miércoles, 7 de abril de 2021

Pachinko. 10 lugares imprescindibles que ver en Menorca en tu primer viaje

Si buscas que ver en Menorca ten por seguro que en tu viaje encontrarás una isla cercana, con playas espectaculares, turismo poco masificado, calidad de vida y una gastronomía deliciosa.

La más oriental de las Islas Baleares es un verdadero paraíso en la tierra y uno de los lugares donde hemos cargado las pilas de verdad cuando lo necesitábamos.

Aunque hemos viajado a esta isla en varias ocasiones, recordamos especialmente la primera, ya que fueron nuestras primeras vacaciones en pareja desde que habíamos tenido a los niños.

Fue una experiencia totalmente revitalizante y sorprendente, ya que esta isla tiene mucho más de lo que imaginas. Para ayudarte con tu escapada, vamos a recomendarte 10 experiencias imprescindibles que hacer en Menorca en tu primer viaje.

Lugares que visitar en Menorca en un primer viaje

Que hacer en Menorca, Binibeca Vell

Mucho más que sol y playa. Si tus próximas vacaciones son en Menorca, sólo podemos decirte que estás de suerte. Toda la isla está protegida por la UNESCO como Reserva de la Biosfera desde 1993, así que no te extrañe encontrarte un auténtico paraíso a muy pocos minutos en avión de la península.

Esta isla es un remanso de paz de un valor natural e histórico incalculable. Un tesoro medioambiental en estado puro que te enamorará y al que querrás volver una y otra vez. Empezamos esta guía donde te vamos a descubrir sitios que ver en Menorca en un primer viaje.

Las mejores playas y calas de Menorca

Que ver en Menorca, Cala Pregonda
Cala Pregonda en el norte de Menorca

Menorca es mucho más que sus playas, pero también es cierto que es el principal reclamo de la isla… y no nos extraña. La colección de calas y playas es realmente incomparable y sus aguas color turquesa poco tienen que envidiar a las que ya hemos visto antes en el Caribe o en el Sudeste Asiático.

Las mejores playas y calas de Menorca (o al menos las más populares) suelen estar en el sur de la isla. Suelen caracterizarse por su fina arena blanca y aguas cristalinas de un azul turquesa delicioso.

Las calas vírgenes más famosas y donde hacer turismo en Menorca son Macarella y Macarelleta, Mitjana, Turqueta, Son Bou, Binidalí, Son Saura, Trebalúger. Cala Galdana o Punta Prima también están muy bien, aunque estén urbanizadas.

En el norte de Menorca las calas y playas son diferentes, quizás más salvajes y con menos turistas. Las aguas suelen ser prístinas, aunque van del azul al verde dependiendo de su fondo. También destacan por sus curiosas formaciones rocosas que invitan al snorkel.

Algunas de las calas y playas más bonitas del norte de Menorca son Cala Morell, Cala Tortuga, Cala Pilar, Cavalleria o Pregonda (en la imagen de este apartado).

Por si viajas también a Ibiza

Mahón y la Fortaleza de la Mola

Que hacer en Menorca, Mahon

Mahón por tierra, mar y aire es una belleza. Su puerto natural de 5 kilómetros de extensión es (uno de los más grandes y hermosos del mundo) nos regala unas vistas fantásticas de la capital de Menorca.

Se trata de una ciudad de cerca de 30.000 habitantes, bañada por el mar y rodeada por el parque natural de s’Albufera d’Es Grau, así que lo tiene todo.

Tiene un tamaño perfecto para pasear por su coqueto centro y disfrutar de sus restaurantes y tiendas donde puedes comprarte unas típicas abarcas menorquinas.

En la Plaza de la Constitución tienes edificios emblemáticos como el Ayuntamiento o Sa Sala, la Iglesia de Santa María y el Principal de Guardia. Muy cerquita quedan la Iglesia del Carmen y Iglesia de de la Concepción.

Otras visitas muy interesantes son el Museo de Menorca, la Calle Isabel II y sus casas señoriales, la Plaza de España donde está el edificio de la Pescadería o la Casa Mir, la Plaza del Príncipe donde está la Casa Soler o el Teatro Principal.

No obstante, el edificio que se suele llevar todas las miradas es la Fortaleza de la Mola o Isabel II. Emplazada en la península de La Mola encontramos una poderosa fortificación del siglo XIX en un magnífico estado de conservación y que a su vez es el punto más oriental de España.

Ciutadella de Menorca

Que hacer en Menorca, Ciutadella

Ciutadella es la antigua capital de la isla y el segundo núcleo más poblado. Es uno de los lugares de interés de Menorca más bellos por su precioso puerto, palacios y callejuelas empedradas que están dedicadas a los antiguos patrones de los gremios medievales.

La historia rezuma por los poros de las piedras de sus calles o su catedral engalanada con gárgolas.

También es interesante por su casco histórico repleto de tiendas y restaurantes o la Plaça des Born donde montan un mercadillo con productos artesanales. Se recorre muy fácil a pie y puedes descubrir monumentos muy interesantes como el Teatro d’Es Born, el Palau Salort, el Palacio de Torresaura, el Claustro de San Agustín o numerosas casas señoriales.

Ciutadella es un buen lugar donde alojarse, ya que cerca están algunas de las playas más bellas de Menorca y lugares como la Naveta des Tudons.

Camí de Cavalls

Que ver en Menorca, Cami de Cavalls

No es una tontería decir que el Camí de Cavalls es uno de los signos de identidad de Menorca y una de las formas más interesantes de descubrir la isla. Fue el rey Jaime II en que a sus caballeros a tener listo un caballo armado para defender Menorca y el Camí de Cavalls fue fruto de aquella orden real.

Actualmente es un sendero que rodea toda la isla y recorrerlo (entero o parcialmente) es una verdadera gozada, además de ser una de las rutas GR más espectaculares de España.

Tiene un total de 20 tramos que empiezan y terminan en Mahón dando toda la vuelta a Menorca en un entorno natural de gran valor y riqueza. Te recomendamos que al menos hagas una etapa en tu primer viaje a Menorca. Tienes toda la info en la web oficial de Camí de Cavalls.

