miércoles, 8 de agosto de 2018

Pachinko. Costa Este de Canadá con niños: ¡empezamos una nueva aventura!

Fotos de Canada, Cataratas del Niagara vista aerea

Pocas sensaciones hay más emocionantes que saber que estás a punto de emprender un nuevo viaje. Vuelve ese cosquilleo por todo el cuerpo, esa sensación de aleteo de mariposa en la boca del estómago y esos nervios incontrolables que genera enfrentarse a un destino desconocido. Por fin ha llegado el momento de emprender nuestro gran viaje en familia del año, aunque esta vez hemos llegado con los deberes hechos y ya tenemos el equipaje preparado desde ayer. Esta mañana toca perfilar los últimos detalles y repasar todo para que no se quede nada en el tintero. Pero, ¿cuál es el destino de este verano? ¡Nos vamos de viaje a la Costa Este de Canadá con los niños!

Este año cambiamos nuestra querida Asia por Norteamérica con el objetivo de descubrir un destino al que le teníamos muchas ganas desde hace tiempo. Y además, lo hacemos acompañados porque viajamos con una familia de amigos que también tiene dos niños pequeños (uno de ellos un bebé). Llevamos trabajando codo con codo desde hace varios meses para que todo salga a pedir de boca en esta aventura, de hecho, los vuelos los compramos en octubre… aunque es ahora cuando toca disfrutar de verdad.

Ya sabéis que antes de cada viaje nos gusta implicar a los niños con los preparativos, así que les hemos enseñado a Teo y Oriol dónde está situada Canadá en el mapamundi, cuál es su bandera, qué idiomas hablaremos durante el viaje y  también les hemos contado por encima todos los planes divertidos que hemos preparado para que se lo pasen en grande.

Canadá es el segundo país más extenso del mundo después de Rusia, así que la primera duda que nos surgió a la hora de preparar el viaje fue qué lugares visitar. Vivimos un intenso viaje entre las dos familias para decidirnos por un itinerario y finalmente dilucidamos que lo mejor era visitar la Costa Este con los niños. La combinación entre ciudades tan interesantes como Toronto, Quebec o Montreal y paisajes naturales de primerísimo nivel nos auguran unos días memorables.

Fotos de Canada, Toronto al atardecer

¿Y qué planes tenemos para los próximos días? La primera etapa del viaje probablemente sea la más tediosa, ya que nos vamos a pasar parte del día volando. Serán unas 12 horitas hasta llegar a Toronto desde Alicante (vía Lisboa), aunque nada que ver con las más de 24 horas que tardamos el año pasado para aterrizar en Manila. Pasaremos los primeros días en la capital de la provincia de Ontario y aprovecharemos su cercanía con las Cataratas del Niágara para visitar sus impresionantes saltos de agua.

Tras esta primera etapa en Toronto y alrededores, iremos viajando poco a poco hacia el noreste de Canadá para luego retornar de nuevo a Toronto. Entre las etapas que haremos están el archipiélago de las Mil Islas, Montreal, Mont-Tremblant, Quebec, Tadoussac donde trataremos de ver ballenas, el precioso Lago Saint-Jean, el Parque nacional La Mauricie y terminaremos nuestro viaje por la Costa Este de Canadá con niños en Ottawa, la capital del país.

Pese a que ya tienen experiencia en el norte del continente americano (¿recuerdas nuestro viaje a Nueva York con niños?), tenemos ganas de ver cómo reaccionan Teo y Oriol ante la desbordante naturaleza canadiense o la mezcla de culturas tan interesante de ciudades como Toronto o Quebec. Siempre hemos dicho que uno de los mejores legados que les podemos dejar a nuestros hijos es viajar y que descubran otras realidades. No sabemos si lo hacemos de forma altruista como un regalo de padres a hijos o por puro egoísmo, ya que la sensación de ver el mundo a través de sus ojos es un placer y una satisfacción incomparable.

