lunes, 22 de septiembre de 2025

Viajes. Estos son los países que reconocen al Estado de Palestina

Por si todavía había dudas sobre qué término emplear para describir la situación en la Franja de Gaza, un nuevo informe de la Comisión Internacional Independiente de Investigación de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) sobre el Territorio Palestino Ocupado ha sido contundente*: Israel está cometiendo un genocidio, al cumplir con cuatro de los cinco criterios definidos para ser considerado como tal, a saber, "matar, causar graves daños corporales o mentales, infligir deliberadamente condiciones de vida calculadas para provocar la destrucción total o parcial de los palestinos e imponer medidas destinadas a impedir los nacimientos", señala el documento.

El scroll digital, en el que no pasa desapercibida la barbarie y la presión de una sociedad civil que, desde fuera y dentro del área afectada, denuncia la hambruna generalizada en la Franja de Gaza o el asesinato de periodistas palestinos, hace imposible que la comunidad global continúe mirando hacia otro lado: para la próxima Asamblea General de la ONU, que se celebrará entre el 23 y el 29 de septiembre en Nueva York, se prevé que Estados Unidos e Israel den un paso más hacia su aislamiento internacional.

Y es que, de los 193 países contabilizados por esta organización, alrededor de 147 ya han reconocido oficialmente al Estado de Palestina. Para más énfasis, de acuerdo con la hoja de ruta del evento, la cifra podría ascender a más de 150, entre los que se encontrarían algunos de los principales socios comerciales del gigante norteamericano y su protegido en Oriente Medio. 

dE 1988 A 2018: treinta años de reconocimiento

Fue el 15 de noviembre de 1988 cuando el líder político Yasser Arafat, de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), declaró la Independencia del Estado de Palestina, redactada por el poeta Mahmoud Darwish. Ese mismo día, Argelia, que fue el primero, y otros once países de la Liga Árabe y de la Organización para la Cooperación Islámica la reconocieron. Y a finales de dicho año, ya eran más de 70, incluyendo China, Cuba, India, Nicaragua, Turquía, la URSS y Checoslovaquia, entre otros.

De 1990 hasta el 2000, a la lista se sumaron más países africanos y asiáticos. Y más tarde, entre 2005 y 2012, un gran grueso de naciones americanas -desde Costa Rica hasta Brasil, Argentina o Paraguay- dio también el paso: el último de ellos fue Colombia, en 2018, y en la actualidad los únicos dos gobiernos del continente que no lo han hecho son Estados Unidos y Panamá. Entonces, este amplio reconocimiento llevó a que, por un lado, en 2011 la UNESCO reconociera a Palestina como miembro pleno y, por otro, en 2012 la Asamblea General de la ONU le otorgase el estatus de Estado Observador no miembro, con el voto favorable de 138 países.

Una nueva oleada europea y global

El reconocimiento del Estado de Palestina ha recibido una oleada de nuevos adheridos en los últimos años, especialmente después del comienzo del conflicto, en octubre de 2023. Mientras que a principios de 2024, tal y como te contamos en este artículo, menos de una tercera parte de los países de la Unión Europea había tomado esta decisión, en mayo ya lo hicieron España, Irlanda y Noruega. Luego, en junio, Eslovenia y Armenia se unieron. 

Y esto nos lleva al punto de inicio: en pleno 2025, frente a la evidencia del genocidio, el número de países que reconoce al Estado de Palestina ha aumentado tanto en número como en relevancia internacional: el anuncio de la decisión (que se hará oficial en esta Asamblea General de la ONU) por parte de Francia, Reino Unido, Canadá, Australia (todos aliados de Estados Unidos y pertenecientes al G20), además de Portugal, constituye un hito en una lucha que se ha extendido por décadas, y una acción que la comunidad internacional considera clave para comenzar a establecer la paz en el territorio.