Binibeca Vell, Fornells y otros ‘pueblos’ encantadores

Que ver en Menorca, Binibeca Vell

Menorca es un destino donde hacer turismo poco masificado. La isla tiene una población de 96.000 habitantes, aunque la mayoría se concentran en Mahón y Ciutadella. Además de estas dos ciudades existen otros seis pueblos: Alaior, Ferreries, Es Mercadal, Es Castell, Sant Lluís y Es Migjorn Gran.

Sin embargo, también existen núcleos urbanos o incluso urbanizaciones que merecen una visita por su peculiaridad.

En nuestro segundo viaje a Menorca (a finales de septiembre) nos decidimos a visitar Binibeca Vell, una urbanización que pertenece a Sant Lluís que reproduce a la perfección como eran los antiguos pueblos de pescadores.

Todo encalado en blanco, este lugar que mira al mar te invita a perderte por sus callejuelas. Recuerda que es un lugar de descanso así que no molestes a los vecinos.

Que hacer en Menorca, Torre de Fornells

Otro de los pueblos más bonitos de Menorca (aunque en realidad pertenece a Es Mercadal) es Fornells. Famoso por su caldereta de langosta, Fornells está enclavado en una preciosa bahía donde los pescadores locales se resguardaban de la tramontana.

Además de su preciosa torre (donde otear la costa norte de Menorca) tienes que pasear por sus callejuelas encaladas y su tranquilo paseo marítimo. Tiene muchísimas calitas para relajarte.

Los faros más bellos de Menorca

Que ver en Menorca, Faro de Favaritx

Los faros de Menorca son una de las imágenes más anheladas de la isla. A los que vivimos cerca del mar es una escenas que más nos relajan, pues pensamos en ellos como protectores de los marineros y guardianes del mar.

En la isla de Menorca hay hasta 7 faros que merecen una visita, aunque quizás el más popular de todos es el de Favàritx (en el noreste de la isla) con su peculiar franja helicoidal negra y una altura de 28 metros.

Otro de nuestros favoritos es el Faro de Artrutx, emplazado a sólo 7 kilómetros de Ciutadella y que destaca por su preciosa torre de franjas blancas y negras y sus puestas de sol.

También es muy interesante la visita al Faro de Cavalleria, que es el más septentrional de Menorca y con una torre blanca emplazada a más de 90 metros sobre el nivel del mar. Los acantilados que lo rodean son realmente salvajes. Otros faros de Menorca son: Mahón–Sant Carles, Isla del Aire, Sa Farola y Punta Natí.

Monte Toro, las mejores vistas panorámicas de Menorca

Que ver en Menorca, vistas desde el Monte Toro

Uno de los mejores lugares para comprobar que Menorca es una ínsula verde (gracias al color del pino mediterráneo y los olivos silvestres) es subiendo al Monte Toro. Sus 357 metros de altitud lo convierten en el punto más alto de la isla, y aunque no sea una altura considerable nos regala una visión del 95% de Menorca.

Fue uno de los lugares que más nos sorprendió en nuestro segundo viaje a Menorca ya que las panorámicas de Menorca son impresionantes, especialmente en un día despejado. Además de los miradores, puedes visitar el santuario de la Mare de Déu del Toro, donde todavía habita una comunidad de monjas franciscanas.

La Naveta des Tudons y la Ruta Talayótica de Menorca

Que ver en Menorca, Naveta des Tudons
Foto Viajablog.

Por su estratégica posición Menorca ha sido una isla muy codiciada por distintas civilizaciones a lo largo de la historia. Los primeros vestigios de presencia humana datan del año 2100 a. C. aunque los distintos pueblos que han poblado Menorca han ido dejando un legado único.

Uno de los más emblemáticos y autóctonos son las navetas, construcciones funerarias colectivas, que daban cabida hasta cien individuos inhumados junto a sus ajuares.

La más icónica de Menorca- y que no te puedes perder en tu visita a la isla- es la conocida como Naveta des Tudons (emplazada cerca de Ciutadella) con restos del siglo IX a.C.

Otros lugares de interés de la denominada ‘Ruta Talayótica’ son la Necrópolis de Calescoves, el Poblado talayótico de Trepucó, el Poblado talayótico de Torre d’en Galmés, el Poblado talayótico de Torretrencada, el Poblado talayótico de Talatí de Dalt, las Navetas de Rafal Rubí o el Poblado de naviformes de Son Mercer de Baix.

Cova d’en Xoroi

Que ver en Menorca, Cova d’en Xoroi

A menos de 20 minutos de Mahón en coche se encuentra otro de los lugares turísticos de Menorca más conocidos. Se trata de la preciosa Cova d’en Xoroi, un fantástico espacio natural situado justo sobre un precioso acantilado.

Este emplazamiento de lujo lo convierte en uno de los miradores más especiales para contemplar el amanecer o la puesta del sol… y si es con musiquita mucho mejor.

Actualmente es cafetería de día y club musical de noche, así que además del atractivo natural cuenta con un programa de ocio de lo más variopinto y especial.

El lugar es muy popular así que poneos guapos y llegad con bastante tiempo de antelación. Consulta horarios, precios y espectáculos en la web oficial de la Cova d’en Xoroi.

Caldereta de langosta y otras delicias gastronómicas de Menorca

Que ver en Menorca, Caldereta
Foto de Chavetas.

No hace falta ser un experto culinario, estamos convencidos de que conoces sobradamente una salsa nacida en Menorca y que es una de las más conocidas del mundo. Sus ingredientes son huevo, aceite y sal y su nombre es salsa mahonesa o mayonesa, un nombre quizás más conocido y que los franceses se apropiaron.

Pero más allá de la salsa mahonesa o el queso mahonés (también muy popular) en la isla de Menorca podrás degustar embutidos, queso, vino bajo el sello de calidad ‘Vino de la Tierra Isla de Menorca’, espectaculares pescados y mariscos o dulces.

Mención especial merece su afamada caldereta de langosta que podéis degustar en toda la isla pero que nosotros probamos en Ciutadella y Fornells donde cuentan que está el origen de esta receta. Ese sabor es de los que no se olvida nunca. Otro plato que nos encantó (y que es muy sencillo de elaborar) es la berenjena rellena a la menorquina.