Fotos de Canada, ballena en Tadoussac

A priori, no tenemos intención de publicar nada del viaje hasta nuestro regreso dentro de tres semanas, aunque sí que hemos dejado algunos artículos programados de otros destinos para hacerte la espera más llevadera. No obstante, ya sabes que puedes seguir nuestras aventuras en la Costa Este de Canadá a través de nuestras cuentas de Instagram, Facebook o Twitter (¿de verdad que todavía no nos sigues?). Esperamos divertirnos mucho en este fantástico destino, descubrir unos paisajes inolvidables y hacer muchas muchas fotos. Estamos convencidos de que este viaje será un recuerdo imborrable para ambas familias.

Si estos días dejas algún comentario, tweet, mensaje en Facebook, Instagram o nos envías algún email disculpa si no te respondemos inmediatamente, lo haremos a la vuelta con mucho gusto.

Mientras tanto, vamos a perfilar los últimos detalles del viaje antes de pillar el taxi que nos lleve al aeropuerto de Alicante para tomar el primer de los dos vuelos que tenemos por delante. Te dejamos al cuidado de “el Pachinko” que desde ahora queda cerrado por vacaciones, nos vamos de viaje a la Costa Este de Canadá con los niños.



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martes, 7 de agosto de 2018

Apuntes. Visita al Monasterio de Suso (San Millán de la Cogolla)

Aunque San Millán de la Cogolla apenas supera los 200 habitantes, esta pequeña localidad riojana puede presumir de albergar dos edificios protegidos por la UNESCO. Hablamos de los monasterios de Suso y de Yuso. En un artículo anterior ya hablamos del Monasterio de Yuso (el más grande y espectacular de los dos), pero teníamos pendiente dedicar unas ...

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domingo, 5 de agosto de 2018

Viajes. Cerdeña, paraíso en mitad del Mediterráneo

Y precisamente el tiempo es lo que debemos olvidar nada más pisar la segunda ínsula más grande del Mediterráneo después de Sicilia. Aunque las distancias son cortas, las serpenteantes carreteras obligan a viajar sin prisa y disfrutar de los paisajes que circundan cada kilómetro que recorremos. Pues disfrutarla en coche es la mejor manera de conocer a fondo la isla.

Un buen punto de partida es el delicioso pueblo de Alghero. Sus calles empedradas y sus edificios levantados hace cientos de años por los catalanoaragoneses nos recuerdan al encanto de las villas de la Costa Brava. ¡Si hasta se habla en catalán! Anchas murallas a modo de bastiones nos evocan un pasado de resistencia frente a los diferentes invasores que intentaron controlar la villa; un pasado ahora convertido en un cautivador paseo donde contemplar el batir del oleaje sobre los muros que rodean el casco antiguo.

No será la única vez en el trayecto que veamos este tipo de construcciones. Toda la isla está rodeada de bastiones, murallas y torres de vigilancia erguidas en el pasado. Precisamente una de las más bucólicas es la que se encuentra un poco más al norte, en la playa de La Pelosa, en Stintino. Allí, este vigía pétreo parece controlar que las aguas cristalinas y el blanco de la arena permanezcan como él, ajeno al ir y venir de visitantes que se acercan a contemplar este paraje de postal.

Hacia el este, una carretera asomada al mar nos conduce hasta Castelsardo contemplando la infinidad de la costa norte en algo más de media hora. Un caleidoscopio de casas color pastel dispuestas en la ladera de la colina nos da la bienvenida. Coronada por un castillo del siglo XII, murallas y callejuelas empinadas, Castelsardo alardea de ser uno de los pueblos más duchos en el arte de la cestería. Recorriendo su casco antiguo no será difícil encontrar artesanas elaborando aparejos de pesca, cajas, cestas y todo tipo de objetos imaginables realizados con mimbre. ¡Incluso hay un museo dedicado a este arte!

La strada que discurre por el norte de la isla hasta Palau está salpicada de pequeñas playas que sirven de antesala de uno de los platos fuertes del viaje: El Parco Nazionale dell' Arcipelago di La Maddalena. Separada de Palau por poco más de 2 kilómetros solo es accesible en barco y resulta un paraíso en sí misma. Los traghetti que parten cada media hora en temporada alta desde Palau permiten cruzar a las islas de la Maddalena y la Caprera en menos de 45 minutos.