Esta es la lista de los países que han reconocido al Estado de Palestina

  • Algeria
  • Bahréin
  • Afganistán
  • Bangladés
  • Cuba
  • Jordania
  • Madagascar
  • Nicaragua
  • Pakistán
  • Catar
  • Arabia Saudita
  • Emiratos Árabes Unidos
  • Serbia
  • Zambia
  • Albania
  • Brunéi
  • Yibuti
  • Mauricio
  • Sudán
  • Chipre
  • Chequia (disputado)
  • Eslovaquia
  • Egipto
  • Gambia
  • India
  • Nigeria
  • Seychelles
  • Sri Lanka
  • Namibia
  • Rusia
  • Bielorrusia
  • Ucrania
  • Vietnam
  • China
  • Burkina Faso
  • Comoras
  • Guinea
  • Guinea-Bisáu
  • Camboya
  • Mali
  • Mongolia
  • Senegal
  • Hungría (disputado)
  • Cabo Verde
  • Corea del Norte
  • Níger
  • Rumanía
  • Tanzania
  • Bulgaria
  • Maldivas
  • Ghana
  • Togo
  • Zimbabue
  • Chad
  • Laos
  • Sierra Leona
  • Uganda
  • República del Congo
  • Angola
  • Mozambique
  • Santo Tomé y Príncipe
  • Gabón
  • Omán
  • Polonia
  • República Democrática del Congo
  • Botsuana
  • Nepal
  • Burundi
  • República Centroafricana
  • Bután
  • Ruanda
  • Etiopía
  • Irán
  • Benín
  • Kenia
  • Guinea Ecuatorial
  • Vanuatu
  • Filipinas
  • Esuatini (Swazilandia)
  • Kazajistán
  • Azerbaiyán
  • Turkmenistán
  • Georgia
  • Bosnia y Herzegovina
  • Tayikistán
  • Uzbekistán
  • Papúa Nueva Guinea (disputado)
  • Sudáfrica
  • Kirguistán
  • Malaui
  • Timor-Leste
  • Paraguay
  • Montenegro
  • Costa Rica
  • Líbano
  • Costa de Marfil
  • Venezuela
  • República Dominicana
  • Brasil
  • Argentina
  • Bolivia
  • Ecuador
  • Chile
  • Guyana
  • Perú
  • Surinam
  • Uruguay
  • Lesoto
  • Sudán del Sur
  • Siria
  • Liberia
  • El Salvador
  • Honduras
  • San Vicente y las Granadinas
  • Belice
  • Dominica
  • Antigua y Barbuda
  • Granada
  • Islandia
  • Tailandia
  • Guatemala
  • Haití
  • Suecia
  • Santa Lucía
  • Colombia
  • San Cristóbal y Nieves
  • Barbados
  • Jamaica
  • Trinidad y Tobago
  • Las Bahamas
  • Irlanda
  • Noruega
  • España
  • Eslovenia
  • Armenia
  • México
  • Canadá
  • Australia
  • Reino Unido
  • Portugal

*La conclusión de la Comisión de Investigación de la ONU no equivale a una sentencia judicial: sus informes son de carácter político y recomendatorio. Solo tribunales internacionales como la Corte Penal Internacional o la Corte Internacional de Justicia pueden dictar una condena jurídicamente vinculante por genocidio.



via Constanza V. Paura https://ift.tt/Pefz6ad

viernes, 19 de septiembre de 2025

Viajes. Las bacterias del intestino pueden 'hablar' directamente con las neuronas

En la actualidad, el denominado eje cerebro-intestino es uno de los campos más fértiles de la biomedicina. Se trata de una comunicación bidireccional entre el cerebro y las bacterias que tenemos en nuestro intestino a través de sustancias como vitaminas y hormonas que se mueven siguiendo la circulación de la sangre. Estos mensajes constantes no son una cuestión baladí, puesto que el intestino es el segundo órgano que contiene más neuronas y, además, es un importantísimo centro de regulación del sistema inmunitario, que nos protege de patógenos.

“Sabíamos que la microbiota puede influir en el cerebro, pero siempre a través de rutas indirectas, como el sistema inmune o la circulación sanguínea”. Celia Herrera-Rincón, investigadora Ramón y Cajal en la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Pero en su laboratorio han demostrado que una bacteria viva puede modificar directamente la actividad de una neurona con solo tocarla.