Para los amantes de los espirituosos (siempre con moderación) no os podéis ir de Menorca sin probar el Gin Xoriger de Mahón. En verano se suele beber con limón y es conocido como una ‘pomada‘. Ojito que esta bebida es muy refrescante y entra de maravilla.

Que hacer en Menorca, Cala Macarella y barcos

¿Te han gustado nuestras recomendaciones sobre qué ver en Menorca la primera vez? ¿Nos recomiendas más experiencias imprescindibles que hacer en Menorca? Cuéntanoslo en los comentarios.

La entrada 10 lugares imprescindibles que ver en Menorca en tu primer viaje apareció primero en El Pachinko.

via Pau García Solbes https://ift.tt/3sUrt8y

martes, 6 de abril de 2021

Pachinko. Diez lugares que ver en Seúl que nos encantaron

Si has llegado a este post buscando los lugares imprescindibles que ver en Seúl es porque Asia también te tira mucho. Para nosotros es uno de los continentes más adictivos que existen (además de ser nuestro favorito).

No sabemos si es por la fiebre del K-Pop o por cineastas como Bong Joon-ho (y sus Parásitos), Chan-Wook Park y Kim Ki-duk pero los viajes a Corea están cada vez más de moda entre aquellos viajeros que posan su mirada e intereses hacia el lejano oriente.

Corea del Sur se ha convertido en una alternativa muy interesante a clásicos cómo China y Japón y el Hallyu tiene mucho que ver en ello. Si estás planeando una parada en la capital coreana vamos a recomendarte 10 planes que hacer en Seúl en 2 ó 3 días.

Lugares imprescindibles que visitar en Seúl

Fotos de Seul en Corea del Sur, Palacio Changdeokgung

La ciudad de Seúl no está tan explotada turísticamente como Tokio o Shanghái, aunque es igualmente fascinante. Al principio es habitual sentirse un poco desorientado por el caos y los carteles escritos en alfabeto hangul.

No obstante, la amabilidad de su gente, sus espectaculares palacios y edificios tradicionales, una agitada y siempre sorprendente agenda cultural y pulmones para pasear como el arroyo Cheonggyecheon te irán cautivando poco a poco.

Seúl es una ciudad vibrante en la que viven más de 10 millones de personas y cuya área metropolitana alcanza la impresionante cifra de 25 millones de habitantes.

Para facilitarte un poco la aventura de descubrir la capital de Corea del Sur hemos querido recomendarte diez lugares que ver en Seúl que nos encantaron. ¡Empezamos!

Para ayudarte con tu viaje, no te pierdas nuestras recomendaciones sobre qué ver en Corea del Sur.

Los palacios reales de Gyeongbokgung, Changdeokgung y Changgyeonggung

Fotos de Seúl en Corea, Palacio Gyeongbokgung coreanas vestidos tradicionales

Los primeros lugares de interés de Seúl estarían vinculados con aprender un poco del glorioso pasado coreano. Para ello visitaríamos sus impresionantes palacios reales. De los cinco, nosotros visitamos los más importantes: Gyeongbokgung, Changdeokgung y Changgyeonggung.

Para llegar hasta los palacios debes salir por la salida 5 de la parada Gyeongbokgung de la línea 3 del metro de Seúl. Aunque están próximos entre sí, te recomendamos que no te pegues el atracón de ver los tres palacios seguidos, porque al final es difícil apreciar las diferencias y puedes acabar un poco saturado.

Palacio Gyeongbokgung

Teo viendo un castillo en el Palacio Gyeongbokgung de Seúl

El Palacio Gyeongbokgung de Seúl fue construido a finales del siglo XIV por Lee Seong-Gye, el rey Taejo, y desde entonces fue el palacio principal de los reyes de la Dinastía Joseon.

A pesar de que han pasado más de 600 años y una parte del complejo fue destruida por los japoneses, nos lo encontramos en un estado de conservación formidable.

Palacio Changdeokgung y el jardín Huwon

Jardin Huwon de Seul

Por su parte, el Palacio Changdeokgung también está perfectamente conservado, diríamos que incluso más que su hermano más célebre.

Además, no estaba tan masificado como el Palacio Gyeongbokgung, aunque los grupos de escolares reían, jugaban y aprendían por doquier. Uno de los principales atractivos de éste complejo es visitar el jardín Huwon.

Palacio Changgyeonggung

Tejado del Palacio Changgyeonggung de Seúl

Por su parte, el Palacio Changgyeonggung es hermoso y, en cierto modo, distinto a los dos primeros.

Data del siglo XV y se diferencia de los otros en que su puerta principal y el trono están orientados hacia el este en vez de hacia el sur. Originalmente fue un regalo del rey Sejong a su padre, aunque fue utilizado por reinas y concubinas de la corte coreana.

El santuario Jongmyo

El Santuario Jongmyo de Seúl

Cerca de los palacios reales está el santuario Jongmyo, que es uno de los tesoros más importantes de Corea y un lugar para dar paseos rodeado de jardines y árboles.

Se trata de uno de los lugares de adoración más importantes y sagrados de la Dinastía Joseon. Allí se consagran las lápidas espirituales de reyes y reinas de la antigua Corea. Este solemne legado ha sido fundamental para que la UNESCO lo declarara en 2001 Patrimonio Mundial.

Esta trascendencia se pone de manifiesto cada 1 de mayo con la celebración del Jongmyo Daeje. Se trata de un rito real ancestral declarado Patrimonio Inmaterial por la Unesco. Unas 1.200 personas intervienen en este gran desfile por Seúl que sirve para rendir tributo a los reyes y reinas del período Joseon.

Esta especie de procesión está acompañada por una música ritual real ancestral interpretada con instrumentos tradicionales y animada con cantos y bailes únicos.

Insa-dong, una animadísima calle peatonal de Seúl

Máscaras coreanas en Insa-dong

Uno de los lugares turísticos de Seúl imprescindibles es zona de Insa-dong y sus callejuelas laberínticas. Este rincón está repleto de tiendas y opciones de ocio, así como de puestos callejeros y galerías de arte muy interesantes. Un buen lugar para tomarle el pulso a la ciudad, sin duda.