La Maddalena y Caprera

Una vez allí lo más complicado es elegir en cuál de las decenas de idílicas playas deseamos pasar el día. Desde la concurrida cala Spalmatore hasta la curiosa playa del Relitto, en la Caprera, famosa por los restos de un barco que transportaba carbón y que quedó allí varado tras un incendio; o la preciosa cala Tahití, más conocida por los oriundos como cala Coticcio, un pequeño arenal resguardado por rocas blanquecinas que hacen las delicias de los buceadores.

Recorrer las dos islas principales es sencillo gracias al pequeño puente que las une, aunque otra opción para conocer mejor el parque es alquilar una pequeña embarcación y perderse entre los los más de 60 islotes que conforman esta maravilla natural.

Pero además de playas encantadoras, especies endémicas y una idiosincrasia propia, el parque guarda un pedazo importantísimo de la historia de Italia. Allí se encuentra la tumba y la casa museo de Garibaldi (Compendio Garibaldino), el unificador del país de la bota de mediados del siglo XIX. Fue él mismo quien adquirió unos terrenos en la entonces semidesértica Caprera y donde pasó sus últimos años tras su retiro de la vida política hasta que murió en 1882. Visitarlo es toda una lección de historia.

Lo bueno de una isla como Cerdeña es que las posibilidades son infinitas. Cuando parece que no puede haber un atardecer más bello, unas aguas más inmaculadas y un pueblo más auténtico, recorres unos pocos kilómetros y te topas con una nueva sorpresa. Así ocurre con costa Esmeralda, en las proximidades de Olbia. El lujo y el glamur se dan cita cada verano entre Porto Cervo y Porto Rotondo, donde los precios se disparan y los yates parecen competir por el premio a la embarcación más pomposa de cada inaccesible cala.

Un mundo más mundano y asequible se abre al sur, hacia el imponente peñasco de Isola Tavolara con su área marina protegida y los pueblos de San Teodoro, Budoni y La Caletta. Antesala de nuevo de uno de los lugares más impresionantes que existen en la isla: el golfo de Orosei.

El golfo de Orosei, al oeste de Cerdeña

Para muchos es la zona, con permiso de la Maddalena, más bonita de Cerdeña. Protegido legalmente como Parque Nacional del Golfo de Orosei y del Gennargentu aglutina una sucesión de calas accesibles únicamente por mar o a través de largos senderos solo aptos para los más aventureros. El color de sus aguas, las enormes paredes de roca caliza y las cuevas horadadas por las olas a lo largo del tiempo hacen de sus 20 kilómetros de costa un lugar realmente mágico.

El pueblo de Cala Gonone es el punto de inicio perfecto de cualquier periplo por el golfo. Varios tipos de embarcaciones parten diariamente hacia las distintas calas donde disfrutar del sol mediterráneo. Lo más habitual es contratar una excursión en gommone (lancha hinchable) de entre 8 y 10 personas con la que, además de parar en diversos arenales, adentrarse en alguna de las estrechas cuevas y cavidades durante la navegación.

Cala Luna, cala Sisine, cala Biriola, cala Mariolu… son solo algunas de las playas de postal donde darse el baño soñado por cualquier amante del mar. Mención especial merece cala Goloritzé, con su maravilloso arco calcáreo, sus guijarros color marfil y su afilada aguja de 148 metros que hace las delicias de los escaladores más expertos. Todas distintas, pero todas con un factor común: el maravilloso crisol de tonos verdeazulados de sus aguas.

Tras un día de sol y playa es normal que se nos abra el apetito. Y esta zona, entre las provincias de Nuoro y Ogliastra, es el lugar perfecto para degustar la gastronomía mediterránea a base de productos locales. Su cercanía a los pueblos donde se anclan las raíces sardas, aquellos que rodean el Gennargentu y su pico más alto, la Marmora (1.834 metros), y su alma marinera nos permiten catar delicias bien de la tierra, bien del mar. Desde los malloreddus (un tipo de pasta en forma de concha alargada) servidos habitualmente con salsa de tomate casero y los culurgionis (pasta rellena estilo ravioli) hasta embutidos y queso pecorino, cordero, cochinillo, pescados capturados en el día o incluso erizos de mar y langosta; todo ello acompañado de vino de la tierra y pane carasau, una especie de corteza de pan que ya portaban y comían los pastores durante sus largas jornadas en el campo. Tras el atracón, los sardos son de “buen comer” y las raciones son abundantes, es más que recomendable probar el típico licor de la isla, el mirto, un digestivo elaborado con el fruto de nombre homónimo.