Es decir, que las neuronas no sólo notan la presencia de las bacterias, sino que también actúan en consecuencia y reaccionan emitiendo señales al propio interior de la célula o a sus compañeras a través de señales eléctricas. «Es un cambio de paradigma en nuestra forma de entender la comunicación entre microorganismos y el sistema nervioso», añade.

Formando un “minicerebro” en el laboratorio

Para lograr llevar a cabo su experimento, tomaron neuronas de un cerebro de rata y las sembraron en una placa de cultivo. Para «engañar» a las células y que creyesen que seguían en el interior de un organismo, añadieron medios de cultivo celular muy específicos y las situaron en un incubador a la temperatura del cuerpo. De este modo, las neuronas comenzaron a crecer y a dividirse durante 14 días hasta cubrir toda la superficie de crecimiento, interconectándose unas con otras.

Una vez tenían listo el minicerebro, añadieron al cultivo una bacteria característica de la microbiota humana: Lactiplantibacillus plantarum, que se encuentra en muchos alimentos y se considera beneficiosa para la salud. Así, dejaron que las bacterias crecieran junto a las neuronas y tomaron muestras en varios tiempos y para observar lo que iba sucediendo.

Cultivo 2D de células neuronales corticales (de cerebro): neuronas (verde) y células de glía (rojo). Los núcleos de las células están tintados de azul.

Mediante técnicas de microscopía avanzada y genéticas pudieron detectar cómo las bacterias se adhieren a la superficie de las neuronas, pero no las invaden. Es decir, se quedan «a las puertas» pero sin llegar a entrar en su interior. Aún sin entrar en las neuronas, su mera presencia induce ciertos cambios tanto en la actividad eléctrica como en la expresión de los genes de las neuronas. Unos cambios que podrían estar relacionados con la plasticidad neuronal, la inflamación o incluso algunas enfermedades. Es decir, que de alguna forma, estas bacterias están enviando mensajes a las neuronas, comunicándose con ellas.

Como comenta Juan Lombardo Hernández, investigador predoctoral y primer autor del artículo: «Es fascinante pensar que neuronas y bacterias, a pesar de pertenecer a reinos biológicos distintos, podrían compartir un lenguaje bioeléctrico común basado en canales iónicos y potenciales de membrana».

Cómo nos afecta este descubrimiento

Hay aproximadamente 100 billones de bacterias viviendo en nuestro intestino, cada una con sus cualidades. Por ello, estudiar la microbiota es una empresa extraordinariamente compleja, debido a la enorme cantidad de variables e interacciones que hay que tener en cuenta. En la actualidad apenas estamos comenzando a arañar la superficie de las implicaciones que supone tener a estas bacterias en nuestro interior y hasta qué punto condicionan nuestra salud o nuestra forma de pensar.

Aún con estas dificultades, las personas dedicadas al mundo de la investigación son muy capaces de resolver puzles aparentemente irresolubles y por ello, están poco a poco comprendiendo la función de la microbiota y lo que ocurre cuando se perturba. Estas perturbaciones pueden ocurrir por el uso de antibióticos, la dieta, o infecciones, y estudiar los cambios que ocurren puede ayudar a diseñar estrategias en el futuro que ayuden a patologías no sólo intestinales, sino también trastornos mentales o del sistema inmunitario.

Haber descubierto este nuevo modo de comunicación abre un camino más para comprender el papel de las bacterias intestinales en el sistema nervioso central. Se trata una visión holística del cuerpo, en el que las partes funcionan como un todo interconectado. Con esta premisa, el estudio podría acabar derivando en futuras terapias neuroactivas basadas en bacterias vivas o inactivadas que mejoren nuestra salud.



via Daniel Pellicer Roig https://ift.tt/XxaRTuV

martes, 16 de septiembre de 2025

Viajes. Budas en la roca

En las orillas del río Yi, en la provincia china de Henan, se alzan las Grutas de Longmen, uno de los mayores tesoros del arte budista en el mundo. Entre los acantilados de piedra caliza se extienden más de cien mil estatuas talladas directamente en la roca, que van desde diminutas figuras de apenas unos centímetros hasta colosos de más de 17 metros. Su construcción comenzó en el siglo V, durante la dinastía Wei del Norte, y se prolongó durante siglos, reflejando el auge del budismo en China y la influencia cultural de la Ruta de la Seda.