En Insa-dong la gente va a gastar miles de wones en las galerías comerciales, los restaurantes, las casas de té, las cafeterías y los puestos callejeros.

Parece que los 50 millones de coreanos hayan decidido reunirse en un punto de Seúl, pero el ambiente es sensacional. Si logras vencer el agobio inicial es un lugar fantástico, donde realmente late el corazón de la ciudad.

El templo Jogyesa

Farolillos en el templo Jogyesa de Seúl

El templo Jogyesa es el núcleo del budismo Zen en Corea y su altar es uno de los más sagrados para los budistas coreanos. Un lugar pequeño, muy colorido y tranquilo.

Jogyesa no es de los templos más bonitos, pero sí de los más populares del país. Además del tema religioso, es popular porque está emplazado cerca de algunos de los lugares turísticos más importantes de Seúl entre los que se encuentran la bulliciosa Insa-dong, el palacio Gyeongbokgung o el Museo Nacional de Corea.

Relax en el arroyo Cheonggyecheon

Fotos de Seul en Corea del Sur, arroyo Cheonggyecheon de noche

Estamos seguros de que todas la grandes ciudades del mundo necesitan una válvula de escape. Un lugar tranquilo donde charlar con los amigos, un decorado romántico donde intentar seducir a una mujer, una calle donde poder pasear en familia y olvidarte de las tensiones del día, contrarrestar el acelerado ritmo de vida de una metrópolis.

En Seúl ese rincón es el arroyo Cheonggyecheon. Cerca está la peculiar torre Jongno, el Tapgol Park y la campana Bosingak.

El barrio de Gangnam (sí el del Gangnam Style)

El templo Bongeunsa de Seúl en Gangnam

Si quieres saber dónde se originó el popular hit de PSY, podéis desplazaros hacia Gangnam. Además de enormes centros comerciales, es un cóctel de edificios vanguardistas, gente guapa que viste a la última, aderezado con un poco de taekwondo, uno de los deportes más populares de Corea.

No obstante, si quieres tranquilidad en Gangnam también tienes el templo Bongeunsa, un remanso de paz en mitad de la vorágine de la metrópolis.

La aldea tradicional coreana de Namsangol

Edificio y jarrones coreanos en la aldea Namsangol de Seúl

Si viajas con niños, la aldea tradicional coreana de Namsangol les encantará. Un espacio al aire libre con casas tradicionales de estilo hanok y muchos planes divertidos para pasarlo en grande.

Este lugar está ubicado en las faldas del monte Namsan. Se puede llegar hasta allí en metro, parando en la estación de Chungmuro, aunque nosotros fuimos en taxi, porque son muy baratos.

La aldea tradicional coreana de Namsangol es uno de los pocos sitios de Seúl donde puedes ver una especie de pueblo tradicional con muchos edificios de estilo hanok restaurados, un pabellón, un estanque y hasta una cápsula del tiempo.

Al estar en la montaña se pueden ver los rascacielos de la metrópolis y el contraste resulta cuanto menos curioso.

N Seoul Tower, el icono de Seúl

Fotos de Seul en Corea del Sur, N Seoul Tower de noche

Para los que les gusten las buenas vistas, su lugar es la N Seoul Tower, uno de los grandes iconos de la ciudad con sus 236,7 metros de altitud a los que debes sumar los del monte Namsan.

A nosotros nos recuerda a Torrespaña, el célebre Pirulí de Madrid. Esta semblanza no es muy descabellada ya que las dos torres son coetáneas y tienen más o menos la misma altura aunque las separan más de 10.000 kilómetros.

Esta antigua torre de comunicación fue abierta al público en 1980, aunque en 2005 sufrió una importante renovación para convertirla en uno de los lugares turísticos más importantes de Seúl. Pese a que no nos cautivó su aspecto exterior, sí lo hizo el gran ambiente familiar que había en sus inmediaciones.

Entrada a la N Seoul Tower sin colas

Estadio Olímpico de Seúl

El Estadio Olímpico de Seúl

A los nostálgicos y aficionados al deporte les recomendaría echar un vistazo al vetusto Estadio Olímpico de Seúl donde Ben Johnson y Carl Lewis se batieron en un duelo desigual por el dopaje.

La sensación que nos transmitió al verlo fue de cierto abandono. No es que se esté cayendo a trozos, ni mucho menos, pero un espacio deportivo tan grande sin gente se ve un poco desangelado. Se notaba que el paso del tiempo le había restado mucho protagonismo.

En la actualidad el Estadio Olímpico de Seúl forma parte del Complejo Deportivo de Jamsil y allí fue donde vimos a un grupo de niños jugando con mucho ímpetu al béisbol. Este deporte goza de muchísima popularidad en Corea, algo que pudimos comprobar con nuestros propios ojos.

Compras en Dongdaemun o Myeong-dong

Fotos de Seul en Corea del Sur, Myeong-dong

Si quieres hacer algunas compras puedes ir al mercado de Dongdaemun o la zona de Myeong-dong.

El primero es un distrito repleto de centros comerciales (tiene hasta 26), 30.000 tiendas de todo tipo, pero también de mercados tradicionales coreanos repartidos en 10 manzanas. Puedes llegar en el metro en la parada Dongdaemun.

La otra gran zona comercial de Seúl es Myeong-dong. Aquí verás tiendas de las marcas internacionales más prestigiosas, pero también tiendas especializadas, librerías y, por supuesto, puestos callejeros donde degustar comida coreana tradicional. En esta zona también puedes visitar la catedral de Myeong-dong.

Guía para preparar tu visita turística a Seúl

Ahora que ya conoces los sitios más importantes para visitar en Seúl, vamos a darte buenos consejos para preparar tu visita turística a la capital de Corea del Sur.

¿Cómo llegar a Seúl?

Avion de KLM

Primera perogrullada, la forma más rápida de llegar a este destino del lejano oriente es a bordo de un avión. La última vez que viajamos a Seúl lo hicimos con la aerolínea KLM, sin duda, una de las formas más cómodas, rápidas y eficientes de llegar hasta Corea del Sur.