Acercarse a Cagliari significa encontrar mejores infraestructuras viales, pero también cruzarse con una mayor cantidad de visitantes en el camino. Sin embargo la zona sureste de la isla todavía mantiene un alma impertérrita y agreste en las proximidades de Villaputzu y Muravera. Además, en los días laborables, los arenales de aguas turquesas de Costa Rei y capo Carbonara se mantienen idílicos a pesar de la cercanía a la gran urbe. Idilio que se ve perturbado durante el fin de semana, cuando una gran cantidad de cagliaritanos se acercan a disfrutar de las playas aledañas más hermosas.

Cagliari, la capital de Cerdeña

Una vez en la capital, todo varía. La hace unos años destartalada Cagliari ha sufrido un cambio radical y se ha convertido en un referente cultural y vital del carácter sardo. El centro neurálgico de la llamada “Jerusalén blanca”, como la denominó el escritor D. H. Lawrence, es la Piazza Yenne, a la que se accede desde el puerto a través del Largo Carlo Felice. Allí quedan las parejas, juegan los niños, esperan los taxistas, celebran los éxitos el equipo de fútbol de la ciudad, toman el café los ejecutivos y descansan los jubilados al sol. El lugar perfecto para empaparnos del alma de la cittá, escuchar el sardo (junto con el italiano, el idioma de la isla) y conversar con algún cagliaritano que, siempre amable, estará dispuesto a aconsejarnos su lugar preferido de Cerdeña y a debatirlo con vehemencia si le llevamos la contraria.

Los alrededores de esta plaza semipeatonal son un ebullir de pizzerias, restaurantes, bares y terrazas donde poder descansar y aplacar el hambre tomando una pizza al taglio, una birra o un helado de cualquiera de los cientos de sabores que ofrecen las gelaterie cercanas.

Una vez repuestas las fuerzas llega la hora de empezar a subir las empinadas y anárquicas calles que desembocan en alguna de las puertas que dan acceso a la parte alta de la ciudad, el Castello. Este barrio histórico es un promontorio amurallado y vigilado por el Bastione di San Remy, el lugar perfecto para disfrutar del atardecer con la ciudad a los pies.

La mejor manera de dejar la capital y dirigirnos al norte es tomar la strada statale 131 (también conocida como carretera E25), una especie de espina dorsal que recorre Cerdeña de norte a sur y que une tres de las principales ciudades de la isla: Cagliari, Oristano y Sassari. Sin embargo, como en la vida, merece la pena desviarnos del camino más sencillo para descubrir alternativas más sugerentes.

La costa oeste de Cerdeña

Al oeste de Oristano, a medio camino entre Cagliari y Alghero, resulta interesante visitar la península de Sinis, coronada por la antigua ciudad fenicia de Tharros, un estratégico enclave en las rutas comerciales de hace más de 2.500 años. Dentro de la misma península, un poco más al norte, encontramos una joya de playa. Literal, pues los pequeños cristales de cuarzo blanco que conforman Is Arutas, hacen de ella un lugar ideal para disfrutar de la caída del sol sobre inabarcable mar Mediterráneo.

Continuando hacia el norte nos topamos con uno de los enclaves más famosos entre los sassareses: S’Archittu. Merece la pena aplacar el miedo y lanzarse al agua desde los 9 metros de altura de un imponente arco natural de piedra blanca al grito de AIÓ!!!! (“vamos” en sardo).

Tras el subidón de adrenalina solo apto para los más atrevidos, volvemos a la calma arropados por la tranquilidad que inspira el marinero pueblecito de Bosa, unos cuantos kilómetros al norte. Allí su castillo medieval nos recibe junto con sus fachadas multicolor que parecen salidas de un cuadro de Mondrian. El corazón de la villa, dividido en dos por las sinuosas formas de la desembocadura del río Temo, es un remanso de paz donde disfrutar de los terrenales placeres de un café y un dulce al atardecer.

