

La tecnología ha evolucionado muchísimo en la última década y ahora no concebimos los viajes sin consultar cómo llegar de un destino a otro en Google Maps, buscar opiniones de un hotel, restaurante o excursión en TripAdvisor, seguir en contacto directo con nuestros familiares o amigos a través de  WhatsApp, o compartir fotos en Instagram, Facebook o Twitter. No decimos que la forma de viajar actual sea mejor o peor que la de antes, simplemente se ha trasformado y tratamos de aprovechar las ventajas que nos aportan las nuevas tecnologías. El roaming ya no es un problema para estar conectados con nuestros smartphones en la mayoría de países de Europa. ¿Pero qué sucede cuando viajamos a Japón, Estados Unidos, Asia u otros países? Os presentamos Holafly, la tarjeta SIM que nos hemos llevado para estar conectados en nuestro viaje a Canadá.

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Antes lo normal era poner el modo avión cuando empezábamos un viaje al extranjero y no conectar los datos del móvil ni borrachos al aterrizar. ¿Verdad que has probado todas las WiFi del aeropuerto sin saber si eso podía ser un riesgo para enviar un simple WhatsApp? Todo por no llevarte una desagradable sorpresa en la factura del móvil al regresar a casa.

Afortunadamente las cosas han cambiado y ahora es más fácil que nunca estar conectado a internet comprando una tarjeta SIM. Nosotros lo hacíamos normalmente el primer día del viaje, aunque siempre perdíamos bastante tiempo con ello en el aeropuerto de llegada o buscando alguna tienda de telefonía o 24 horas (por ejemplo en muchos destinos de Asia). Aunque la mayoría de veces eso bastaba, en algunas ocasiones nos hemos llevado alguna sorpresa desagradable porque la tarjeta no era compatible o no supimos hacerle entender al dependiente de la tienda (que por supuesto, no hablaba español) cuáles eran nuestras necesidades.

Para evitar este tipo de inconvenientes, este año hemos confiado en la empresa española Holafly, cuya principal ventaja es que nos envía a casa (antes del viaje) justo la tarjeta SIM de datos y llamadas que necesitamos. De este modo, durante el trayecto de avión podemos cambiar la tarjeta SIM de nuestra compañía española por la de Holafly y disfrutar de la conexión a internet en el destino nada más aterrizar.

¿Qué ventajas tiene las tarjetas SIM de Holafly mientras viajamos?

La primera ya la hemos esgrimido en el párrafo de antes, disfrutar de cobertura 4G o 3G en el país al que vas a viajar desde que aterrizas, pues en Holafly usan las redes de las compañías telefónicas más importantes de cada país. Puedes utilizar las tarjetas SIM de Holafly en destinos como Japón, Estados Unidos, Tailandia, Marruecos, hasta un total de 11 destinos. Además, disponen de tarjetas para Norteamérica o varios países de Asia a la vez.

Gracias a las tarjetas SIM de Holafly podrás seguir utilizando en todos estos destinos las mismas aplicaciones de tu smartphone, aunque cambies la tarjeta en tu móvil conservas todos tus contactos por lo que no tendrás problemas con los programas de mensajería tipo WhatsApp o Messenger. Además, en todos los destinos los datos son ilimitados (excepto en Japón).

El hecho de tener una tarjeta SIM local te permite recibir llamadas y SMS a través de  tu número de teléfono local. Esto viene genial para reservar en algún restaurante, recibir avisos de tu alojamiento o para cualquier imprevistos.

¿Cómo es la reserva de las tarjetas SIM de Holafly y cómo se activan?

El proceso de la reserva de las tarjetas SIM es muy sencillo y siempre se realiza a través de su web oficial. Simplemente tienes que escoger el destino y el tipo de tarjeta que necesitas y te las envían a casa en 48 horas máximo, sin gastos extra y por correo urgente. Los precios no llevan sorpresas desagradables, ya que son justo los que ves en la web de Holafly.

Una vez en destino simplemente tienes que recortar la tarjeta de Holafly (vienen troqueladas) para que encaje en el tamaño de la que use tu móvil (no olvides el pincho para sacar la tarjeta que emplean algunos móviles como los iPhone). Luego el proceso de activación depende de cada destino. Suele ser bastante sencillo, pero recibirás por correo electrónico las instrucciones que debes seguir paso a paso.

Una vez acabe el viaje no tienes que devolver la tarjeta, ya que la puedes tirar o quedártela de recuerdo.

Holafly, es una excelente opción estar conectado en tus viajes. Introduce el código ELPACHINKO al reservar y sólo por ser nuestro lector aprovéchate de un 6% de descuento: reserva aquí tu tarjeta SIM de Holafly con el código ELPACHINKO.



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