Se trata de una de nuestras compañías aéreas favoritas para viajar a Asia, ya que al salir desde Alicante nos ahorramos una o varias escalas. Eso significa, además, mucho tiempo y dinero lo cual se agradece cuando viajas con niños.

Esta vez las buenas conexiones y conectividad de KLM entre España y Amsterdam y luego entre la capital holandesa y Corea hicieron que nuestro viaje a Seúl durara poco más de 16 horas incluyendo el tiempo que esperamos cómodamente en el aeropuerto de Schiphol.

Una vez estés en el espectacular Aeropuerto Internacional de Incheon diseñado por Curtis W. Fentress, hay varias formas de llegar hasta Seúl.

La más sencilla es el tren Airport Express (AREX) que circula entre las 5 de la madrugada y la medianoche. El trayecto dura unos 45 minutos hasta la estación central de Seúl. Es la opción que utilizamos nosotros a la vuelta.

Limousine bus del aeropuerto de Incheon a Seúl

A la ida empleamos el servicio de autobuses que hay nada más salir de la terminal. El motivo por el que escogimos esta opción fue porque había una línea de bus con una parada justo en la puerta de nuestro hotel y al ir con un niño pequeño pensamos que era lo más cómodo.

Puedes utilizar el planificador de los KAL limousine bus para calcular tarifas y ver los horarios, aunque dependiendo del tráfico es bastante más lento que el Airport Express.

También hay autobuses nocturnos, alquiler de furgonetas privadas o taxis que aunque son más baratos que en Europa desaconsejamos por la distancia y el caótico tráfico de la capital coreana.

¿Cuántos días me recomiendas estar en Seúl?

Fotos de Seúl en Corea, guardias en Palacio Gyeongbokgung

Como siempre dependerá del tiempo del que disponga cada viajero. Llegar hasta Corea del Sur no es precisamente sencillo, ni barato. Si sólo tienes previsto estar quince días en este destino, lo ideal es dedicarle un mínimo de cinco días a Seúl, incluso una semana entera si te fascinan las metrópolis.

En nuestro caso sólo estuvimos diez días en Corea (aprovechando unas vacaciones de Semana Santa), de los cuáles estuvimos cuatro y medio en Seúl.

La sensación con la que nos quedamos es de haber disfrutado sólo de lo más básico, un aperitivo delicioso del que nos hubiera gustado saborear mucho más, así que si te gustan las grandes ciudades intenta dedicarle todo el tiempo que puedas a la capital coreana.

¿Es cara la vida en Seúl?

Motivo decorativo en el templo Jogyesa de Seúl

En el tema de los precios hay cosas que nos sorprendieron muy gratamente, como por ejemplo la gastronomía o los taxis que son mucho más baratos de lo que podemos encontrar en Europa. En temas de alojamiento y ocio hay de todo, los precios pueden ser similares a los que tenemos aquí, al igual que sucede con la ropa o la tecnología.

Al ser la capital del país, los precios son más elevados en Seúl que en otras ciudades. A excepción del alojamiento (en lo que fuimos un tanto exquisitos) no tuvimos la sensación de que la vida en Corea fuera más cara que en Europa, aunque no es tan económico como otros países de Asia.

¿Qué comer en Seúl?

Qué comer en Seúl, el pajeon

Nuestra experiencia previa con la gastronomía coreana era casi testimonial y eso fue una gran ventaja a la hora de ir de sorpresa en sorpresa. Nosotros somos de buen comer y los precios baratos y el exotismo de los platos nos hizo lanzarnos muchas veces a la piscina con resultados algo dispares.

Normalmente pides un plato principal que se acompaña de muchísimos pequeños platos, así que de una sola tacada puedes experimentar muchos sabores, incluido el típico kimchi.

Hay restaurantes de comida coreana, puestos callejeros en algunos barrios y cocina internacional para los menos atrevidos.

Quizá el exceso de osadía nos llevó a encontrarnos con el bibimbap de pulpo, al que calificamos como el plato más picante del mundo. Mención especial merece el bulgogi de ternera que es excelente o el pescado crudo que es de una calidad excepcional y se puede encontrar a muy buen precio.

¿Restaurantes de carne de perro? No probamos, pero haberlos haylos.

¿Dónde alojarse en Seúl?

Seúl desde la ventana de The Plaza

En una ciudad de más de diez millones de habitantes lógicamente hay alojamientos de todos los precios y para todos los gustos.

Como en el resto del viaje habíamos escogido lugares más modestos para dormir, en Seúl tiramos la casa por la ventana. Nos alojamos en un hotel de lujo llamado The Plaza Hotel Seoul, muy bien situado y con todas las comodidades que te puedas imaginar. Con un niño de dos años no nos la queríamos jugar.

Estaba ubicado junto a la plaza del ayuntamiento y desde allí nos pudimos desplazar a pie a visitar muchos atractivos de la ciudad. La habitación era muy vanguardista y las vistas desde la estancia magníficas pese a la poca calidad de la imagen que tomamos con un móvil de hace muchos años.

Aquí puedes buscar los mejores hoteles para tu estancia en Seúl.

¿Qué lugares te quedaste con ganas de ver en Seúl?

Torre Jongno de Seúl

En 2, 3 ó 4 días en Seúl es imposible ver todo. Nos quedamos con muchas ganas de pasear por la zona universitaria de Hongdae o subirnos al 63 city para ver las vistas panorámicas de la ciudad desde otra perspectiva.

Además, nos hubiera encantado tener más tiempo para indagar sobre la historia del país en el Museo Nacional de Corea, visitar la Antigua Prisión de Seodaemun o viajar hasta la zona desmilitarizada (DMZ) y el área de seguridad compartida entre las dos Coreas o JSA. No obstante, lo que más echamos en falta fue tener más tiempo libre para descubrir la ciudad sin prisas.

¿Cómo moverte por Seúl?

Metro de Seúl

Lo mejor y más rápido es moverse con la extensa y eficiente red de metros de Seúl. Cubren buena parte de los puntos interesantes de la capital coreana.

Otra opción más que recomendable son los taxis, ya que no son demasiado caros y te pueden sacar de un apuro cuando haces viajes con niños o vas más cargado de la cuenta.