Cuando llega el final del camino solo queda echar la vista atrás, hacer memoria de las delicias que ofrece una isla sincera que, sin pretensiones, se hace un hueco en el corazón de quienes la visitan. Y justo en ese momento entiendes por qué todos los que han recorrido sus rincones y fascinantes playas prometen volver a este paraíso mediterráneo anclado en el tiempo.



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jueves, 2 de agosto de 2018

Viajes. Patrimonio Mundial en Cataluña: desde la montaña hasta el mar

Si hay un lugar en Cataluña en el que parece posible tocar el cielo con los dedos, ese está en los Pirineos. Al menos, los campanarios románicos de las iglesias del Vall de Boí, aliados con la altura de las montañas, así parecen indicarlo.

El románico encontró en el Vall de Boí su mejor entorno. Su conjunto patrimonial (ocho iglesias y una ermita), declarado Patrimonio de la Humanidad, es la mejor expresión del románico lombardo en Cataluña. El misterioso maestro de Taüll quedó unido al Pantocrátor de la iglesia de Taüll, salvándose así del olvido de los siglos. Y a pesar de que las pinturas originales se conservan en el Museo Nacional de Arte de Cataluña, en Barcelona, podemos disfrutar de los frescos recreados mediante un espectacular video-mapping.

La mejor forma de iniciar este viaje es pasando por el Centro del Románico de Vall de Boí, en Erill la Vall. Además de visitar las iglesias, hay que dejar tiempo para hacer una ruta de senderismo por el parque nacional de Aigüestortes y para relajarnos en el balneario de Caldes de Boí.

Un geoparque y deportes de aventura

Siguiendo por carretera y paralelos al Riu Noguera de Tor, llegaremos a Pont de Suert, nuestro siguiente destino. Un paso más y estaremos en Aragón. Al entrar en su casco antiguo, el viajero podrá sentir la quietud de otra época. Le espera la Plaza Mayor y la plaza porticada del Mercadal. Las calles Mayor, Escú o de Avall conducen al puente viejo que da sentido al topónimo del municipio. El lugar se ha convertido en un importante destino para el turismo activo, con ofertas para practicar senderismo, escalada, vías ferratas, descenso de barrancos, bicicleta de montaña o, incluso, rafting en el Noguera Ribagorzana.

Vall de Boí

Una alternativa es continuar hacia el sur por la carretera N-230 para visitar la Pobla de Segur, donde hace parada el pintoresco Tren dels Llacs, que llega desde la ciudad de Lleida. Viniendo de visitar patrimonio románico sorprende encontrarse la Casa Mauri y el Molino del Aceite, un conjunto de maravillosos edificios modernistas. Igualmente, hay que visitar Licors Portet, auténtico especialistas de una de las bebidas de tradición más popular de Cataluña: la ratafía.

Muy cerca, recorriendo la rivera del embalse de Sant Antoni, llegamos a la ciudad de Tremp. La capital de la comarca del Pallars Jussà está de enhorabuena porque a sus atractivos turísticos añade un nuevo geoparque mundial: el de la Conca de Tremp-Montsec, el duodécimo en España. Se reconoce así la riqueza geológica y paleontológica y el rico patrimonio natural, histórico y cultural de un espacio repartido entre 19 municipios.

Y de la tierra al cielo; o al menos, esa es la opción que nos permite alargar nuestra ruta hacia Àger. Decir Àger es decir aventura. Sobre todo, parapente y ala delta. Por sus características, esta zona es uno de los mejor lugares para estas disciplinas de toda España. De hecho, aquí se encuentra la única escuela de Ala delta de Cataluña. Además, entre sus valores, está el espectacular Congost de Mont-rebei, perfecto para la práctica del kayak y el senderismo.

Hacia los monasterios del Cister

Siguiendo el curso del Segre, ponemos rumbo a la llanura de Lleida. Precisamente, es paseando a orillas del río, que podemos comprobar mejor cómo la silueta de la Seu Vella se impone en la ciudad. De la catedral, a primera vista, destaca su espectacular campanario de 60 metros de altura y el cimborrio. Como indica su nombre, la Seu Vella es la catedral antigua de Lleida. Podemos visitarla de forma conjunta al Castillo del Rey. La visita a este conjunto monumental permite disfrutar de otra magnífica panorámica de la ciudad.