Cada escultura representa a bodhisattvas que simbolizan la protección y la iluminación. Para los peregrinos y monjes que visitaban el lugar, estas imágenes no eran solo obras de arte, sino un puente hacia la trascendencia, un recordatorio de la compasión y la fuerza interior. Hoy, las grutas de Longmen siguen siendo un testimonio de cómo la fe puede esculpir la piedra y convertir un paisaje natural en un santuario eterno.



via Abel G.M. https://ift.tt/vy98nKU

martes, 9 de septiembre de 2025

Viajes. El oleaje del mar Mediterráneo está cambiando: ¿qué consecuencias tiene?

Es habitual que al hablar de cambio climático pensemos en las consecuencias que tiene respecto a la emisión de gases de efecto invernadero. Sin embargo, su impacto no se limita exclusivamente a ello.

Hace unos años, un informe de la OCDE había estimado que el deshielo en los mares árticos podía reducir el tiempo del tránsito marítimo un 40% entre Asia y Europa. Esta vez, un grupo de investigadores de la Universidad del País Vasco (EHU) ha realizado proyecciones sobre el mar Mediterráneo, el más afectado por el cambio climático.

Disminución del viento y el oleaje

El estudio, publicado recientemente en Science Direct, estima que la disminución de viento y oleaje en estas aguas serán del 2% por década hasta finales de siglo. Y aunque pueda no parecer significativo, tiene múltiples consecuencias.

Nuevo oleaje mar Mediterráneo

Para arrojar las conclusiones, analizaron las modificaciones de cuatro variables durante tres ventanas temporales: 1985-2014, 2031-2060 y 2071-2100. Con los datos preexistentes de referencia, estimaron su variación en el futuro según la altura de las olas, el período medio de ola, el flujo de energía y la velocidad de los vientos en superficie.

Hasta el año 2010, los datos del oleaje del mar Mediterráneo se mantienen constantes sin comportamientos anómalos. Sin embargo, es a partir de esa década cuando el cambio climático comienza a provocar sus consecuencias y provoca que, si permanece el escenario actual de emisión de gases de efecto invernadero, su reducción sea aún mayor hacia finales de siglo.

Una de las particularidades del estudio es que la proyección muestra resultados muy diferentes respecto a los otros mares:

“Uno de los principales patrones globales que emergen en las proyecciones de vientos y olas hasta 2100 es una intensa asimetría entre los hemisferios Norte y Sur, concentrándose en este último los mayores incrementos”.

Las consecuencias de la disminución del oleaje

La metodología del estudio es inédita para el mar Mediterráneo. Las exhaustivas simulaciones de oleaje se realizaron con ocho modelos climáticos globales del programa Working Group of Coupled Modeling (WGCM). A través de este proyecto se plantearon proyecciones desde el escenario climático más optimista (SSP1-2.6) hasta el más pesimista (SSP5-8.5).

La disminución del oleaje tiene múltiples consecuencias. Por un lado, la biodiversidad marina verá modificado su ecosistema. Si bien el estudio no se detiene en este aspecto, es posible que afecte al movimiento de nutrientes en las aguas. Por otro lado, también significará un cambio en las costas. Además, industrias específicas como el sector eólico y los parques marinos podrían ver afectada su producción ante la disminución de los vientos.

Lo que sí destacan los investigadores de la Universidad de País Vasco es que la reducción “harán la navegación más sencilla y, en este contexto, las rutas marítimas preferentes, tanto para actividades legales como ilegales podrían cambiar”.

Que el futuro del mar Mediterráneo sea seguro es un reto de máxima relevancia, sobre todo, por otra característica que han destacado en el estudio: hacia 2100, como los vientos del hemisferio sur se incrementarán, las vías alternativas serán aún más peligrosas.