Nosotros nunca viajamos sin seguro de viaje

Pájaro en el Palacio Gyeongbokgung de Seúl

Nosotros nunca viajamos sin seguro de viaje… y menos cuando vienen los peques. Siempre es conveniente estar protegido por lo que pueda pasar y más en un destino donde la asistencia médica es tan cara.

Te recomendamos viajar a Corea del Sur con una póliza que te cubra en destino posibles accidentes, hospitalizaciones por enfermedad o contratiempos que puedan suponer un sobrecoste en tu presupuesto de viaje (ten en cuenta que la hospitalización o atención médica en Corea del Sur es extremadamente cara).

Nosotros utilizamos el seguro de viaje de IATI Seguros porque tiene una cobertura superior a la media y ofrecen siempre un trato personalizado y rápido. Puedes contratar aquí el Seguro de viaje de IATI Seguros y sólo por ser lector de el Pachinko te aplican directamente un 5% de descuento.

¿Te han gustado nuestras recomendaciones sobre sitios qué ver en Seúl? ¿Nos recomiendas alguno de tus planes que hacer en Seúl? Cuéntanoslo en los comentarios.

La entrada Diez lugares que ver en Seúl que nos encantaron apareció primero en El Pachinko.

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lunes, 5 de abril de 2021

Pachinko. Te contamos 5 planes que hacer en Lugo en un día

Si estás buscando sitios que ver en Lugo, debes saber que de esta ciudad de Galicia me enamoré por el paladar. La culpa la tiene la sobresaliente ruta de tapas que puedes hacer por sus bares y restaurantes, aunque entre bocado y bocado todavía tuve tiempo de descubrir una urbe plagada de agradables sorpresas.

Supongo que muchos de los peregrinos que han hecho la Ruta Primitiva del Camino de Santiago desde el siglo VIII se quedarían tan embobados como yo mientras divisaban la imponente muralla romana que protege su casco antiguo. Esta fortificación es una de sus señas de identidad aunque no el único tesoro que esconde la ciudad. Vamos a recomendarte 5 planes que hacer en Lugo en un día.

Lugares imprescindibles que visitar en Lugo

Fotos de Lugo, estatuas romanas

Quizá fueran los godellos, el pulpo a feira o el solecito tan espléndido que había aquella mañana de domingo, pero de Lugo me fui con la impresión de que es una urbe con una excelente calidad de vida, con muchas zonas peatonales para disfrutar de la compañía de familias y amigos y lugares de interés capaces de seducir a viajeros despistados como yo.

Un viaje a Galicia se merece todo el tiempo del mundo, pero si desgraciadamente te pasa como a mí y vas con prisas en tu visita a la antigua Lucus Augusti te contamos a continuación qué ver en Lugo en un día.

Visita y paseo por la muralla romana de Lugo

Fotos de Lugo, exterior de la Muralla Romana

Declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 2.000, la muralla romana de Lugo es una joya única en el mundo que ha marcado la fisonomía de la ciudad desde que se erigiera en la segunda mitad del siglo III por los arquitectos romanos. Te pasará como a mí, que me quedé prendado de este monumento al instante.

La muralla romana de Lugo tiene 2,2 kilómetros y 71 torreones, siendo la única del planeta que conserva todo su perímetro desde su origen. Para atravesarla, los lucenses y visitantes tienen 10 magnificas puertas, de las que 5 son todavía originales. Esta maravilla es tan especial que está hermanada con la Gran Muralla China. ¡Casi nada!

Fotos de Lugo, Muralla romana

Lo que más me gustó de la muralla romana de Lugo es que está completamente fusionada con la ciudad y los lucenses y viajeros puede recorrerla a pie en lo que se ha convertido en un paseo espectacular para descubrir «La Muy Noble y Leal Ciudad».

Pese haber aguantado la embestida de muchos ataques a lo largo de los siglos, estuvo a punto de echarse abajo en el siglo XX, aunque afortunadamente se optó por conservarla e integrarla con el crecimiento de la urbe.

Otros lugares turísticos que ver en Lugo de la época de los romanos son el precioso puente romano o puente viejo y las termas romanas con restos del antiguo balneario romano situado a orillas del río Miño.

La Catedral de Santa María de Lugo

Fotos de Lugo, Catedral de Santa María

Seas o no católico la Catedral de Santa María de Lugo merece una visita por su espectacularidad y algunas de sus peculiaridades. Su importancia data de la Edad Media, cuando se le concedió el privilegio de exponer la Sagrada Forma las 24 horas del día 365 días del año lo cual llenó la ciudad de muchos peregrinos.

Aunque es de origen románico, tiene elementos góticos, renacentistas y neoclasicistas. Está dedicada a la Virgen de los Ojos Grandes y tiene algunos elementos muy singulares como el capitel pinjante de la puerta norte donde se representa la Última Cena.

Un templo dedicado al Dios Mitra en Lugo

Fotos de Lugo, interior Templo de Mitra

Justo frente a la Catedral de Santa María en el edificio de la vicerrectoría de coordinación del campus de Lugo hay «oculto» un templo dedicado al Dios Mitra, una verdadera rareza, ya que es el más occidental de su estilo que se ha encontrado en todo el mundo.

El Dios Mitra es de origen persa, pero los romanos, especialmente los soldados, le profesaron una ferviente adoración que dio origen al culto del mitraísmo.

Además del altar dedicado a este Dios ancestral, en este templo se puede observar claramente como era la domus romana que había en la actual plaza de Pío XII de Lugo. Sinceramente merece mucho la pena visitar este tesoro oculto frente a la catedral de Lugo.

Museo Provincial de Lugo

Fotos del Lugo, Claustro Convento de San Francisco

Dando un paseo muy agradable se llega a la Praza da Soidade donde está ubicado el Museo Provincial de Lugo. El edificio por fuera es realmente precioso, pero en el interior esconde el claustro del antiguo Convento de San Francisco que es espectacular.

Sólo por el continente merece una parada, aunque el contenido siempre es interesante gracias a sus exposiciones fijas y a las muestras itinerantes que suele acoger. También se conserva un fascinante mosaico romano en uno de sus patios interiores.