Vista panorámica de Lleida

En Lleida hay otros muchos monumentos destacados, como el Antiguo Hospital de Santa María, el Palacio de la Paeria, la Catedral Nueva, o los bellos edificios modernistas. El depósito del agua, referente del patrimonio industrial catalán, es una de las joyas más desconocidas de la ciudad. Finalmente, hay otro patrimonio, sólo que no monumental: los Cargols a la llauna, una delicia gastronómica que hay que probar antes de dejar Lleida.

A partir de la ciudad, una sucesión de árboles frutales y olivos nos acompaña hasta la comarca del Urgell. Antes de llegar a Vallbona de les Monges, sale a nuestro paso Arbeca, aún en Les Garrigues, con su sorprendente castillo, del que dicen que tenía tantas ventanas como días del año. En una visita se puede recorrer distintas parte como la torre del purgador o el impresionante balcón que da acceso a los depósitos de agua y la torre de los vientos. Por supuesto, antes de seguir viaje será mejor probar el aceite de la variedad Arbequina, que trajo de Palestina, el Duque de Medinaceli, ya en el siglo XVIII.

Seguiremos ruta hasta Vallbona de les Monges, el único monasterio femenino de la Ruta del Cister que une culturalmente a las comarcas de Alt Camp, Conca de Barberà y el Urgell. Conviene no quedarse solo en la belleza de este monasterio e ir un poco más allá en su historia que se remonta al año 1153 y que refleja la importancia que también tuvieron las mujeres en la Edad Media. Sus religiosas alcanzaron relevancia por su labor en el scriptorium. La comunidad ofrece visitas guiadas para conocer la cultura del monacato femenino.

Tierras de vino y arte rupestre

Paisajes de viñas, cereales y bosques se abren a nuestro paso hacia la Conca de Barberà, donde nos aguarda otro de los hitos de Cister en Cataluña. Llegar al Real Monasterio de Santa María de Poblet es entrar directamente en la Edad Media. Conocido popularmente como el “Escorial de Cataluña” por los monarcas que fueron enterrados en su iglesia, su origen se remonta al S.XII. Este monasterio, el más grande habitado de Europa, fue declarado Patrimonio de la Humanidad. En él hay una hospedería que recibe hasta doce viajeros varones que deben cumplir con el recogimiento monástico.

Fue con la vida religiosa que la cultura del vino se comenzó a desarrollar en estas tierras. Testimonio de ello son las conocidas bodegas modernistas diseñadas por el arquitecto Cèsar Martinell en las que se cría el vino D.O Conca de Barberà. Esta denominación de origen concentra 23 bodegas distintas; muchas de las cuales ofrecen catas de vino y cava.

Las murallas del pueblo medieval de Montblanc

En la misma comarca, están las montañas de Prades, donde se encuentra el testimonio más antiguo de civilizaciones que habitaron en la zona. Montblanc, capital de la comarca, es el punto de partida para las excursiones guiadas hasta el conjunto rupestre del barranco del Mas d’en Llort. Estas pinturas rupestres que se descubrieron en 1830, antes que las pinturas de la Cueva de Altamira, fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad. Además, Montblanc es uno de los conjuntos medievales más bellos de Cataluña.

Desde aquí, la ruta sigue hasta El Priorat, otra interesante tierra de vinos. El secreto de esta denominación de origen se encuentra en sus viñas, escarpadas y de temperaturas extremas, que parecen querer tocar el cielo. De su difícil trabajo salen vinos de un temperamento muy personal y cada vez más valorados. Vale la pena conocer este paisaje y alcanzar el pintoresco pueblo de Siurana, último bastión árabe en la zona, que parece tallado directamente en la roca del promontorio desde el que se eleva.

Vuelta a los orígenes

Abandonamos lo agreste del Priorat hacia tierras más llanas. Reus es la ciudad de los orígenes de Antoni Gaudí y donde vivió hasta su marcha a Barcelona. Conoceremos la trayectoria del genial arquitecto en el Gaudí Centre, que se encuentra en la popular plaza del Mercadal. En Reus, a pesar de ser el lugar de la infancia de Gaudí, no hay muestra de su arquitectura. Algo que queda compensado sobradamente con varías otras obras representativas del Modernismo catalán firmadas por Domènech i Montaner.