A lo largo de la historia y hasta la actualidad, el control del tráfico marítimo ha sido uno de los elementos clave en la geopolítica del mundo. ¿Estamos ante una nueva etapa para el mar Mediterráneo?



via Pedro Molina https://ift.tt/oh0OLzd

sábado, 30 de agosto de 2025

Viajes. Cómo pudo la peste negra acabar con 75 millones de personas

Aunque pueda parecer una enfermedad de la época medieval, siguen dándose casos de peste bubónica en algunos países de Norteamérica y Asia. Esta enfermedad es consecuencia del contagio de Yersinia pestis, una bacteria identificada en 1894 por el bacteriólogo Alexander Yersin, del Instituto Pasteur.

Esta bacteria tiene como reservorio las pulgas, es decir, se aloja en las pulgas de forma provisional hasta que puede pasar a otros animales o humanos cuando el insecto hematófago chupa la sangre de su víctima para alimentarse. Por este y otros motivos es aconsejable el uso de collares antipulgas en los animales domésticos, así como reforzar la protección mediante insecticidas cuando se les va a llevar a un lugar en el que puedan estar expuestos a pulgas.

Cuando la pulga transmite Y. pestis, la bacteria coloniza los neutrófilos del hospedador, es decir, entra en el sistema de defensa que trata de acabar con ella y, así, acaba en el sistema linfático del enfermo. Debido a la inflamación, aparecen grandes bultos negros por el cuerpo del paciente, lo que, junto a la fiebre elevada, crea el cuadro conocido como peste bubónica.

Ahora bien, la bacteria también puede colonizar otros tejidos, como los pulmones, dando lugar a la peste neumónica secundaria. En este punto, si no se trata, la bacteria puede acabar con la vida de la persona en 3 a 5 días por una septicemia. Además, en los casos de peste neumónica, el animal o la persona enferma puede infectar a otra a través de las gotículas expectoradas mediante la respiración y provocar más casos de peste neumónica, por lo que se trata de una enfermedad muy peligrosa.

En la actualidad la peste se puede curar con antibióticos, pero la rapidez del diagnóstico es clave para garantizar el éxito del tratamiento. Si no se trata, la enfermedad tiene una mortalidad asociada de un 60 %, mientras que, con los antibióticos, esta mortalidad se reduce a entorno al 10 %, lo que sigue siendo un número muy elevado.

La muerte negra

Un triste ejemplo de la mortalidad provocada por esta bacteria la encontramos en lo que se denominaría en latín como atra mors, la “plaga terrible” o la “Muerte negra”. Esta epidemia, que comenzó en el año 1347 se estima que acabó con la vida de entre 50 y 200 millones de personas en el viejo continente, casi un tercio de la población. Existen registros de epidemias de peste bubónica anteriores, como la Plaga de Justiniano (541 – 750) y posteriores, (hasta el siglo XIX) que también fueron extremadamente letales, pero debido a su crudeza, esta es la más conocida.

Inscripción funeraria de la peste justiniana

Respecto a su entrada en Europa, existen dos hipótesis principales. La enfermedad es endémica de Asia, por lo que es posible que la apertura de la Ruta de la Seda, además de importar riquezas, pulgas infectadas con la peste fuesen polizones de los animales de carga, domésticos, o ratas que acompañaban a las caravanas. La segunda, en cambio, habla de un cargamento de grano proveniente de Caffa, del Mar Negro, en el que ratas contaminadas con pulgas llegaron a Sicilia. De ahí, los roedores fueron expandiéndose por la isla, acabaron cruzando a la península itálica y encontraron las puertas abiertas en el resto de Europa.

La tormenta perfecta para el desastre

A partir de 1347 comenzaron los reportes de personas que desarrollaban bultos negros en axilas e ingles. Estos bultos, dolorosos al tacto, iban seguidos por llagas negras y fiebres muy intensas que debilitaban a la persona. La debilidad era tal que, a los 3 días, hasta el 75% de las personas con síntomas fallecían sin que nadie pudiese hacer nada.