Paseo por casco antiguo… e para comer Lugo

Fotos de Lugo, pulpo a feira

Por si todos los anteriores elementos no te parecen suficientes, el casco antiguo de Lugo me parece una joya repleta de detalles que merecen ser descubiertos con un tranquilo paseo. Hay muchas zonas peatonales, plazas y jardines donde pasar una mañana o una tarde muy agradable.

Eso sí, no te puedes ir de Lugo sin probar su gastronomía. La ciudad está colmada de bares y restaurantes que te ofrecen auténticos manjares y que dotan a la ciudad de un ambiente callejero muy acogedor.

El colmo sería visitar la ciudad durante las Fiestas de San Froilán y degustar el mejor pulpo que puedes probar en España… eso son palabras mayores. Por si quieres ir a lo seguro, no te pierdas esta ruta de tapas por Lugo.

Fotos de Lugo, paseando por la Muralla Romana

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via Pau García Solbes https://ift.tt/2R3cATf

sábado, 3 de abril de 2021

Viajes. Antártida indómita: una nueva era de exploración

El estruendo fuera de la tienda de campaña se parece más a un terremoto que al viento. Me acurruco de forma instintiva y me entierro aún más en el saco de dormir. No es la primera vez que me enfrento a vientos aterradores: el rugido nocturno de una corriente de aire en chorro en el Himalaya, el inquietante aullido de una tempestad en la Patagonia… Esto es peor.

El suelo tiembla cuando la siguiente ráfaga se abalanza sobre mí. He fijado la tienda con cuerdas y piquetas entre dos rocas en medio de un desolado paraje del macizo Wohlthat de la Antártida. Mis tres compañeros de equipo están agazapados cerca de aquí. Ochenta kilómetros al sur está el límite de la meseta polar, la inmensa extensión helada que domina el interior del continente. En este territorio se combinan la geografía y la gravedad para desatar los potentes vientos catabáticos: densas ráfagas de aire frío que descienden a toda velocidad por los glaciares como avalanchas rodando hacia el mar.

Se produce la siguiente embestida. Las varillas de la tienda se curvan hacia dentro y la lona se hunde sobre mi saco de dormir. Durante unos segundos percibo la percusión repetitiva, como una ametralladora, que producen las costuras al rasgarse. De repente estoy girando, volando por los aires, y caigo boca abajo. Aunque sigo dentro de la tienda, el viento huracanado me levanta otra vez y me arroja contra el tosco muro de roca que me había fabricado como protección, y después me hace volar por encima del mismo. Los libros, el equipo fotográfico y los calcetines sucios vuelan en un torbellino incontrolable. El plumón empieza a salir del saco de dormir.

Noto un doloroso hormigueo en el cuello y el hombro. Me arrastro hacia un trozo desgarrado de la tienda, agarro la lona y tiro para hacer más grande la abertura. La arena y la nieve se me meten en los ojos cuando saco la cabeza y grito en medio del escandaloso caos: «¡Socorro!».

Venir a la Antártida fue idea de Mike Libecki. Este surfero y experimentado aventurero californiano de 40 años ha realizado decenas de primeros ascensos por todo el mundo. Alto, de voz pausada y con una sonrisa maliciosa, desprende una energía positiva inagotable. «Ya he estado aquí otras veces –dijo, refiriéndose a la región conocida como Tierra de la Reina Maud, donde solo los científicos suelen aventurarse–. Tengo las llaves del castillo.»

Libecki reclutó a un par de curtidos fotógrafos que también son escaladores para que nos acompañaran: Keith Ladzinski y Cory Richards.Nuestro objetivo consistía en localizar la mayor concentración de picos sin coronar en la región, y después hacer tantos primeros ascensos como nos atreviéramos.

Empezamos el viaje a principios de noviembre, tras aterrizar en una pista de hielo cerca de la base rusa Novolazarevskaya. «La última vez que vine estuve pelando patatas en la cocina para pagarme el viaje», cuenta Libecki al recordar su visita de ocho años atrás. El jefe de la base nos recibe con un brindis. Pese al aspecto industrial de la insta­lación, se respira un aire de felicidad y camaradería entre todos los que trabajan allí. «Aquí no hay heridos graves, ni accidentes de coche, ni balas», comenta Benjamin Novikov mientras tomamos una taza de té en el comedor. Novikov, cirujano jubilado de San Petersburgo, es el médico de la base. «Somos autosuficientes, nos enfrentamos a los elementos y todos nos comportamos como es debido. Les decimos a nuestras familias que venimos porque pagan bien. Pero en realidad, venimos para escapar.»

«Somos autosuficientes, nos enfrentamos a los elementos y todos nos comportamos como es debido. Les decimos a nuestras familias que venimos porque pagan bien. Pero en realidad, venimos para escapar.»

Durante cinco días pasamos el rato viendo cómo una tormenta azota la base. Por fin, el sexto día cargamos el equipo en un avión DC-3 adaptado. Una vez en el aire, los cuatro que vamos a bordo nos apelotonamos en la cabina del avión para mirar por las ventanillas. Una oscura franja de rocas se extiende en el horizonte. Conforme nos acercamos, lo que al principio parecía una pared monolítica resulta ser una serie de cadenas montañosas que dividen los glaciares que fluyen desde la meseta polar. Ante nosotros aparecen acantilados de vértigo y torres afiladas como agujas. Junto al ala izquierda del avión veo un diente de roca que se eleva. Me resulta familiar: es la misma aguja que Libecki fotografió hace unos años. Hemos llegado a nuestro destino.

Una hora después estamos sobre el glaciar mirando cómo el avión despega. Su zumbido se desvanece en la distancia. Durante las cinco se­­manas siguientes nuestro único vínculo con la civilización será nuestro teléfono por satélite. Nos ponemos manos a la obra: con palas y sierras empezamos a construir un campamento a partir de bloques de nieve compacta. Al caer la tarde hemos logrado levantar una barrera circular de 1,50 metros de alto y 10 de diámetro. Una línea difusa de nubes bajas aparece en el cielo mientras nos preparamos para pasar la noche.