Junto al del Centro Gaudí, encontramos en una de las esquinas de la plaza, la Casa Navàs, una de las joyas destacadas que se pueden ver en la Ruta del Modernismo de Reus. También de Domènech i Montaner, destaca el Instituto Pere Mata, maravilla modernista en la que ya apuntan los rasgos esenciales del posterior Hospital de Sant Pau, en Barcelona. Además de por su arquitectura, podemos conocer Reus a través del Vermut. Y es que, en el siglo XVIII, el aguardiente la situó entre las principales capitales del mundo: “Reus, París y Londres”, solía decirse.

Es interesante hacer noche en Reus antes de proseguir hasta el punto final en la ruta porque nos aguarda todo un museo al aire libre: Tarragona. O tal vez, debiéramos decir mejor, Tarraco, la gran ciudad imperial, la que viviera el esplendor del gran César Augusto. El anfiteatro es uno de los enclaves más simbólicos de esa Tarragona. Pero, además, hay que pasar frente a la Catedral de Santa Tecla e imaginar la extensión que ocupó el Gran Foro Provincial (un equivalente a dos veces el Camp Nou) o pasear por la cabecera del Circo y recorrer los restos conservados de la muralla, la construcción arquitectónica romana más antigua conservada fuera de Italia.

Ambos lugares, el anfiteatro y la catedral, forman parte de los ocho espacios a través de los cuales se desarrolla la Ruta de los Primeros Cristianos. Esta ruta muestra el importante patrimonio artístico y arqueológico paleocristiano de Tarragona.

Además, Tarragona es “Ciutat de Castells"; aquí, como en Valls y otros lugares clave de Cataluña, la tradición castellera se vive con intensidad por parte de las cuatro "colles" (Xiquets de Tarragona, Jove dels Xiquets de Tarragona, Xiquets del Serrallo Castellers de Sant Pere y Sant Pau). Por todo ello, este es el cierre perfecto: si en los Pirineos, donde comenzábamos nuestro viaje, son los campanarios de las iglesias románicas los que parecen querer tocar el cielo, en Tarragona, son los castillos humanos los que se encargan de alcanzar el cielo soportando el peso de la historia en un vibrante y estético esfuerzo común.

Tarragona vistas desde la Catedral

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miércoles, 1 de agosto de 2018

Periodismo viajero. ISLA DE SKYE (ESCOCIA): INSÓLITA NATURALEZA

Es el escenario ideal para el más expansivo viajero romántico: una isla de las Hébridas interiores, en la costa occidental de Escocia, con una superficie de 155 kilómetros cuadrados y unos grandiosos parajes que aúnan mar y montaña de forma armónica. Un paisaje realmente evocador, moldeado con una intensa historia de actividad volcánica y la progresiva erosión de los glaciares que tuvo lugar durante las eras terciarias y cuaternarias.

Panorama de Skye

Hay dos formas de llegar a Skye, si viajas por la A87 hay que cruzar el nuevo Skye Bridge por Kyle os Lochalsh, no sin antes hacer una parada para visitar el castillo de Eilean Donan, uno de los más emblemáticos de Escocia y posiblemente uno de los más visitados habiéndose convertido en la imagen de los castillos de las Tierras Altas.

Castillo de Eilean Donan

Situada a poca distancia en ferry desde Mallaig hasta Armdale, ya en la Isla, al norte de las Tierras Altas, la isla de Skye es la que tiene una orografía más espectacular y variada del grupo de las Hébridas. Escarpada e intrincada como ninguna, está dominada por las abruptas montañas negras de Black Cullins y las erosionadas formas rosadas de la Red Cullins, un soberbio macizo que hace las delicias de los senderistas más curtidos y los escaladores más experimentados.

Cullins

Al norte de la capital administrativa, el pintoresco puerto de Portree, se alza la imponente elevación conocida como The Storr, con dieciséis kilómetros de lenguas de basalto sobre las rocas. De sus costas recortadas, como talladas a cuchillo, destaca el acantilado de Kilt Rock, cerca de Elishader, donde se alternan sedimentos y rocas ígneas que recuerdan los motivos geométricos del tartán escocés.