La letalidad de la enfermedad fue tal porque llegó en un momento especialmente cruento para Europa. Durante el siglo XIV, una serie de cambios en el clima provocaron una pequeña edad del hielo en el continente, con inviernos especialmente crudos, que derivaron en fuertes hambrunas. Además, la mayoría de los recursos restantes se empleaban para alimentar los combates de la Guerra de los 100 años entre Inglaterra y Francia. Por otro lado, la presencia de ratas y otros animales que podían alojar pulgas era muy habitual en los pueblos y urbes de la época y, al no conocer el método de transmisión, tampoco podía cortarse.

De hecho, los estudiosos de la época asociaron la enfermedad con una pestilencia. Es decir, un contaminante del aire que entraba en el cuerpo y que acababa provocando los síntomas. Para combatir el aire, aconsejaban a la población que llevase sustancias dulces o amargas, como flores, vinagres o inciensos cerca de la nariz. 

Los médicos de la peste

La tormenta perfecta resultante permitió que, en sólo 5 años, la enfermedad acabara con entre 20 y 30 millones de personas. El resto de la población vivía sumida en el caos. Pueblos y ciudades cerraron accesos y, en el momento en el que a alguien se le detectaban los bultos, se le apartaba o desterraba y mucha de la población huía a otros asentamientos, lo que facilitaba la expansión de la enfermedad.

La Muerte estrangula a una víctima de la Peste Negra, de la colección de tratados del Clementinum de Praga (Thomas von Stitny, 1376).

En este desolador panorama apareció la figura del “médico de la peste” que, al contrario de la creencia popular, no llevaban máscaras con largos picos en el siglo XIV. Concretamente, la primera vez que aparecen mencionados es en el siglo XVII, en el año 1619 por Charles de Lorme, que dice haber creado un traje para protegerse de la peste hecho con cuero de cabra. Por otro lado, los médicos de la peste no eran médicos al uso, sino que su función consistía mayoritariamente en ofrecer consuelo y registrar el número de fallecimientos en las poblaciones.

Afortunadamente, en la actualidad el conocimiento de los métodos de transmisión de patógenos es mucho mayor que en la antigüedad y la vigilancia epidemiológica permite cortar los brotes de raíz en cuanto se detecta un único caso. Aun así, sigue siendo aconsejable protegerse contra pulgas (y otros insectos como las garrapatas por otras enfermedades) en salidas al campo, especialmente en zonas donde la enfermedad es endémica.



via Daniel Pellicer Roig https://ift.tt/AO4xsDX

martes, 26 de agosto de 2025

Viajes. El viaje que buscó alcanzar el Polo Norte... y terminó en tragedia

En junio de 1871, un barco de madera de aspecto robusto y con nombre épico, el Polaris, zarpó del puerto de Nueva York. A bordo viajaban marineros curtidos, científicos, carpinteros, un médico y un capitán conocido por su testarudez y su valentía: Charles Francis Hall. ¿Su objetivo? Tan claro como ambicioso: ser los primeros en alcanzar el Polo Norte.

En aquella época, el Ártico era una vasta extensión desconocida, llena de peligros y promesas. Cada milla ganada era un paso hacia lo que se consideraba uno de los mayores logros geográficos posibles. Y Hall soñaba con plantar la bandera estadounidense en el punto más septentrional del planeta y, de paso, devolver a casa a los patrocinadores y a la prensa con una historia épica. Lo que nadie sabía era que este viaje, planeado para ser una gran hazaña, acabaría convertido en una de las historias más tensas y misteriosas de la exploración polar del siglo XIX.

El sueño polar de Hall

Charles Francis Hall no era un marino común. Nacido en Vermont en 1821, había trabajado como grabador y editor de periódico antes de que el magnetismo de las historias árticas lo atrapara por completo. Esa fascinación se encendió con las noticias de la desaparición de la expedición de John Franklin, que en 1845 había partido con dos barcos, el Erebus y el Terror, para encontrar el Paso del Noroeste… y nunca volvió.