El día siguiente por la tarde el viento nos da otra lección. Con el fin de recorrer la mayor distancia posible, Libecki ha traído unas cometas de tracción para impulsar los esquís. Pero cuando partimos para inspeccionar los picos más prometedores, las ráfagas de viento se niegan a colaborar. Observamos a Libecki, que extiende con valentía una de las cometas y la lanza al aire. En pocos segundos sale disparado campo a través como un vaquero a lomos de un caballo desbocado. Se agacha y abre las piernas para recuperar el control, pero al cabo de unos 200 metros se tira al suelo, golpeándose con la dura superficie nevada, para frenar del todo. El viento es tan fuerte que se le escapa la barra de la cometa. Por suerte, se queda enredada en un montículo de nieve y podemos recuperarla. Guardamos las cometas para otro día.

Ante nosotros hay muchos ascensos tentadores: un grupo de pirámides de roca que apodamos The Fortresses (Las Fortalezas); una pared de roca de más de 900 metros que surge del hielo, a la que bautizamos como Ship Prow (Proa de Barco); un pico que parece un faro, y otra enorme pared triangular que llamamos The Sail (La Vela). Sin embargo, cuando terminamos de explorar la zona, para lo que invertimos dos semanas, todos estamos de acuerdo en que nuestro primer objetivo debe ser la delgada aguja de piedra que hay justo detrás de nuestro Campo Base.

El pico, un inmenso diente de piedra tallado por el viento, está totalmente desnudo de nieve. Orientada al noroeste, la pared que se yergue sobre nuestro campamento presenta unos remolinos rojos y unas misteriosas hendiduras. A la izquierda, la pared este (la cara de la montaña expuesta al viento) es gris y lisa, como el casco de un portaaviones. Las dos caras convergen en un afilado pilar de roca que se proyecta hacia el norte. Intentamos calcular cuánto mide la aguja desde la base hasta la cúspide: tal vez unos 600 metros, quizá más.

A eso hemos venido, a completar un primer ascenso en esta tierra que parece de otro mundo.

Me planto junto a la base y noto un cosquilleo de nerviosismo y emoción. A eso hemos venido, a completar un primer ascenso en esta tierra que parece de otro mundo. Ya hemos tenido la primera ración de vientos catabáticos en suelo firme. ¿Qué pasará si vuelven a soplar mientras escalamos? Libecki, por supuesto, quiere empezar el ascenso inmediatamente. La estrategia es que Richards, Libecki y yo pongamos cuerdas fijas hasta una repisa situada a unas dos terceras partes de la altura de la pared, donde instalaremos un campamento, mientras Ladzinski nos fotografía desde abajo. Pero el viento nos ataca a cada paso y tardamos dos se­­manas en alcanzar ese saliente.

Nuestro nuevo hogar es una plataforma del tamaño de una pequeña terraza, a 350 metros del suelo. Una noche mientras cenamos Richards tira unas piedras por el borde del precipicio. Caen durante 20 largos segundos antes de impactar con la superficie y deshacerse en polvo, sin golpear ni una sola vez la pared vertical. «Bueno, ¿quién duerme al raso esta noche?», pregunta entre risas. En nuestra hamaca de pa­­red, un híbrido entre una tienda de campaña y un catre fijado a la roca, solo caben dos personas, así que alguien tiene que dormir fuera, arropado única­mente con un saco de dormir. La zona más llana de la repisa está a pocos centímetros del precipi­cio. Suspiro y me presto voluntario.

Durante los tres días siguientes progresamos a buen ritmo: fijamos cuerdas a lo largo de la ruta y volvemos a la repisa por la noche. Pero sabemos que estamos muy expuestos si reaparecen esos vientos terribles. En diez años de montañismo nunca había perdido una tienda por culpa de una tormenta. En esta expedición hemos perdido tres: dos enterradas en la nieve y la tercera destrozada conmigo dentro. Libecki me sacó de mi cobijo hecho jirones cuando oyó mi grito de socorro. Mientras me rescataba, se reía.

Las horas se nos escapan y Libecki nos pide que le prestemos atención. «¿Sabéis qué? Mi abuela me decía que la mejor hora es ahora. Se me quedó grabado. Le preguntábamos: “Abuela Bertha, ¿qué hora es?”. Y siempre contestaba: “¡Qué más da! ¡La hora es ahora, maldita sea!”.» Con un poco de suerte, añade, podríamos llegar a la cumbre en breve.

La mañana siguiente me toca ser el primero de cordada. Mientras subo por la cuerda hasta el lugar en que nos quedamos ayer, el desplome me deja colgando a 500 metros del suelo. Libecki va de segundo, preparado para bloquear la cuerda si me caigo. Busco los mejores puntos de sujeción con los dedos enguantados y tanteo para desplazarme con precaución por la cara vertical de la montaña. Para llegar arriba tengo que cruzar la sección más expuesta de todo el pilar.

«¡Vigílame! Esto se pone feo…», grito a Libecki mientras busco unas fisuras más prometedoras. Una repentina corriente de aire descendente pasa rozándome y tira de la cuerda que nos une. Si algo hemos aprendido es que las ráfagas re­­pentinas de vientos catabáticos pueden soplar en cualquier momento, incluso en los días más tranquilos. Reprimo mis dudas, dejo que la grieta me guíe hasta un sa­­liente y cruzo una roca lisa que parece imposible de escalar. Me acerco aún más al cielo.

La cúspide de esa aguja que más tarde bautizaremos como la Torre de Bertha es una roca con forma de seta del tamaño de una mesita de café. Me pongo de pie sobre el sombrero de la seta y distingo, a lo lejos, una mancha amarilla: mi tienda de campaña. En la dirección opuesta, Las Fortalezas brillan con un color rojo sangre a la luz del atardecer. El cielo está encapotado y sorprendentemente calmado. Todo en esta tierra virgen (los glaciares, las torres de piedra, las distancias) ha demostrado ser un reto mayor del que esperábamos. Aun así, los cuatro nos hemos enfrentado a ello en solitario.

Entonces pienso que el viento puede retenerte, pero también puede liberarte. Miro a mi alrededor una vez más y saboreo el silencio.



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