Acantilados de vértigo

Este es un lugar particularmente encantado, con cierto halo mágico. Los amantes de castillos tienen en las ruinas de la fortaleza de Duntulm, alojada en un pequeño saliente de la costa y levantada por el clan de los MacDonald, un portentoso vigilante de la ruta marítima hacia las Hébridas exteriores.

Fortaleza de Duntulm

Otra residencia del mismo ilustre clan desde el siglo XII es el viejo castillo de Dunvegan, situado a orillas del lago homónimo. Este majestuoso bastión escocés cuenta con reliquias tan fantásticas como el estandarte traído de las Cruzadas por un MacLeod. La leyenda dice que el estandarte fue el regalo de una hada al jefe del clan, a modo de mágico talismán. Desde aquí es posible acceder a un embarcadero y recorrer los islotes próximos a bordo de una lancha.

Reducto de la cultura gaélica y enjambre de un sinfín de leyendas y sagas heróicas, la bella isla de Skye es como un sueño donde cada accidente geográfico puede ser el resultado de un hechizo.
Nos devuelve a la realidad una completísima y bien organizada infraestructura, que permite practicar acampada, senderismo, escalada, pesca o, sencillamente, disfrutar con la mera observación de la naturaleza. Todo un fantástico marco de roca, agua y sueños del lejano norte. Aunque se la puede conocer en un día, se irán deseando repetir. No se queden con las ganas…

Más información en: https://www.visitscotland.com/es-es/destinations-maps/isle-skye/   y   https://www.escocia.es/highlands/isla-skye/

Portree

 

Como llegar. Hay dos formas de llegar a Skye, si viajas por la A87 hay que cruzar el nuevo Skye Bridge por Kyle os Lochalsh. Otra opción es llegar en ferry desde Mallaig hasta Armdale, El ferry, operador por CalMac (https://www.calmac.co.uk/) , cruza varias veces al día.

Donde dormir
* Cuillin Hills Hotel (www.cuillinhills-hotel-skye.co.uk ) en Portree, Este hotel, situado en medio de 6 hectáreas de jardines privados, ofrece vistas espectaculares a la bahía de Portree y a la cordillera de Cuillin. Ofrece una amplia carta de whiskies y cuenta con un restaurante galardonado. Las habitaciones del Cuillin Hills Hotel presentan una decoración tradicional y acogedora. Todas incluyen TV vía satélite, fruta fresca, agua mineral y té y café gratuitos. Algunas tienen vistas a la bahía.

* Tingle Creek Hotel (www.tinglecreek-hotel.co.uk/index.html ) El Tingle Creek Hotel está situado en una zona tranquila en las montañas del oeste de Escocia y goza de vistas a las islas de Skye y Raasay. Ofrece aparcamiento gratuito y una terraza al aire libre con vistas a la bahía de Erbusaig. Las habitaciones del Tingle Creek disponen de conexión Wi-Fi gratuita, baño privado, TV y set de té y café.

* The Tables Guest House (www.the-tables.co.uk) En la espectacular costa noroeste de la isla de Skye, The Tables Guest House en Dunvegan ofrece elegantes habitaciones y un completo menú de desayuno. En una posición elevada, con hermosas vistas al lago, The Tables ofrece aparcamiento gratuito y conexión inalámbrica a internet. Las habitaciones de la 1ª planta tienen TV de pantalla plana, set de té / café y baño privado con ducha o baño privado.

Dónde Comer
* Edinbane Inn Restaurant, (http://www.edinbaneinn.co.uk/) Bar restaurante, Bar y Pub típico Escoces, muy buenos platos tradicionales a precios asequibles.

* Red Skye Restaurant (http://www.redskyerestaurant.co.uk/index.html) en Breakish. Este es un restaurante de comida tradicional escocesa, de ambiente familiar y platos contundentes y caseros.

* Sea Breezes Restaurant, en Portree (44 1478 612016) Considerado como el restaurante donde se puede disfrutar del mejor marisco y pescado de la isla. Tienen una carta corta aunque suficiente y que completa con los especiales del día, habitualmente marisco de la zona. Los mejillones de la isla de Skye merecen mucho la pena. El ambiente muy bueno, íntimo y con vistas al muelle.

Kyleakin

 



via Andrés Magai https://ift.tt/2AuX0qN