El misterio de Franklin conmocionó al mundo y desató una oleada de expediciones de búsqueda. Hall, convencido de que podía ayudar a resolverlo, se lanzó al Ártico por su cuenta. Entre 1860 y 1869 realizó dos largas expediciones, viviendo durante años con comunidades inuit, aprendiendo sus métodos de supervivencia y recogiendo relatos orales que aportaron pistas sobre el destino de Franklin y su tripulación. Hall no encontró los barcos, pero su experiencia le dio fama como explorador y un conocimiento directo de las durísimas condiciones del Ártico.

Así, con el respaldo del gobierno de los Estados Unidos y de varios inversores privados, se construyó y equipó el Polaris. El barco fue reforzado para soportar el hielo y cargado con víveres, carbón y materiales científicos. A bordo viajaba una tripulación internacional: estadounidenses, alemanes, escandinavos e inuit, todos con un mismo objetivo: navegar lo más al norte posible por el estrecho de Smith, al oeste de Groenlandia, y desde allí avanzar en trineos hasta alcanzar el Polo. La realidad, sin embargo, sería mucho más complicada.

Charles Francis Hall, líder de la expedición Polaris.

Un viaje cada vez más frío… y más tenso

La expedición avanzó durante el verano, aprovechando las ventanas libres de hielo. El paisaje era un mosaico de glaciares, montañas nevadas y mares salpicados de témpanos. Hall tomaba notas constantes, registrando coordenadas y observaciones meteorológicas.

Pero conforme se adentraban en las aguas del norte, surgían problemas. El hielo marino comenzaba a cerrarse antes de lo esperado, obligando a maniobrar constantemente para evitar quedar atrapados. El frío se volvía más intenso y la oscuridad del invierno polar se acercaba. Las diferencias culturales y lingüísticas entre los tripulantes, sumadas al aislamiento, alimentaban tensiones a bordo.

En octubre, cuando parecía que habían encontrado un fondeadero seguro en Thank God Harbor (actualmente Hall Basin), ocurrió lo inesperado: Hall enfermó gravemente tras beber una taza de café. Sufrió vómitos, delirio y parálisis parcial. Antes de morir, dos semanas después, acusó a miembros de la tripulación de haberlo envenenado.

Ruta seguida por la expedición Polaris, 1871-1873.

Muerte, hielo y supervivencia

La muerte de Hall dejó a la expedición sin su líder. El mando pasó al ingeniero Emil Bessels, con quien Hall había tenido conflictos previos. La falta de liderazgo claro y las tensiones internas complicaron la misión. Se abandonó la idea de alcanzar el Polo Norte; ahora la prioridad era sobrevivir y volver a casa.

En octubre de 1872, mientras intentaban avanzar hacia el sur, el Polaris quedó atrapado por el hielo y comenzó a ser empujado hacia mar abierto. En medio del caos, diecinueve personas —entre ellas varios inuit, mujeres y niños— quedaron varadas sobre un témpano cuando el barco se separó del hielo. Ese grupo sobrevivió a la deriva durante 196 días y recorrió más de 2.400 km antes de ser rescatado por un barco de caza de focas.

El resto de la tripulación logró salvar el Polaris y navegar hasta la costa de Groenlandia, donde fueron recogidos por otro barco estadounidense. Ninguno había alcanzado el Polo, pero todos llevaban consigo una historia que parecía salida de una novela de aventuras… o de misterio.

Supervivientes de la expedición, fotografiados en San Juan de Terranova después de ser rescatados.

El legado de una expedición fallida

La expedición del Polaris no cumplió su objetivo principal, pero dejó archivos importantes. Los mapas y registros que elaboraron aportaron valiosa información sobre el estrecho de Smith, la costa de Groenlandia y las condiciones del hielo ártico. Además, la odisea del grupo que sobrevivió a la deriva en un témpano sigue siendo uno de los relatos más extremos de resistencia humana en el Ártico.

El misterio sobre la muerte de Hall nunca se resolvió del todo. En 1968, un equipo de investigadores exhumó su cuerpo en Groenlandia y encontró niveles elevados de arsénico, lo que reforzó la sospecha de envenenamiento. Sin embargo, nunca se identificó a un culpable ni se pudo descartar del todo la posibilidad de que se tratara de un tratamiento médico mal administrado.



via Noelia Freire https://ift.tt/EZ3RQYz

jueves, 21 de agosto de 2025

Viajes. Tres robots exploran cuevas "lunares" en Lanzarote

La ciencia lleva años intentando descifrar cómo se puede adaptar el ser humano a las condiciones de vida fuera del planeta Tierra. Más de 250 exploraciones se han realizado desde 1958. Gracias a esto existe valiosa información respecto a las condiciones atmosféricas y de las superficies.

Sin embargo, un nuevo enfoque desde la perspectiva geológica podría ser la solución para algún día permanecer más allá de nuestro suelo: indagar lo que está debajo de la superficie.

El misterio de los tubos de lava

En realidad, desde hace tiempo se cree que allí podría estar la clave, pero la ciencia aún no logra conocerlo al detalle. Puntualmente, se trata de los tubos de lava, unas arterias por donde circula la roca fundida que ha sido expulsada por la actividad volcánica. Estas condiciones podrían repetirse fuera del planeta Tierra.

En la Luna, por ejemplo, se sabe que hubo una intensa actividad volcánica hace más de 3.000 años. La muestra más evidente son los mares lunares, esas manchas oscuras que se pueden observar a la distancia y surgieron fruto del vulcanismo. Pero sabemos muy poco de sus tubos de lava.

No es que sea fácil estudiarlo. Los problemas para investigar eran dos: primero, cómo acceder a un territorio similar. Segundo, cómo minimizar los riesgos para los científicos de la misión. Ante lo primero, la Agencia Espacial Europea (ESA) ha comprobado que había un sitio donde las condiciones se estimaban análogas a las de la Luna o Marte: los tubos de lava de Lanzarote.

El segundo problema es en lo que está trabajando actualmente un equipo de científicos de la Universidad de Málaga. El Laboratorio de Robótica Espacial, liderado por Carlos Pérez del Pulgar, acaba de publicar en Science Robotics, una detallada explicación de los robots que están desarrollando en conjunto con otros investigadores europeos.

“El blindaje natural que ofrecen estas cuevas frente a la radiación y a pequeños meteoritos las hace muy adecuadas para preservar firmas exobiológicas y proteger instalaciones humanas”, explica el estudio sobre la importancia de los tubos de lava.

Cómo ha sido la misión en Lanzarote

Para conocer las profundidades de los tubos se desplazaron hasta Lanzarote para realizar una misión con tres robots equipados con hardware y software específicos, desarrollados en centros alemanes y uno belga.

El volcán Etna en la costa de Sicilia tuvo actividad reciente.

El primer robot fue SherpaTT, el primer aparato en ingresar al tubo de lava. Después, LUVMI-X, más ligero y con escáneres 3D, para transportar una carga útil. Ambos realizaron navegación y cartografía de manera completamente autónoma. La tríada de robots la completó Coyote III, que contiene un radar de penetración en el suelo. 

Los resultados de la prueba en Lanzarote identificaron posibles rutas para descender en rapel, pero por problemas de humedad ante inesperadas lluvias tuvieron problemas para sondear la parte superior del tubo de lava.

El objetivo de la misión fue cumplido: los robots han sido capaces de construir un modelo tridimensional del terreno debajo de la superficie.

“Los resultados obtenidos demuestran la viabilidad del concepto de misión propuesto, que incluye tres vehículos exploradores planetarios de nueva generación coordinados para obtener información significativa sobre la morfología externa e interna de la cueva de lava”, sintetizaron en el artículo.

Más allá del importante avance, aún queda definir la adaptación de los robots a condiciones ambientales disímiles en la Luna o en Marte. Antes de esta misión, el equipo del Laboratorio de Robótica Espacial de la Universidad de Málaga había trabajado en dos fases con la Agencia Espacial Europa (ESA). Desarrollaron algoritmos para la planificación de los caminos en los tubos de lava y también el sistema de control para que el vehículo pudiera recoger las muestras.



via Pedro Molina https://ift.tt/vq40VOs